sábado 24 de enero de 2026
spot_img

Cómo China gana el futuro

La estrategia de Pekín para conquistar las nuevas fronteras del poder

Por Elizabeth Economy

Traducción Alejandro Garvie

Cuando el carguero chino Istanbul Bridge atracó en el puerto británico de Felixstowe el 13 de octubre de 2025, su llegada podría haber parecido normal. El Reino Unido es el tercer mayor mercado de exportación de China, y los barcos viajan entre ambos países durante todo el año.

Lo más destacable del hecho fue la ruta que siguió el barco: fue el primer gran carguero chino en viajar directamente a Europa a través del Océano Ártico. El viaje duró 20 días, es son semanas menos que las rutas tradicionales a través del Canal de Suez o alrededor del Cabo de Buena Esperanza. Pekín elogió el viaje como un avance geoestratégico y una contribución a la estabilidad de la cadena de suministro. Sin embargo, el mensaje más importante quedó sin expresar: el alcance de las ambiciones económicas y de seguridad de China en un nuevo ámbito de poder global.

Los esfuerzos de Pekín en el Ártico son solo la punta del iceberg. Ya en la década de 1950, los líderes chinos debatieron sobre la competencia en las fronteras mundiales, tanto literales como figurativas: las profundidades marinas, los polos, el espacio exterior y lo que el exoficial del Ejército Popular de Liberación Xu Guangyu describió como “esferas de poder e ideología”, conceptos que hoy incluyen el ciberespacio y el sistema financiero internacional. Estos dominios forman las bases estratégicas del poder global. Su control determina el acceso a recursos críticos, el futuro de internet, los numerosos beneficios que se derivan de la impresión de la moneda de reserva mundial y la capacidad de defenderse de diversas amenazas a la seguridad. Mientras la mayoría de los analistas se centran en los síntomas de la competencia —aranceles, cadenas de suministro de semiconductores y carreras tecnológicas a corto plazo—, Pekín está desarrollando capacidades e influencia en los sistemas subyacentes que definirán las próximas décadas. Hacerlo es fundamental para el sueño del presidente Xi Jinping de recuperar la centralidad de China en el escenario global. “Podemos desempeñar un papel importante en la construcción de los patios de recreo incluso al principio, de modo que podamos establecer reglas para nuevos juegos”, dijo Xi en 2014.

Pekín se ha posicionado bien para esta contienda. Aborda estas fronteras con una lógica y una estrategia coherentes. Está invirtiendo en las capacidades técnicas necesarias. Se está asociando con otros países para integrarse en las instituciones y saturando estos organismos con expertos y funcionarios chinos, quienes luego impulsan el cambio. Cuando no puede cooptar las instituciones existentes, construye nuevas. En todos estos esfuerzos, Pekín se muestra altamente adaptable, experimentando con diferentes plataformas, replanteando posiciones y desplegando capacidades de nuevas maneras.

Los responsables políticos estadounidenses apenas han comenzado a comprender la magnitud del éxito de China en la construcción de poder en áreas clave del mundo actual. Ahora, corren el riesgo de incumplir su compromiso de dominar el futuro. En otras palabras, Estados Unidos no solo está renunciando a su papel en el sistema internacional actual. Se está quedando atrás en la lucha por definir el futuro.

 

VEINTE MIL LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO

En 1872, los británicos enviaron un barco para recuperar el primer depósito mundial de nódulos polimetálicos: cúmulos de desechos oceánicos que pueden contener minerales cruciales como manganeso, níquel y cobalto. Sin embargo, no fue hasta principios de la década de 1960 que los científicos postularon que estos nódulos podrían tener importantes beneficios económicos. A mediados de la década de 1970, la empresa estadounidense Deepsea Ventures, filial de Tenneco, afirmó que podría satisfacer casi toda la demanda militar de níquel y cobalto extrayendo el lecho del océano Pacífico.

Deepsea Ventures nunca obtuvo los permisos necesarios para extraer enormes cantidades de nódulos y, finalmente, cerró. Mientras tanto, otros actores internacionales habían iniciado negociaciones sobre los derechos y obligaciones de los países en relación con los océanos del mundo. Estas negociaciones culminaron con la adopción de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que entró en vigor en noviembre de 1994. Esta incluyó normas de gobernanza sobre los recursos de los fondos marinos profundos que se encuentran fuera de las aguas territoriales de los países. Las partes de la convención establecieron y, junto con las principales empresas mineras del mundo, financiaron la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos para gestionar estos recursos.

China inició su propia investigación sobre la minería de los fondos marinos a finales de la década de 1970. Sus científicos e ingenieros desarrollaron prototipos de sumergibles y máquinas capaces de extraer y estudiar el lecho oceánico. En 1990, Pekín estableció la Asociación de Investigación y Desarrollo de Recursos Minerales Oceánicos de China, controlada por el Estado, para coordinar la prospección y la minería de los fondos marinos en aguas internacionales. A partir de 2011, incorporó la capacidad de minería de los fondos marinos a sus planes quinquenales. En 2016, Pekín aprobó una ley sobre los fondos marinos diseñada para desarrollar las capacidades científicas y comerciales de China y proporcionar un marco para la participación en negociaciones internacionales sobre los recursos del fondo oceánico. En el proceso, China creó al menos 12 instituciones dedicadas a la investigación de las profundidades marinas y construyó la mayor flota de buques de investigación civiles del mundo.

Xi ha priorizado los fondos marinos profundos para el liderazgo chino. “Las profundidades marinas albergan tesoros aún sin descubrir ni explotar”, declaró en mayo de 2016. “Para obtenerlos, debemos controlar tecnologías clave para adentrarnos en las profundidades marinas, descubrirlas y desarrollarlas”. China ya domina las cadenas de suministro globales terrestres de tierras raras, y liderar la minería de los fondos marinos profundos solo reforzaría su control absoluto sobre estos minerales. La minería de los fondos marinos profundos también impulsaría otro imperativo de seguridad para China, al facilitar el mapeo del fondo marino y el tendido de cables submarinos que pueden utilizarse en apoyo de la guerra naval y submarina. “No hay camino en las profundidades marinas”, declaró Xi en 2018. “No necesitamos perseguir a otros países: nosotros somos el camino”.

A medida que las capacidades nacionales de China se han expandido, también lo ha hecho su papel en la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos. Desde 2001, Pekín ha formado parte casi ininterrumpidamente del Consejo de la ISA, el órgano ejecutivo de 36 miembros que toma decisiones clave sobre regulaciones mineras, aprobaciones de contratos y regulaciones ambientales. China brinda un apoyo significativo al organismo, incluyendo la presentación de documentos y comentarios sobre borradores. Ha asignado a sus propios expertos y funcionarios a funciones técnicas clave de la ISA y le proporciona más apoyo financiero que cualquier otro país. Se ha posicionado para ejercer una mayor influencia en la elaboración de las normas y regulaciones que rigen la exploración y explotación de los recursos del fondo marino. Empresas chinas ya han obtenido cinco contratos de exploración minera del fondo marino de la ISA, la mayor cantidad entre todos los países.

China está cortejando activamente a las economías emergentes y de ingresos medios con sus capacidades en aguas profundas, alentando a los países y empresas que necesitan plataformas, buques o capacidades de procesamiento de construcción china a alinearse con los intereses de Pekín. China ha establecido una alianza de investigación con las Islas Cook con miras a la futura explotación de los minerales del fondo marino de la zona, y está explorando un acuerdo similar con Kiribati. En 2020, en colaboración con la ISA, Pekín estableció un centro de capacitación e investigación en Qingdao para brindar a funcionarios de países en desarrollo experiencia práctica, como la operación de vehículos submarinos, y oportunidades de investigación conjunta. Y dentro del BRICS, un grupo de diez países que lleva el nombre de sus cinco primeros miembros (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), China ha buscado fortalecer la cooperación a través de un centro de investigación en aguas profundas del BRICS en Hangzhou.

Pero Pekín también ha enfrentado problemas en el camino. A pesar de sus iniciativas de cooperación, China se encuentra en una pequeña minoría de países que abogan por un enfoque más acelerado para la minería. Según un informe de Carnegie Endowment, en 2023 Pekín “por sí solo” impidió que la ISA discutiera la protección del ecosistema marino y una pausa preventiva en las licencias mineras. Esto lo enfrenta a casi otros 40 miembros de la ISA, que apoyan una pausa o moratoria en la minería hasta que se implementen un monitoreo riguroso y salvaguardas ambientales. China tampoco ha convencido a los miembros del BRICS: Brasil apoya una pausa preventiva de diez años, y Sudáfrica quiere marcos ambientales sólidos y protecciones económicas. India favorece un desarrollo más rápido, pero desconfía del uso de buques de investigación por parte de China con fines militares. Y muchos gobiernos en la región Asia-Pacífico, como los de Japón, Malasia, Filipinas, Palaos y Taiwán, están preocupados por las incursiones con motivos militares en sus zonas económicas exclusivas por parte de los buques de investigación de aguas profundas de China. Aunque Pekín aún no ha ganado la batalla por establecer las normas de la ISA, no se queda de brazos cruzados. Está invirtiendo intensamente en tecnologías de minería de fondos marinos de doble uso – aquellas valiosas tanto para fines civiles como militares -, como vehículos submarinos autónomos y sumergibles tripulados que le permitirán dominar la minería comercial de fondos marinos y, como escribió un analista militar chino, atacar las grandes formaciones navales y bases navales de sus oponentes.

AFUERA EN EL FRÍO

Las profundidades oceánicas no son la única frontera que Xi quiere dominar. En 2014, también declaró su intención de convertir a China en una gran potencia polar. Al igual que el lecho marino, el Ártico es rico en recursos naturales, y contiene aproximadamente el 13 % de las reservas mundiales de petróleo por descubrir, el 30 % de su gas natural por descubrir e importantes reservas de tierras raras. A medida que el hielo se derrita, también albergará nuevos corredores marítimos, como el que utiliza el Istanbul Bridge. En un libro blanco de 2018 sobre el Ártico, Pekín prometió construir una “Ruta de la Seda polar” desarrollando dichas rutas e invirtiendo en los recursos y la infraestructura de la región. También reformuló la gobernanza del Ártico para incluir cuestiones como el cambio climático y promover los derechos de los países no árticos. “El futuro del Ártico concierne a los intereses de los estados árticos, el bienestar de los estados no árticos y el de la humanidad en su conjunto”, declaró el documento. “La gobernanza del Ártico requiere la participación y la contribución de todas las partes interesadas”.

El interés de Pekín en el Ártico no es nuevo. En 1964, China estableció la Administración Oceánica Estatal, una agencia gubernamental cuyo mandato incluía la realización de expediciones polares. Su investigación relacionada con el Ártico se aceleró a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980. En 1989, el gobierno fundó el Instituto de Investigación Polar con sede en Shanghái y amplió sus capacidades y alianzas de investigación en el Ártico a lo largo de la década de 1990 y principios de la de 2000. En 2013, China se convirtió en observador del Consejo Ártico, organismo rector del sector, integrado por representantes de Canadá, Dinamarca (que incluye Groenlandia), Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y Estados Unidos, así como de pueblos indígenas. Desde entonces, China se ha convertido en uno de los miembros observadores más activos del consejo, participando en una amplia gama de grupos de trabajo. Los investigadores chinos siguen argumentando que China debería desempeñar un papel más importante en la toma de decisiones sobre el Ártico porque el cambio climático ha convertido al Ártico en un tema de interés común mundial y porque las empresas chinas son esenciales para el transporte marítimo y la energía en el Ártico.

Los esfuerzos de Pekín han encontrado resistencia. Los países árticos están cada vez más preocupados por la excesiva dependencia de la inversión china y los consiguientes riesgos de seguridad. Canadá, Dinamarca, Islandia y Suecia rechazaron o cancelaron varios proyectos árticos chinos en sus territorios. Según un estudio de 2025 del Centro Belfer, de los 57 proyectos de inversión propuestos por China en el Ártico, solo 18 están activos.

Pero mientras que los países democráticos se han cerrado en su mayoría a la nueva inversión china, un tipo diferente de Estado ha abierto sus puertas: Rusia. Desde 2018, China y Rusia han institucionalizado sus consultas bilaterales sobre el Ártico. Su relación se profundizó especialmente después de que Moscú invadiera Ucrania en 2022 y quedara económicamente aislado del resto de los miembros del Consejo Ártico. Desde entonces, empresas chinas han firmado acuerdos para desarrollar una mina de titanio y un yacimiento de litio, así como para construir un nuevo ferrocarril y un puerto de aguas profundas. Juntas, las capacidades de China y Rusia para la exploración, el comercio y el patrullaje en el Ártico superan con creces las de Estados Unidos. China también ha aprovechado su alianza con Rusia para mejorar su acceso militar a la región. A partir de 2022, ambos países incluso han realizado múltiples ejercicios conjuntos, incluyendo en el mar de Bering, el mar de Chukotka y el gran océano Ártico, así como una patrulla conjunta de bombarderos cerca de la costa de Alaska. Pekín y Moscú también se han unido para involucrar a los BRICS de forma más directa en las negociaciones sobre el Ártico. Se creó un grupo de trabajo BRICS sobre ciencia y tecnología oceánica y polar, y Rusia ha invitado al organismo a desarrollar una estación científica internacional en el archipiélago de Svalbard.

Sin embargo, el acercamiento de China ha sido insuficiente. La interacción de Brasil e India con el Ártico se ha basado principalmente en alianzas bilaterales con Rusia. Algunos analistas indios han expresado abiertamente su preocupación por el creciente papel de China en la región. Y a pesar del aparente alineamiento entre China y Rusia, Moscú no ha apoyado la propuesta de Pekín de ampliar su papel en la gobernanza del Ártico. Sus ejercicios militares compartidos son en gran medida performativos. En 2020, el enviado especial del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso al Consejo Ártico, Nikolai Korchunov, coincidió con el comentario del entonces secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, de que existen dos grupos de países: árticos y no árticos, y sugirió que China no tenía una identidad ártica. Ese mismo año, Moscú acusó de alta traición a un profesor ruso que estudia el Ártico tras proporcionar a China material clasificado relacionado con métodos de detección de submarinos.

VAYA CON VALENTÍA A DONDE NADIE HA IDO ANTES

Luego está la última frontera: el espacio. Ya en 1956, China consideró la exploración espacial una prioridad de seguridad nacional. Tras los lanzamientos de satélites soviéticos y estadounidenses en 1957 y 1958, el líder chino Mao Zedong pronunció: “Nosotros también fabricaremos satélites”. El país cumplió su promesa y puso en órbita el Dong Fang Hong 1 en abril de 1970.

A lo largo de las décadas de 1980 y 1990, China creó un extenso programa espacial impulsado por imperativos científicos, económicos y militares. En el año 2000, el gobierno publicó su primer libro blanco, en el que describía sus prioridades en el espacio exterior. Estas incluían el aprovechamiento de los recursos espaciales, la realización de vuelos espaciales tripulados y la realización de exploraciones espaciales centradas en la Luna. El espacio también es una prioridad particular para Xi. “Desarrollar el programa espacial y convertir al país en una potencia espacial es el sueño que hemos perseguido continuamente”, declaró en 2013. En 2017, China trazó una hoja de ruta para convertirse en una “potencia espacial líder mundial para 2045”, con importantes avances previstos. Y lo ha logrado: además de su avanzado programa espacial comercial, China ha desarrollado sofisticadas capacidades de guerra espacial, incluyendo una creciente constelación de satélites de reconocimiento, comunicaciones y alerta temprana. De los más de 700 satélites que China ha colocado en órbita, más de un tercio tiene fines militares. El libro blanco de 2022 del país anunció todo este progreso. Algunos funcionarios y expertos espaciales estadounidenses creen que China superará a Estados Unidos como la nación líder en viajes espaciales en los próximos cinco a diez años, incluyendo ser la primera en enviar humanos de regreso a la Luna desde la misión estadounidense Apolo 17 en 1972.

Al igual que en el ámbito de los fondos marinos, las importantes capacidades tecnológicas de China y la gobernanza más abierta de la frontera permiten a Pekín desempeñar un papel de liderazgo significativo en el espacio. Pekín se ha convertido en un socio importante para otros países menos desarrollados interesados ​​en la investigación y la exploración espacial. Cuenta con acuerdos bilaterales con 26 Estados. También colabora con la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre para realizar experimentos desde su estación espacial Tiangong.

Sin embargo, la apuesta más significativa de Pekín por el liderazgo espacial es la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), un proyecto conjunto entre China y Rusia anunciado por primera vez en 2017. Está previsto que comience como una base permanente en el polo sur lunar y, con el tiempo, se expanda hasta convertirse en una red de instalaciones orbitales y de superficie que apoyen la exploración, la extracción de recursos y la habitabilidad a largo plazo. China aspira a que 50 países, 500 instituciones internacionales de investigación y 5.000 investigadores extranjeros se unan a la ILRS, ofreciéndoles oportunidades de formación científica, cooperación y acceso a algunas tecnologías espaciales chinas y rusas. Para ello, ha promovido la ILRS a través de organizaciones multilaterales, como los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái.

Pekín y Moscú han posicionado el ILRS como una alternativa al programa Artemis, liderado por Estados Unidos – el intento de Washington de regresar a la Luna – y a los Acuerdos Artemis. Estos acuerdos, establecidos en 2020 por Estados Unidos y otros siete países, establecen principios y directrices no vinculantes para la exploración espacial con fines pacíficos, el uso de los recursos espaciales, la preservación del patrimonio espacial, la interoperabilidad y el intercambio de datos científicos. Están diseñados para ser coherentes con los tratados y convenciones espaciales internacionales vigentes; a principios de noviembre, 60 países los habían firmado.

Un experto chino de alto rango describió los acuerdos como un intento estadounidense de colonizar y establecer su soberanía sobre la Luna. Sin embargo, China ha tenido relativamente poco éxito a la hora de atraer a otros países a su iniciativa. El ILRS solo ha atraído a 11 estados, además de China y Rusia, varios de los cuales carecen de programa espacial o lo tienen en sus inicios. Dos de los países que se unieron al ILRS, Senegal y Tailandia, se adhirieron posteriormente a los Acuerdos Artemis. El atractivo general de estos últimos se debe a varios factores. A diferencia del ILRS, los acuerdos se basan en las relaciones científicas, de seguridad y comerciales existentes entre la NASA y otros países. Brindan a los estados más pequeños oportunidades para impulsar sus propias industrias espaciales. Ofrecen normas claras de transparencia, interoperabilidad e intercambio de datos, y no implican que los países se vean envueltos en el aislamiento de Rusia de gran parte de los esfuerzos económicos y científicos mundiales. Finalmente, a diferencia del ILRS, los países que firmen los Acuerdos Artemis tendrán la oportunidad de enviar a sus astronautas a la Luna a través del programa lunar de la NASA.

El enfoque más amplio de China para la gobernanza espacial también ha tropezado con dificultades. En 2022, solo otros siete países se unieron a la votación en contra de una resolución de la Primera Comisión de la ONU para detener las pruebas de misiles antisatélite de ascenso directo, que producen desechos espaciales destructivos. En 2024, China se abstuvo en una votación del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba el emplazamiento de armas nucleares en el espacio ultraterrestre, una moción apoyada por todos los demás miembros excepto Rusia. Los intentos de Pekín y Moscú de redactar su propio tratado sobre la prevención y el emplazamiento de armas en el espacio solo han obtenido el apoyo de un número limitado de países, como Bielorrusia, Irán y Corea del Norte.

Pero Pekín ha seguido adelante. Sigue impulsando sus marcos de gobernanza e invirtiendo en tecnologías espaciales. Y si Pekín logra que los humanos vuelvan a la Luna antes, obtendrá una poderosa ventaja simbólica sobre Estados Unidos que impulsará sus esfuerzos para definir las normas y tecnologías en la carrera espacial.

CABLEADO Y ENERGÍA FUERTE

China aspira a dominar más allá del ámbito físico. Xi también quiere que Pekín domine el ciberespacio. Durante su mandato, China se ha convertido en una potencia de las telecomunicaciones. Su iniciativa de la Ruta de la Seda Digital de 2015 ha permitido a dos empresas chinas de telecomunicaciones, Huawei y ZTE, hacerse con aproximadamente el 40 % del mercado mundial de equipos de telecomunicaciones, medido en términos de ingresos. El sistema satelital chino Beidou presume de una mayor precisión de posicionamiento que el GPS en muchas partes del mundo. Las tecnologías chinas de cables submarinos también están aumentando rápidamente su cuota de mercado global.

Pekín también quiere establecer los estándares globales para las futuras tecnologías estratégicas. Sus iniciativas, como la estrategia Estándares de China 2035, han incrementado drásticamente el número de participantes y propuestas chinas ante los organismos de normalización. En 2022, según Nature, solo Huawei presentó más de 5000 propuestas de estándares tecnológicos a más de 200 organizaciones de normalización. (Algunos observadores externos han informado que Pekín ha socavado las buenas prácticas al insistir en que las empresas chinas voten en bloque a favor de las propuestas chinas y al ofrecerles incentivos financieros para que las presenten, lo que ha generado un gran número de propuestas deficientes).

Para China, establecer estándares no se trata solo de asegurar victorias comerciales. También se trata de establecer normas políticas y de seguridad favorables. La propuesta de China para una nueva arquitectura de Internet, llamada Nueva IP, es un buen ejemplo. En 2019, Huawei, China Mobile, China Unicom y el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China presentaron conjuntamente la Nueva IP al grupo asesor de estandarización de telecomunicaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Según el Financial Times, los funcionarios chinos argumentaron que el Protocolo de Control de Transmisión/Protocolo de Internet de la década de 1970, el sistema actual para enrutar y entregar datos, no podrá soportar las demandas de la Internet del futuro, como la adopción generalizada de vehículos autónomos. Más allá de los aspectos técnicos prácticos, los líderes chinos creen que la Internet actual, construida sobre un protocolo diseñado por Estados Unidos, refleja un sistema de gobernanza liderado por Estados Unidos que no se alinea con los intereses de Pekín. La Nueva IP, por el contrario, incorpora el control estatal, incluso al facilitar que las autoridades centrales cierren partes de la red. La nueva IP es entonces una apuesta de China para incorporar sus propias preferencias técnicas y políticas a la Internet global.

Las reacciones negativas a la propuesta de China por parte de Japón, Estados Unidos y Europa, así como de los principales ingenieros de internet, no se hicieron esperar. Los expertos argumentaron que el sistema existente era lo suficientemente flexible como para evolucionar y que el Nuevo IP fragmentaría internet en redes controladas por el Estado. Los europeos señalaron que el protocolo actual no había obstaculizado el desarrollo de la IA ni de otras tecnologías importantes. También argumentaron que los organismos técnicos establecidos, y no la Unión Internacional de Telecomunicaciones, debían establecer los estándares.

China se esforzó por conseguir el apoyo a su visión en las economías emergentes y de ingresos medios. Creó el Instituto de Investigación de la Red Futura de los BRICS para coordinar la I+D en 6G, IA y nuevos protocolos de internet. También argumentó que sus protocolos de internet propuestos, combinados con la financiación, el equipamiento y la formación de la Ruta de la Seda Digital, ayudarían a cerrar la brecha digital con las economías emergentes. Un puñado de países africanos —Costa de Marfil, Guinea, Malí, Níger, Nigeria, Senegal, Sudán del Sur, Tanzania, Zambia y Zimbabue— apoyaron la propuesta de la Nueva IP. Sin embargo, el entusiasmo en el resto del mundo fue moderado. Cabe destacar que, como han observado los analistas chinos Henry Tugendhat y Julia Voo, no existía correlación entre la asistencia recibida por un país en la Ruta de la Seda Digital y su apoyo a la Nueva IP.

Sin embargo, algunos de los otros esfuerzos digitales de China están logrando mayores avances. Muchos países BRICS, como Brasil, Egipto, Etiopía, Arabia Saudita, Sudáfrica y los Emiratos Árabes Unidos, están cooperando comercialmente con Huawei. China, por su parte, está intentando sentar las bases para una Internet controlada por el Estado mediante una sucesión de nuevas propuestas y tecnologías. Huawei, por ejemplo, ha renombrado la propuesta de Nueva IP de China como “Futuras Redes y Protocolos de Comunicación Vertical”. Como ha señalado un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford, China “compra en foros” sus propuestas, a menudo presentando las mismas o similares en múltiples organismos, buscando la aceptación. En un taller sobre 6G celebrado en marzo ante una organización de normalización, los participantes chinos impulsaron una tecnología de “red central 6G completamente nueva” que permita un mayor control, la cual Huawei ya está desarrollando. Además, China continúa impulsando un sistema de enrutamiento para datos de Internet que otorgaría a los proveedores de red y a los gobiernos un mayor control sobre el tráfico de datos. Los expertos afirman que Pekín ha implementado este sistema en varios países africanos.

UN RENMINBI PARA TUS PENSAMIENTOS

Uno de los últimos pilares del predominio global de Estados Unidos es el papel central del dólar en la economía mundial. El dólar sigue siendo la moneda más negociada y la principal moneda de reserva. Esto le otorga a Estados Unidos varias ventajas: menores costos de endeudamiento para su gobierno y corporaciones, la capacidad de restringir el acceso a transacciones denominadas en dólares y la continua primacía de los mercados financieros estadounidenses.

China, sin embargo, está comprometida con expandir el uso internacional de su moneda, el renminbi, y con derrocar al dólar. A raíz de la crisis financiera mundial, China puso a prueba un esquema de liquidación comercial en renminbi en 2009 con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, Hong Kong y Macao. Los esfuerzos iniciales de China por internacionalizar el renminbi no cobraron impulso, pero persistió. Introdujo bonos denominados en renminbi, amplió las líneas de swap de divisas con más de 30 países y estableció bancos de compensación para facilitar las transacciones en renminbi en los principales centros financieros. En 2015, lanzó el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos, diseñado para brindar una alternativa a la Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales, dominada por Estados Unidos y Europa, mejor conocida como SWIFT. Hoy, el sistema de pagos de China conecta a más de 1700 bancos en todo el mundo.

Las finanzas globales, más que en cualquier otro ámbito fronterizo, han sido un terreno fértil para los esfuerzos de China por promover sus intereses a través de marcos multilaterales. Pekín ha utilizado la Iniciativa de la Franja y la Ruta para presionar a los países socios a aceptar el renminbi en los contratos. Algunos economistas chinos incluso han abogado por exigir a los participantes de la Iniciativa de la Franja y la Ruta que paguen sus contratos en renminbi. Estas iniciativas han dado resultado: para junio de 2025, la proporción del comercio bilateral de bienes de China liquidado en renminbi alcanzó casi el 29 %.

Los esfuerzos de China se han visto reforzados por las sanciones estadounidenses y europeas. En un discurso pronunciado ante la Conferencia Central de Trabajo sobre Finanzas del Partido Comunista Chino en octubre de 2023, Xi subrayó este punto. “Unos pocos países utilizan las finanzas como herramientas para juegos geopolíticos”, afirmó. “Juegan repetidamente con la hegemonía monetaria y con frecuencia blanden el garrote de las sanciones financieras”. Irán y Rusia, entre los países más sancionados del mundo, han abandonado claramente el dólar estadounidense en el comercio bilateral. Sin embargo, Brasil, India y Sudáfrica también han apoyado la adopción de monedas locales y un sistema de pagos conectado de los BRICS, aunque no han expresado interés en socavar el papel central del dólar.

Al igual que con sus demás iniciativas estratégicas, los esfuerzos de China por promover su moneda han enfrentado reveses. El renminbi representa solo el 2,9 % de los pagos globales en términos de valor, y su participación en las reservas mundiales de divisas alcanzó su punto máximo en 2022, con un 2,8 %. Actualmente, ronda el 2,1 %. La plena internacionalización del renminbi requiere una mayor apertura de la cuenta de capital, liberalización financiera y una menor intervención gubernamental en la política monetaria, medidas que podrían socavar el control del Partido Comunista sobre la economía.

Pero China también está dispuesta a abandonar el dólar y expandir el uso de monedas locales sin aumentar el uso del renminbi. Y lo ha logrado, en parte gracias a la instrumentalización del dólar por parte de Washington y a la preocupación de otros países por la sostenibilidad de la deuda estadounidense. La propiedad extranjera de bonos del Tesoro estadounidense ha disminuido del 49 % en 2008 al 30 % en 2024.

CARRERA HACIA LA CIMA, CARRERA HACIA ABAJO

Xi ha dejado claro que desea reformar el sistema internacional de manera que refleje los intereses económicos, políticos y de seguridad de China. Quiere que China lidere la explotación de los fondos marinos, el Ártico y el espacio. Quiere crear un nuevo protocolo de internet que consolide el control estatal. Quiere crear, invertir y comerciar dentro de un sistema financiero global que Estados Unidos y el dólar no dominen. Para lograr estos objetivos, Pekín ha dedicado años – en la mayoría de los casos, décadas – a reunir una cantidad extraordinaria de recursos estatales y privados, desarrollar capital humano, intentar capturar las instituciones existentes y desarrollar otras nuevas. Quizás lo más importante es que Pekín ha persistido. Espera el momento oportuno, adapta sus tácticas y aprovecha las oportunidades para obtener ganancias a medida que surgen.

China aún no ha ganado. De hecho, en muchos aspectos, sus esfuerzos han sido insuficientes. El mundo no ha adoptado plenamente la visión de cambio de China en ningún ámbito. Incluso las economías de ingresos medios y emergentes, a las que China a menudo pretende representar, se han mostrado recelosas ante las propuestas de Pekín. Sin embargo, la estrategia china ha cosechado éxitos notables en cada frontera. El gobierno ocupa una posición de liderazgo dentro de la ISA. Se ha consolidado como líder en el comercio en el Ártico, ha obtenido acceso militar a la región y está redefiniendo las narrativas sobre quién ocupa un lugar en su mesa de toma de decisiones. En el espacio, se ha transformado en una potencia científica y militar de primer nivel. Está avanzando en los organismos normativos que ayudarán a crear y gobernar la infraestructura tecnológica mundial. Ha disminuido el papel del dólar en el sistema financiero internacional, ha aumentado el de su propia moneda en el comercio exterior y ha ampliado el alcance de su sistema de pago alternativo. Y las capacidades que China ha acumulado en cada uno de estos ámbitos, ya sean científicos, diplomáticos, militares, institucionales o físicos, la posicionan para seguir impulsando su visión. Esto significa que, a pesar de sus fracasos hasta la fecha, es poco probable que Beijing cambie de rumbo y seguirá logrando avances.

Para responder, Estados Unidos tiene tres opciones: dar un paso atrás y concederle a China el espacio que desea, intentar encontrar puntos en común o competir activamente. La primera opción es insostenible; dar un paso atrás supondría costos significativos para la capacidad de Estados Unidos de garantizar su seguridad política, económica y nacional. La segunda opción es atractiva, y ambos países podrían ampliar la cooperación científica en las profundidades marinas y el espacio. Sin embargo, en la mayoría de los ámbitos, la brecha entre las respectivas visiones de ambos países es demasiado grande para superarla, al menos a corto plazo.

Eso solo deja la tercera opción. Pero para competir, defender o mejorar la gobernanza actual en áreas fronterizas, Estados Unidos necesitará reconstruir sus capacidades y recuperar su reputación como líder global responsable. Las capacidades técnicas de Washington —incluyendo rompehielos polares, prototipos de minería de fondos marinos, innovaciones en pagos financieros, tecnología de telecomunicaciones, exploración lunar y otras tecnologías espaciales— ya están muy por detrás de las de China o pronto lo estarán. Para solucionar esto, Estados Unidos deberá invertir en cada una de ellas.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha dado algunos pasos iniciales en esta dirección al emitir órdenes ejecutivas que apoyan la construcción de cúteres de seguridad en el Ártico, la desregulación de las industrias relacionadas con el espacio y el envío de astronautas a Marte. Las órdenes de Trump también apoyan el desarrollo de tecnologías de minería de los fondos marinos. Washington respalda las monedas estables y otros activos digitales para impulsar la demanda del dólar, además de promover la tecnología estadounidense de inteligencia artificial a nivel mundial. Sin embargo, estas medidas no ofrecen la hoja de ruta a largo plazo que China ha proporcionado a sus funcionarios e industrias. Estados Unidos necesita una estrategia integral en cada ámbito que incluya una visión clara de sus objetivos económicos y de seguridad, una inversión significativa en capacidades duras críticas a corto plazo y un apoyo sostenido a la investigación y el desarrollo para garantizar la competitividad a largo plazo. Financiar estas inversiones requerirá formas innovadoras de cooperación entre el gobierno y el sector privado, como la Ley CHIPS y Ciencia de la administración Biden sobre semiconductores y la colaboración del Departamento de Defensa de Trump con MP Materials sobre minerales de tierras raras. Estados Unidos también deberá colaborar con sus aliados y socios para garantizar que las instituciones que rigen estos dominios reflejen valores de transparencia, apertura y competencia de mercado. De lo contrario, Estados Unidos no podrá igualar la capacidad de China para cambiar un dominio simplemente reivindicando su control.

Washington también tendrá que restablecer su posición como líder global responsable. La guerra arancelaria de Trump, por ejemplo, ha acelerado la desdolarización al convertir a Estados Unidos en un árbitro poco fiable de la economía global. Como ha señalado el economista Kenneth Rogoff, amenazar a los países solo los incentiva a diversificar sus monedas. La amenaza de la administración Trump de ignorar las prohibiciones de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos a la minería submarina provocará desavenencias con muchos aliados de EE. UU. y podría desestabilizar el régimen de la ISA. Esto podría desencadenar una auténtica carrera hacia el abismo, una que China está mucho mejor preparada para ganar que Estados Unidos, dadas sus capacidades. En áreas como la gobernanza de internet y el sistema financiero global, Washington deberá desplegar todas sus herramientas tecnológicas, financieras y diplomáticas para lograr que otros países se sumen a la visión estadounidense.

Estados Unidos aún tiene una ventana de oportunidad para reafirmar su propuesta de valor y alinear al mundo con su liderazgo. A pesar del comportamiento errático de Trump, Washington sigue siendo un socio más atractivo para la mayoría de los gobiernos. Sin embargo, la administración deberá conciliar su enfoque de “Estados Unidos primero” con la realidad de un mundo cada vez más multipolar, combinando la negociación de acuerdos transaccionales con un marco estratégico más amplio que genere beneficios reales para otros países. La creación de los Acuerdos Artemis por parte de la primera administración Trump ofrece un modelo útil. Los enmarcó como acuerdos basados ​​en normas, transparentes, cooperativos e inclusivos, a la vez que ofrecía programas de desarrollo de capacidades en áreas como el derecho espacial, la gobernanza de recursos y los datos satelitales. Las iniciativas que encarnan este mismo tipo de innovación, apertura y verdadera colaboración distinguen el liderazgo estadounidense del liderazgo chino y brindan la mejor oportunidad para mantener la influencia estadounidense en las fronteras inexploradas del sistema internacional.

Link https://www.foreignaffairs.com/china/how-china-wins-future

spot_img
spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Alejandro Garvie

Atracciones del Circo Davos

Eduardo A. Moro

La paradoja de Europa

Alejandro Garvie

Svalbard