El 5 de febrero de 1958, por decreto Ley 1.291, nacía el Consejo Nacional de Investigación y Técnica (CONICET), uno de los más grandes aciertos históricos de nuestro país.
Así como él, miles de sus pares han dedicado tiempo y sobre todo mucho esfuerzo para lograr que este organismo hoy sea ponderado adentro y afuera del país.
El CONICET ha sabido resistir embates políticos de toda índole y ha superado en sus propios corrillos, fuertes desavenencias internas, algo absolutamente lógico en cualquier ámbito en el que las personas que participan, pueden ser fuertes decisores sociales.
Como en otros momentos de nuestra historia, los tiempos que corren no son fáciles, y está claro que todos tenemos la responsabilidad de defender una institución que es fundamental para un país que quiere crecer con equidad.
En la actualidad, tanto la investigación como la ciencia misma, acompañada por los avances tecnológicos, constituye una herramienta fundamental para que un país en desarrollo como el nuestro se vuelva cada vez más competitivo en el mapa de las naciones.
Su rol crítico, pero también proactivo como ente de vinculación entre la ciencia, la tecnología y los sectores productivos, más que nunca es la base de la innovación y la transformación y el sustento para fortalecer y proyectar el talento de las personas e incorporar valor a nuestra producción, aumentar nuestras exportaciones y, sobre todo, generar empleo a las nuevas generaciones.
En permanente diálogo con las universidades, es un eslabón fundamental en el desarrollo nacional. Y en esta época bisagra que la humanidad transita, donde se producen transformaciones vertiginosas e impensadas hace apenas unos años, su existencia y preponderancia, junto a los ámbitos educativos, es también trascendental.
Hoy, a 68 años de la creación del CONICET, desde la Universidad Nacional de Cuyo, y particularmente desde el área de Vinculación y de Transferencia Tecnológica, queremos dejar presente el permanente compromiso con el desarrollo científico y tecnológico, y renovar el llamado al Estado, en cualquiera de sus formas, para que cumpla con su rol irreemplazable de promover ese desarrollo, en la búsqueda y generación de recursos para su continuidad y con la ponderación acorde de sus tareas.
Será ése un nuevo acierto del país, desde una generación que, como las que le antecedieron, sigue apostando a un futuro con mejor calidad de vida, emergente de la tarea de sus profesionales de la ciencia y la investigación.
Publicado en Los Andes el 5 de febrero de 2026.
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