La Scaloneta hizo tres goles en los 15 minutos finales. De estar fuera en octavos a ilusionarse con un partido inolvidable.
Decíamos después de vencer a Cabo Verde que primero hay que saber sufrir. Lo de esta ocasión fue sacarse una maestría en sufrimientos para pasar de la agonía a la alegría sin escalas. Con lágrimas de Messi y de Scaloni, que festejaron como pocas veces un pase a cuartos de final.
Faltaban poco más de 20 minutos y había que anotar dos goles. Egipto fue un rival durísimo, que hizo el primero a los 15 y el segundo al 67. Pocas veces atacaron pero cuando lo hicieron fueron letales. Defensivamente también eran disciplinados y su arquero, Mustafa, estaba en una tarde imbatible. No había manera de vencerlo. O eso parecía. Le tapó un penal a Messi, atajó varios cabezazos. El tipo era desquiciante.
La remontada la comenzó con un cabezazo de Romero, siguió con un zurdazo de Messi —cuándo no— y culminó con un testarazo de Enzo tras una contra memorable entre Paredes y Lautaro para evitar la prórroga.
Fueron 15 minutos históricos, inolvidables. Como los festejos, con Messi cargado por sus compañeros. Con lágrimas también del Dibu. Y de todo el país.
La Scaloneta no se quiere ir del Mundial. Quiere la cuarta, la segunda para Messi. Hay que saber jugar estas instancias, levantarse cuando los planes no salen, reinventarse. En eso el equipo parece infinito, como la ilusión. Porque si alguno aún no se había enganchado con el Mundial, hoy seguro, con todos, se volvió a ilusionar.








