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Opinión 09 09 2020

Convocar a la cooperación constructiva antes de que sea tarde


Autor: Club Político Argentino









A pesar de las advertencias y reclamos que muchos sectores comprometidos con la vida democrática realizaron desde el comienzo de la pandemia, la Argentina parece encaminarse hacia una profunda crisis institucional que, de no revertirse a tiempo, nos conducirá a una mayor división social y degradación de la ley.

A la emergencia sanitaria, que obligó a medidas de aislamiento y parálisis de importantes sectores productivos, se le sumaron  hechos de enorme gravedad como los reiterados ataques contra la propiedad privada, el aumento del delito, aberrantes episodios de venganza por mano propia y muerte de ciudadanos por violencia estatal.

El pacto de convivencia, reglado por la Constitución Nacional y las leyes, corre serios riesgos. Necesitamos despertarnos de este letargo, deponer las mezquindades, las intrigas corporativas, las ambiciones de perpetuación.

La ausencia de diálogo franco entre los actores políticos y sociales para afrontar la dramática crisis actual es una omisión imposible de justificar. Lo dijimos y volvemos a decirlo, hoy con más preocupación y angustia: saldremos de la emergencia con más democracia, no con menos.

El Gobierno nacional tiene la obligación- y cuenta con la legitimidad necesaria para hacerlo- de convocar a protagonistas de la vida nacional (partidos políticos, centrales sindicales, sectores de la economía informal, entidades empresarias y profesionales, representantes de los cultos y religiones reconocidas, organizaciones no gubernamentales) a un diálogo constructivo. No puede en estas dramáticas circunstancias comportarse como una facción. No es una facción. Es el gobierno de todos los argentinos.

 La oposición, representada por los bloques en el Congreso Nacional y sus autoridades partidarias, debe hacer su parte: exigir, impulsar y acompañar esa convocatoria a la cooperación.

Necesitamos un plan de coincidencias mínimas para afrontar la dramática situación actual. Para concretarlo hay que postergar debates y pulseadas que, como la pretendida reforma judicial, no sólo no contemplan las prioridades que determina la emergencia, sino que siembran desconfianza y divisiones. No se puede cambiar las reglas de juego sin consensos.

 Nada atenta más contra la integridad de las instituciones democráticas que imponer una agenda basada en las urgencias del poder. Nada lesiona más al sistema representativo que degradar a la política. 

 Sepa el Presidente escuchar. Sepan los representantes del pueblo cumplir con su deber.

 Estamos a tiempo de cambiar el rumbo. Pero debemos actuar ya.

 Nadie puede permanecer indiferente, porque en el presente inmediato se juega también nuestro futuro.