menu
Opinión 21 09 2022

Chau Soda


Autor: Aníbal Barengo









Hace 25 años Gustavo Cerati dejaba en River una huella de esas que las siguientes generaciones seguirán repitiendo sin necesidad de conocer su origen o significado.

Su saludo “gracias totales” quedó marcado a fuego al fin de los últimos acordes De Música Ligera que de ligera no tenía nada.

Gracias totales se sigue repitiendo como mantra, como canción de cancha apoyada en melodías de propaganda de marcas de vino que no existen más o de slogans de la dictadura de canciones a soldados.

Y si no lo recuerdan desafío a memoriosos de Rojo Trapal o aquella que empezaba con: “hoy le escribí una carta, A mi querido hermano…”

Allá por 1997 algunos todavía no éramos padres o estábamos por serlo y la entrada a River era poco menos que inaccesible.

Se hablaba de una banda dividida (y no por la felicidad) Un “Té para tres” que ni se hablaban aunque se despidieran haciendo magia en el  escenario.

Rumores diversos y confusos. Celos. Vidriera. Cartelera. Demasiado peso específico para permanecer dos horas juntos sobre el mismo escenario. Ya se había mencionado que más allá de las multitudes que seguían convocando no habría escenario que los resista.

Luca había muerto y Cerati no. Por más deseo explícito de otro cantito en boga.

¿Es de argentinos negar la muerte del muerto y desear la muerte del vivo?

Mi vieja me decía que la invitara a comer y que después me ahorrara las flores. Soda no se fue en el 97 como un velorio en vida. Las multitudes que colmamos el estadio del barrio de Belgrano cantamos hasta el desafuero las bandas de sonido de nuestra juventud sin desearle la muerte a nadie. Éramos criaturas aladas extrañando la tierra.

No nos importaba mucho que el zorrito Quintiero y su dudoso “von” de alta alcurnia tuviera más glamour que Daniel Sais. O que Daniel Melero haya sido el autor de Trátame Suavemente.

Solo queríamos que esas noches durasen para siempre porque la salida del sol iba a derretir la magia y nuestras alas nos precipitarían al suelo a un millón de años luz de casa, Está muy bien cerrar un ciclo celebrando todo lo bueno transcurrido, esa música que nos transformó a todos para siempre, porque Soda se iba y ya no estaríamos nunca más completos.

La despedida de Soda. Esta primera despedida, ya que una década más tarde, con años trágicos en el medio, hubo otra; definitiva, y sería en el 2007, también en River.

Ya éramos padres y fuimos con nuestros hijos, con los que luego lloraríamos juntos el daño cerebral de un vuelo de Bogotá a Caracas.

Pero también nos percibimos paridores de una nueva época atravesada por la poesía y el sonido estridente de estos pibes que se vestían como The Cure y que sonaban a aplanadora. De Alfonsín a Menem, Soda también nos acompañó políticamente, por eso también nos dolió ese "chau", como adivinando que todo lo que iba a suceder después no iba a estar bueno.

Entonces fue que después de escuchar ese "gracias totales" nos miramos unos a otros para descubrir que ya no éramos los mismos ni estaríamos nunca más completos.

Chau Soda,

Gracias totales.