Portugal vota este domingo en una elección histórica. La derecha radical de Chega, liderada por André Ventura, ha pasado por primera vez a una segunda vuelta presidencial. Enfrente, y con las encuestas a favor, estará José António Seguro, exlíder del Partido Socialista (PS) y candidato de la izquierda.
Los politólogos portugueses Pedro Magalhães y Marina Costa Lobo analizan en esta entrevista unos comicios con dinámicas que recuerdan a España y al resto de Europa. En la península ibérica, Vox y Chega se mueven cerca del 20% en intención de voto, mientras los partidos tradicionales, a un lado y a otro, siguen sin una estrategia clara para frenar el ascenso.
“Están aterrados. Chega está creciendo muy rápido, tiene mucho apoyo y Ventura es un líder muy efectivo”, afirma Magalhães sobre el Partido Social Democrata (PSD), la derecha tradicional portuguesa, que gobierna con el primer ministro Luís Montenegro. Incapaces de contener el avance, “la coalición de gobierno ha intentado activamente «robar» la agenda de Chega”, sostiene Costa Lobo, que además describe las elecciones del domingo como “una competición por convertirse en el líder de la derecha” para Ventura.
Ambos coinciden también en la lectura sociológica del país, donde “la percepción de la clase política es extremadamente negativa”. Ese pulso antiestablishment ha podido aupar a la derecha radical, junto con el papel de las redes sociales. Los jóvenes “se han vuelto más derechistas, quizá también por cómo comunican estos partidos”, remata Costa Lobo.
¿Cómo ha podido un candidato de derecha radical llegar a la segunda vuelta presidencial en Portugal? ¿Cómo ha sido la evolución política del país desde las últimas elecciones generales?
Marina Costa Lobo (M. C. L.): Tuvimos elecciones en mayo de 2020 y elecciones generales en mayo de 2025. En esas generales, el gobierno de derechas se reforzó ligeramente. A la vez, Chega (el partido de Ventura) también mejoró un poco, aumentando su número de diputados de cincuenta a sesenta.
Desde entonces, diría que la situación económica en Portugal ha evolucionado de estable a positiva. El gobierno, sin embargo, no es muy popular. Hay varios factores problemáticos, especialmente el sector sanitario. Además, tuvimos incendios recurrentes durante el verano y este verano fue especialmente malo. El ministro del Interior tuvo un mal desempeño, pero el primer ministro Montenegro se ha resistido a cualquier sustitución ministerial. Así que, en términos generales, pese a que la situación económica no es negativa —al contrario—, no podría decir que la popularidad del gobierno esté subiendo.
Pero, ¿cómo llegamos a un escenario con un candidato de derechas como Ventura en segunda vuelta? Aquí hay que pensar en la fragmentación de la derecha con muchos candidatos
La izquierda también estuvo muy dividida, pero de otra forma: tanto el candidato comunista como el de la izquierda nunca superaron el 5% en las encuestas. Era evidente que no tenían ninguna opción. En cambio, en la derecha la distribución de intención de voto era mucho más equilibrada. Lo que se ve a medida que se acerca la primera vuelta es una caída muy importante del apoyo al candidato respaldado por el gobierno de coalición. Luís Marques Mendes cayó drásticamente en las encuestas cerca de la elección. También cayó Henrique Gouveia e Melo, el candidato militar independiente que fue el primero en presentar su candidatura. Mientras tanto, Ventura se consolidó y Cotrim de Figueiredo subió.
Esta campaña fue extremadamente importante por los cambios que se ven en las encuestas. En este sentido, el voto fue muy volátil: la gente no estaba comprometida con su candidato y a medida que avanzaba la campaña cambiaron de preferencia. Finalmente, se alejaron del candidato apoyado por el gobierno y del candidato militar. Y los beneficiarios en la derecha fueron André Ventura y Cotrim de Figueiredo.
Pedro Magalhães (P. M.): Solo quiero añadir un par de apuntes. El hecho de que Ventura lo haya hecho muy bien en estas elecciones presidenciales no es una gran sorpresa, en el sentido de que el resultado que obtuvo Chega en las legislativas anteriores ya fue muy bueno. Y ha estado creciendo muy rápido, por lo que no sorprende a nadie desde ese punto de vista.
Lo que quizá sí sorprende es que fuera él quien pasara a la segunda vuelta de entre toda la derecha. Aquí, tanto la fragmentación de la derecha —que explicaba Marina— como la naturaleza de las presidenciales, tienen un papel importante.
Por supuesto, las identificaciones y los apoyos partidistas no son irrelevantes. Lo sabemos desde hace mucho tiempo: mucha gente vota en las presidenciales según su identificación partidista. Por eso, cuando los partidos respaldan a un candidato, eso importa. Importa para los votantes, pero también para la campaña: la organización local, la “máquina” del partido es algo fundamental.
Dicho esto, estas elecciones son más proclives a un comportamiento algo “desleal” respecto a los partidos. Porque no estás eligiendo al jefe del Ejecutivo. Las personalidades, los perfiles y las campañas se vuelven más importantes. Incluso las encuestas se vuelven más relevantes porque, en cierto sentido, tienes más margen para tomar decisiones estratégicas; piensas de forma distinta a cuando estás eligiendo un Parlamento que decidirá quién gobierna.
Eso ayuda a explicar por qué, por ejemplo, al inicio de la campaña, el candidato respaldado por el gobierno iba quizá no muy bien, pero razonablemente bien. Sin embargo, cuando Cotrim de Figueiredo empezó a subir en las encuestas, se convirtió en un imán para el apoyo de quienes estaban en la derecha.
Si eres votante del PSD, claro que tienes incentivos para seguir las señales del liderazgo del partido. Pero en una presidencial eso no es tan decisivo como cuando votas para elegir —o contribuir a elegir— al gobierno.
¿Cómo está funcionando el cordón sanitario en Portugal? ¿Es sólido o se está resquebrajando?
P. M.: Si miras un par de años atrás, Chega ya fue crucial para apoyar un gobierno en las Azores. Y en el Parlamento, aunque la supervivencia del gobierno no dependa de ningún acuerdo formal con Chega, en la práctica, en el día a día parlamentario, Chega ha estado negociando con el gobierno.
Incluso en Lisboa, en el gobierno local, ha habido negociaciones entre Chega y el PSD. Así que no estoy tan seguro de que el cordón sanitario sea completo o tan estricto como lo ha sido en otros países. Además, el PSD no respaldó oficialmente a ningún candidato para la segunda vuelta, lo cual no es necesariamente lo mismo que respaldar a Ventura. Es, básicamente, decir que desde el punto de vista de las opciones políticas legítimas y viables en estas presidenciales, el primer ministro y el PSD son oficialmente indiferentes.
Eso no significa que no haya figuras del PSD —algunas de ellas— que sí han respaldado a Seguro, que han firmado manifiestos, etc. Pero no es ni de lejos lo que vimos, por ejemplo, hace 20 años en Francia, cuando Le Pen pasó a la segunda vuelta. Sé que es otro mundo y que la derecha radical es una criatura distinta hoy.
M. C. L.: Estoy de acuerdo: ya ha habido acuerdos a nivel subnacional y cooperación en el Parlamento. Además, desde 2025 la coalición de gobierno ha intentado activamente “robar” la agenda de Chega. La estrategia ha sido implementar políticas tipo Chega, especialmente en materia de inmigración y también de ciudadanía, en un intento de reducir el apoyo al partido de André Ventura.
Sin embargo, se ha demostrado que este tipo de comportamiento, en realidad, aumenta el apoyo a este tipo de partidos. Y la coalición de gobierno lo ha estado haciendo. Así que, también a nivel de políticas públicas, yo no diría que exista realmente un cordón sanitario.
Creo que hay un motivo para ese apoyo al candidato de centro-izquierda: hay una razón instrumental. En estas elecciones, Ventura está compitiendo por convertirse en el líder de la derecha. Él sacó 1,4 millones de votos en 2025, y Montenegro recibió 2 millones. Si Ventura recibiera más de lo que recibió Montenegro en 2025, podría afirmar que tiene más legitimidad como líder de la derecha que Montenegro. De hecho, ya puede afirmar que es el representante de la derecha en la segunda vuelta.
Por eso, los políticos de la derecha tradicional tienen un fuerte incentivo para no apoyar a Ventura y avalar a otros candidatos: lo que está en juego aquí, incluso si Ventura pierde, es la disputa por el liderazgo del electorado de derechas. Y lo que vemos en las encuestas es que el electorado de Cotrim podría sentirse atraído por Ventura… esto es un riesgo real para la derecha tradicional en Portugal.
Es verdad, como decía Pedro, que el primer ministro y el PSD no respaldan oficialmente a Seguro. Pero, de hecho, esto beneficia al candidato de izquierdas, que ha tenido suerte en varios momentos porque ahora mismo hay mucha insatisfacción con el gobierno a causa de las inundaciones y por la situación caótica que se está viviendo en Portugal. Un candidato respaldado por el gobierno en esta última semana antes de las elecciones corre el riesgo de perder bastantes votos.
¿El debilitamiento del cordón sanitario desde la derecha clásica llega porque piensan que no sirve (estrategia) o porque se sienten más cercanos a la derecha radical (ideología)?
M. C. L.: El PSD es como una “iglesia amplia”. Es un partido que incluye a liberales muy de derechas. Ese fue el caso del anterior primer ministro del partido, Pedro Passos Coelho. También incluye gente que se define como socialdemócrata, como su anterior líder, Rui Rio. Montenegro, en cambio, está menos definido; diría que es más pragmático. Estas no son corrientes oficiales, pero sí hay tendencias distintas.
A un lado tienes a quienes están más cerca de Passos Coelho —que querrían que volviera a liderar— y que estarían completamente cómodos con una coalición con Chega. De hecho, creen que es importante construir esos puentes para que una derecha muy fragmentada pueda gobernar con estabilidad.
Pero también hay gente en el PSD más cercana a una posición distinta. Y, por ahora, la estrategia de Montenegro es construir la coalición del PSD sin Chega. El intento ha sido distribuir financiación estatal para aumentar la popularidad del gobierno y así reducir la necesidad de una coalición con Chega.
P. M.: Sí, no creo que sea ideológico. Sobre todo porque el PSD —y en cierto modo el PS— son dos partidos internamente muy diversos. Por supuesto, hay un núcleo de ideas, pero son partidos muy heterogéneos.
En el PSD es igual. Y, especialmente en este liderazgo en particular, no estamos ante gente muy ideológica. Al contrario, son muy pragmáticos: no necesariamente de las élites urbanas de Lisboa, sino con mucha experiencia en gobiernos locales, y en las estructuras nacionales y territoriales del partido. No diría que sean especialmente ideológicas.
Lo que está pasando es relativamente simple: están aterrados. Chega está creciendo muy rápido, tiene mucho apoyo, y Ventura es un líder muy efectivo. Así que están asustados y sienten —como ha ocurrido con otros partidos de centroderecha en Europa— que deben hacer algo.
Por eso, de repente, la inmigración se vuelve tan importante. Hablan de un “problema” de inmigración, hablan de percepciones… en ese tema en particular, el PSD ha cambiado de rumbo muy, muy rápido. Están intentando adoptar posiciones que reduzcan las pérdidas de electorado hacia Chega.
Al mismo tiempo, temen que recurrir sistemáticamente al Partido Socialista y dejar fuera a Chega solo haría más fuerte a la derecha radical. Porque Chega podría afirmar —como ya hace— que esto es “el sistema” y que las élites de los partidos mainstream corruptos están conspirando y coludiendo contra el pueblo. Es un discurso que Chega repite una y otra vez y creo que es muy eficaz.
M. C. L.: Exacto. Y añadiría algo más: es importante entender que la mayor parte del electorado de Chega viene o bien de la abstención o bien del PSD.
P. M.: Sí, es cierto, pero también hay una parte que llega del PS.
Hace tiempo, España y Portugal eran la excepción europea porque no tenían un partido de derecha radical fuerte. Sin embargo, casi a la vez, Chega y Vox empezaron a subir. Hoy, ambos están sobre el 20% en las encuestas: ¿por qué creen que España y Portugal comparten estas tendencias y por qué la derecha radical crece a la vez?
P. M.: Es una pregunta muy importante, no solo para estudiar la política portuguesa, sino la política europea. Recuerdo que se decían muchas cosas. Por ejemplo, que Portugal era “especial” por el legado de la transición. Y, claro, ahí no se hacía una comparación con España.
Para mí hay una cosa clave. Quienes llevamos mucho tiempo mirando encuestas —gente como Marina, o como yo— hemos venido diciendo ciertas cosas durante años, mucho antes de que existiera Chega. La primera: en Portugal, la percepción de la clase política es extremadamente negativa. Esto ocurre en muchos sitios, pero en Portugal lo encuentras a un nivel muy alto. Hemos hecho encuestas, por ejemplo, sobre corrupción, y preguntamos algo así: imagina que Portugal tiene cien políticos. ¿Cuántos crees que son corruptos? Y la media está por encima de noventa. Esta idea de la clase política como una élite corrupta y malvada lleva mucho tiempo ahí.
La segunda: también llevamos años viendo, en preguntas sobre actitudes democráticas, respuestas preocupantes. Hay una pregunta en el World Values Survey: pregunta si un “líder fuerte” que no necesita preocuparse por el Parlamento o por elecciones parlamentarias es algo bueno o malo. Portugal está entre los países europeos donde la gente dice que es algo bueno. Y esto no es reciente: lleva ocurriendo veinte años.
Tercera: hay una ideología nacional que está por todas partes. Portugal y los portugueses tienen esta idea de que tuvimos una “colonización especial”, una “relación especial” con las minorías y con otras etnias; que somos amables, gentiles. Pero con datos de encuestas europeas en Portugal vemos una historia distinta: este era el país donde más gente en Europa decía que hay razas o etnias menos inteligentes que otras.
El nivel de hostilidad hacia la clase política, el nivel de desconfianza hacia la democracia y el nivel de —llámalo xenofobia o racismo— es muy alto. Si tienes un partido que activa todo eso, te va a ir muy bien. ¿Por qué no tuvo éxito antes? Porque la oferta era inadecuada. La demanda estaba ahí y llevaba ahí mucho tiempo, lo hemos dicho durante años. Ahora, con Ventura, se está demostrando.
Por otro lado, no quiero decir que toda persona que vote a Chega sea racista o antidemócrata. Eso no es cierto. Sería difícil sostener ese nivel de apoyo si lo fuera. Pero, desde luego, hay una correlación: el voto a Chega está relacionado con esas actitudes. Y esa demanda masiva por un partido de estas características ha existido desde hace mucho tiempo.
M. C. L.: Estoy completamente de acuerdo: había demanda para un partido así, pero no había oferta. André Ventura es una figura muy divisiva. Genera mucho rechazo en la izquierda, pero también mucha atracción y apoyo en la derecha. Tiene cualidades que una parte del electorado portugués aprecia. Diría que hubo un mecanismo clave: André Ventura entra en el Parlamento en 2019 como único diputado. Solo él, pero desde el momento en que se convierte en diputado, su discurso queda legitimado.
Los medios en Portugal habían sido extremadamente cautelosos a la hora de dar espacio a este tipo de narrativas. Pero, cuando André Ventura entra en el Parlamento, pasa a ser legítimo —no solo legítimo, sino necesario— tratar a todos los partidos por igual e invitarlo. Es en este punto cuando se produce un cambio: de repente se vuelve “legítimo” discutir si debería haber leyes de ciudadanía más estrictas, si hay “tipos” de portugueses que no merecen prestaciones del Estado del bienestar como otros, los inmigrantes… Todos estos temas no estaban en la agenda política y, de golpe, pasan a estarlo.
Los medios tienen un papel muy importante en esta historia. Y ahora tenemos evidencia de que estos medios dieron una atención desproporcionada a André Ventura. Porque, al mismo tiempo que el líder de Chega entró en el Parlamento, también entró Iniciativa Liberal, y lo hizo igual, con un único diputado. Y, aun así, André Ventura recibió una cobertura desproporcionada.
Y, en tercer lugar, es difícil entender su crecimiento sin pensar en el mundo de las redes sociales. André Ventura y los partidos nuevos —Iniciativa Liberal también— son muy buenos comunicando en redes. Los partidos tradicionales en Portugal son terribles: están ausentes, o no tienen una estrategia clara.
En cambio, estos partidos, y especialmente André Ventura y Chega, han crecido mucho y, comparativamente, ganan en seguidores, en likes, en interacciones, en todas las plataformas. Han explotado ese canal en su beneficio, también entre los jóvenes. Y el voto joven importa: los jóvenes en Portugal han abandonado bastante al Partido Socialista. Lo vimos en las últimas legislativas. Se han vuelto más derechistas, quizá también por cómo comunican estos partidos.
Una última pregunta, sobre estas elecciones desde un punto de vista europeo. Portugal ha ganado relevancia gracias a António Costa y su presidencia en el Consejo Europeo. ¿Sería muy distinto para Portugal tener ahora un presidente de derecha radical?
M. C. L.: El presidente de Portugal no es el jefe de gobierno. Y, a diferencia de Francia —donde el presidente está en el Consejo Europeo y es, de facto, el principal poder ejecutivo—, en Portugal, si André Ventura ganara mañana, no estaría en el Consejo Europeo.
El presidente tiene un papel “blando” en política exterior. No es quien, en la práctica, conduce la política europea. Eso corresponde al Gobierno.
Por supuesto, habría un impacto enorme en términos de familias políticas y de influencia, porque Ventura es el líder del partido Chega y trataría de “presidencializar” el régimen; intentaría convertirse en el líder efectivo de la derecha en el Parlamento, aunque eso sería una pelea difícil.
En cuanto al escenario europeo, el presidente no desempeña un papel institucional en Europa, diría, al menos, para responder de forma breve.
P. M.: Es interesante ir un poco más allá. Es cierto que el presidente portugués no es el jefe del Ejecutivo. Pero si el presidente fuera Ventura, imaginemos que Chega estuviera en el Gobierno o incluso fuera el partido principal del gobierno: entonces Ventura se convierte en el jefe del Ejecutivo.
Sé que puede parecer un escenario improbable, pero en la práctica eso haría que el sistema portugués se pareciera al francés. Recuerda que el presidente tiene poder para disolver el Parlamento. Tiene poder para destituir al gobierno, aunque hay una provisión constitucional que dice que solo en determinadas condiciones; pero quien interpreta si esas condiciones se dan es el presidente.
El presidente puede nombrar al primer ministro. Así que, si Chega tiene una posición fuerte en el Parlamento —o incluso dominante—, Ventura se convertiría en uno de los jefes de gobierno más poderosos de Europa. Por lo tanto, si eres partidario de Ventura, realmente quieres ponerlo ahí. Y si te preocupa, realmente quieres evitar que llegue.
Muchas gracias a ambos.








