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Cómo la guerra con Irán se convierte en una guerra económica mundial

Traducción Alejandro Garvie

Países del sur de Asia están imponiendo medidas de emergencia como el racionamiento de energía, el cierre de universidades, la reducción de la jornada laboral e incluso la modificación del funcionamiento de los crematorios para hacer frente a las consecuencias de la guerra con Irán.

Si bien la guerra está elevando los precios de la nafta para los estadounidenses y generando un problema político para el presidente Donald Trump, también está creando una crisis más profunda en el extranjero que gobiernos y empresas se esfuerzan por gestionar. Se trata del último shock económico mundial en una década turbulenta.

La década de 2020 ha sido testigo de una pandemia, la invasión rusa de Ucrania y la consiguiente inflación, y, más recientemente, los aranceles del “Día de la Liberación” de Trump, que sacudieron los mercados y provocaron pánico en algunos países.

Las leyes de la oferta y la demanda hacen que los cálculos sean bastante sencillos: el 20% del petróleo y otros productos energéticos del mundo transitan por el estrecho de Ormuz, e Irán ha bloqueado prácticamente el tráfico. Cuando la oferta cae drásticamente y la demanda se mantiene constante, los precios suben y se producen escaseces.

Los gobiernos hacen todo lo posible por gestionar tanto la oferta (recurriendo a las reservas de petróleo o restringiendo las exportaciones) como la demanda: controles de precios, restricciones en el horario laboral e incluso el cierre de negocios para ahorrar energía.

La interrupción no se limita al petróleo. Otros productos esenciales relacionados transitan por el estrecho, como el diésel, el combustible para aviones y el gas licuado de petróleo, utilizado para calefacción y cocina. Más del 80% del petróleo y los productos derivados del petróleo que transitaron por el estrecho se destinaron a Asia en 2024.

Para finales de esta semana, “prevemos que los recortes en la oferta de crudo alcancen casi los 12 millones de barriles diarios, lo que hará que el déficit sea muy visible en los mercados físicos”, escribieron los analistas de materias primas de JPMorgan en una nota la semana pasada. La única forma en que los mercados pueden afrontar esta escasez es mediante una “reducción comparable del consumo”.

Estas son algunas de las medidas que se están tomando actualmente:

Bangladesh cerró las universidades públicas y privadas.

Corea del Sur limitó los precios del gas por primera vez en casi tres décadas.

Tailandia fomenta el teletrabajo.

Algunos gobiernos locales de Filipinas ordenaron a los funcionarios públicos trabajar cuatro días a la semana.

Pakistán cerró escuelas, impuso una semana laboral de cuatro días en algunas oficinas gubernamentales y aumentó los precios del gas, según informa el Financial Times.

Los países y regiones que dependen de las importaciones de energía se encuentran en la situación más crítica.

Si bien el impacto en Asia es el más agudo, Europa también se enfrenta a la posibilidad de un aumento en los precios del gas, lo que incrementaría los costos de la electricidad. La UE está considerando un tope al precio del gas y otras medidas.

Esta semana, Japón inició la mayor liberación de petróleo de su historia proveniente de sus reservas nacionales, limitando efectivamente los precios.

En este marco, Irán parece estar permitiendo el paso de algunos barcos con destino a Asia por el estrecho. Y China podría beneficiarse de esta crisis a largo plazo. Posee enormes reservas de petróleo y puede recurrir al carbón para parte de su producción.

Mientras tanto, los altos precios del petróleo serán una gran ventaja para su industria de energías renovables.

En resumen: “Somos víctimas de una guerra que no elegimos”, declaró el presidente filipino Ferdinand R. Marcos Jr. en un comunicado la semana pasada.

Cuando Estados Unidos estornuda, el mundo se contagia.

Link https://www.axios.com

 

 

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