sábado 24 de enero de 2026
spot_img

Cómo fue la catástrofe militar y el suicido político de la guerrilla trotskista del ERP

Era la última semana de diciembre de hace 50 años. El país preparaba los tradicionales brindis navideños. En el aire flotaba la sensación de una pasajera tranquilidad: apenas horas antes, con la rendición de su jefe, el brigadier Jesús Orlando Capellini, había concluido la insubordinación de un sector de la Aeronáutica, que había tomado el Aeroparque Metropolitano y la base aérea de Morón durante cinco días. En medio de la perplejidad general, llegaría un demorado y formal respaldo de los comandantes de las tres Fuerzas Armadas (Videla, Massera y Agosti) al gobierno de la presidenta María Estela Martínez, viuda de Perón.

Aun así, el clima se había vuelto irrespirable. Como una chispa en medio de la quietud, lo que parecía una tregua fugaz volaría por los aires. Literalmente. Más de 200 guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una de las bandas terroristas más poderosas entonces, lanzaron todo su poder de fuego en el crepúsculo del 23 de diciembre sobre el Batallón de Arsenales 601 “Domingo Viejo Bueno”, en un suburbio sureño del Gran Buenos, en la localidad de Monte Chingolo, Lanús. De pronto, el cielo se iluminó, encendido por relámpagos de fuego, y el estampido de obuses, granadas, el repiqueteo de la metralla y el disparo de los FAL que convirtieron aquello en un infierno. El ERP era el brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), de orientación trotskista, que albergaba corrientes varias y menores de la izquierda violenta.

El objetivo de los insurgentes era ingresar al mayor depósito de armas del país, que no sólo abastecía a los militares, entonces de decisiva influencia en el devenir político argentino. También era un predio codiciado por la guerrilla del ERP y de la organización Montoneros, autoproclamaba peronista, pero enfrentada primero a Perón y luego al gobierno de su viuda. Las más de 20 toneladas de armas almacenadas en Monte Chingolo podían inclinar la balanza en el combate final que se avizoraba entre los terroristas y el Ejército. Eso era la Argentina de entonces, una guerra apenas disimulada entre patotas de ultra derecha protegidas desde el gobierno y las bandas armadas de ultraizquierda que sembraban muertes sin juicio ni ley a nombre de una sociedad que decían proteger, pero que aun así no trepidaban en matar a sus miembros casi a diario.

spot_img
spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Alejandro Garvie

Atracciones del Circo Davos

Eduardo A. Moro

La paradoja de Europa

Alejandro Garvie

Svalbard