Por Anne Marie Reynaers.
El pasado miércoles 29 de octubre se celebraron elecciones nacionales en los Países Bajos. Los ciudadanos acudieron a las urnas de forma anticipada tras la caída del Gobierno Schoof I 337 días después de su formación. Este Gabinete estaba compuesto por una coalición de la derecha populista (PVV), una escisión democristiana (NSC), el movimiento campesino conservador (BBB) y los liberales del VVD.
El mandato de Schoof I fue breve y estuvo marcado por una gran inestabilidad. Desde el inicio las diferencias internas fueron evidentes, especialmente en torno a la política migratoria y de asilo, uno de los temas prioritarios del Gabinete. Muchas de sus propuestas resultaron prácticamente inviables o inconstitucionales, lo que generó tensiones constantes dentro de la coalición poniendo en cuestión su efectividad.
A finales de octubre, las encuestas pronosticaban un castigo electoral para los partidos emergentes BBB y NSC. Hasta dos semanas antes de los comicios, parecía que Geert Wilders (PVV) volvería a ganar, con 31-34 escaños de los 150 en juego, mientras que el daño al VVD se preveía limitado. Según los sondeos en aquel momento, la distancia entre el PVV y partidos como D66 (liberales progresistas) o GL-PvdA (coalición entre los verdes de izquierda y los socialdemócratas) seguía siendo considerable: D66 obtendría 16 escaños y GL-PvdA, 26.
Sin embargo, el panorama cambió a pocos días de las elecciones, cuando varios líderes políticos expresaron públicamente sus intenciones a la hora de tejer futuras coaliciones. La ventaja del PVV comenzó a reducirse, y cinco días antes de las elecciones, las encuestas situaban a PVV, D66 y GL-PvdA en empate técnico, con unos 23 escaños cada uno, seguidos por el CDA y el VVD.
Los últimos pronósticos de las elecciones
Este giro se atribuye principalmente a las declaraciones de Dilan Yeşilgöz, la líder del VVD, quien descartó públicamente volver colaborar con el PVV de Wilders una semana antes de los comicios. Esta postura presentó el voto al PVV como un voto “perdido” y puedo influenciar a los potenciales votantes del PVV de cara a considerar opciones más moderadas. Al mismo tiempo, el VVD también rechazó una posible alianza con el GL-PvdA, lo que impulsó a los votantes de izquierda a apoyar a D66, partido más centrista con el que ya el VVD había gobernado en varias ocasiones.
Las encuestas a pie de urna el miércoles 29 ya dejaban claro que la contienda sería reñida entre PVV y D66. Tanto fue así que hubo que esperar hasta el viernes para determinar el ganador de las elecciones, cuando la agencia ANP anunció que, con el recuento de votos casi finalizado, el PVV ya no podría superar al D66, quien mantenía una ventaja de unos 15.000 votos. Así, el partido liderado por Rob Jetten se convirtió, por primera vez desde su fundación (1966), en la fuerza más votada del país.
Muchos votantes han cambiado su preferencia electoral respecto a las elecciones de 2023. Según un estudio de IPSOS, D66 ha logrado captar apoyos significativos de otras formaciones: un 20% de sus votantes provienen del GL-PvdA, un 13% del NSC, un 11% del VVD y un 7% del PVV. Por su parte, el VVD también ha conseguido atraer votantes del PVV (15%) y del NSC (10%), lo que le ha permitido mantener una posición destacada en el nuevo panorama político. El CDA (democristianos) ha protagonizado una notable recuperación, pasando de cinco a dieciocho escaños. Este crecimiento se explica, en gran parte, por el trasvase de votos desde el NSC (32 %) y el VVD (16 %). El gran perdedor ha sido el NSC, que, tras obtener veinte escaños en 2023, ha desaparecido por completo del Parlamento, algo que es relativamente común que ocurre con el sistema electoral holandés.
Jetten, llamado a intentar formar Gobierno
Aunque la distribución final de escaños aún no se ha confirmado, tanto PVV como D66 parecen haber empatado a escaños con veintiséis cada uno. En la tradición política neerlandesa, el partido más votado es el responsable de nombrar al verkenner o “explorador”, que es la persona encargada de estudiar las posibles coaliciones. Jetten anunció el viernes su intención de formar “un Gabinete estable y ambicioso” lo antes posible, y pedirá al explorador que tenga en cuenta no solo los intereses de su partido (el D66), sino también los del resto de formaciones. Según Jetten, el electorado ha enviado una señal clara a favor de la cooperación desde el centro, y ha instado a dejar atrás las “peleas políticas” para que el próximo Gabinete “se arremangue y se ponga al volante”.
Sobre el papel, el resultado de la exploración podría derivar en una coalición tanto de centroizquierda como de centroderecha. Jetten ha manifestado su preferencia por una coalición de centroizquierda que incluiría a D66 (26 escaños), GL-PvdA (20), VVD (22) y CDA (18), sumando una cómoda mayoría de 86 escaños. No obstante, esto requeriría que la líder del VVD, Yeşilgöz, reconsiderara su negativa a colaborar con GL-PvdA. Si no fuera posible, una coalición de centroderecha podría ser la alternativa, con D66, VVD, CDA y, probablemente, JA21 (9 escaños). Esta opción permitiría alcanzar la mayoría mínima de 75 escaños, aunque quizás sería necesario el apoyo de un quinto partido más pequeño.
Sea cual sea el desenlace, todo apunta a un retorno a la tradicional cooperación desde el centro, con un Gabinete mayoritario formado por partidos de centroizquierda o centroderecha con una larga trayectoria parlamentaria. Juntos deberán abordar los grandes retos del país: la política migratoria, el mercado de la vivienda y la sanidad. Algunos interpretan la victoria del centro como una respuesta firme de la sociedad neerlandesa a la derecha populista o radical. Aunque la derecha radical o populista no gobernará los siguientes años, no hay que ignorar que el conjunto de partidos que representan (PVV, FvD y JA21) suman 42 escaños, una cifra nada desdeñable y prácticamente similar a la obtenida en las últimas selecciones (41 escaños). Geert Wilders ya ha anunciado que tiene ganas de hacer una oposición fuerte y que la futura coalición “se tiene que preparar para lo que viene”.
A sus 38 años, Rob Jetten tiene todas las cartas para convertirse en el primer ministro más joven de la historia de los Países Bajos. A pesar de su juventud, cuenta con una sólida experiencia: es diputado desde 2017 y fue ministro de Clima y Energía en el Gabinete Rutte IV. Algunos lo apodan el “mini Rutte”, en alusión a su estilo de liderazgo pragmático, flexible y orientado al consenso y la gestión. Además, Jetten no solo está cerca de ser el primer ministro más joven de la historia parlamentaria neerlandesa, sino también en el primero declarado abiertamente homosexual. El político está comprometido con el jugador de hockey Nicolás Keenan, internacional argentino, lo que ha llevado al diario Clarín a destacar que Argentina no solo ha dado a los Países Bajos una reina —en referencia a la reina consorte Máxima Zorreguieta—, sino que también aportará un “primer caballero”.








