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Carolina Tohá: “El ciclo de los outsiders no va a ser para siempre”

Entrevistamos a la ex Ministra del Interior y ex precandidata a presidente de Chile, Carolina Tohá, quien visitó nuestro país hace algunos días para las Jornadas de Ciencia Política 2026, organizadas por la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires.

Nos gustaría empezar haciendo un poco de historia sobre su carrera política. Usted viene de la experiencia universitaria durante la transición a la democracia en Chile.

Durante la dictadura. Durante la dictadura, exactamente. Antes de la transición. Bien, ¿y qué podemos destacar de esa experiencia histórica? Bueno, muchas cosas. A mí me tocó participar del movimiento estudiantil en dictadura y el movimiento estudiantil fue muy determinante en la lucha democrática, junto con otros actores obviamente, porque logró muy tempranamente triunfos en el ámbito universitario, fue recuperando ciertos espacios de libertad cuando todavía a nivel nacional eso estaba muy lejano, y lo hizo sobre la base de una síntesis política que se adelantó a la que después hizo la Concertación. Se adelantó en el sentido de que construyó alianzas mucho más amplias de las que habían sido tradicionales, y la construyó impulsadas por una especie de ethos de fuerzas democráticas que se creó bajo la experiencia dictatorial. Antes de eso estábamos mucho más marcados por diferencias ideológicas, especialmente los partidos ligados al centro político, la Democracia Cristiana y la izquierda venían de desencuentros muy profundos a pesar de que tenían afinidades programáticas grandes, pero estaban en familias ideológicas distintas y eso en el contexto de la Guerra Fría los hizo pelear, pero en contexto de dictadura los hizo unirse porque había un bien común superior a estas diferencias que era recuperar la democracia. Y eso que se logró en el ámbito estudiantil posteriormente estuvo presente en la política adulta, por decirlo así, y fue clave para la transición y para la estabilidad democrática y para la mayoría que se conformó por largo tiempo progresista en Chile sobre la base de ese clivaje.

Además, el movimiento estudiantil fue muy determinante en generar una estrategia de acción basada en la movilización, en alianzas con actores sociales y en ir tomar cada vez distancia de estrategias más violentas que tenían un impacto complejo porque alentaban el temor y alentaban a algunos sectores que no les gustaba la dictadura a mantenerse neutrales porque tenían también miedo de la violencia. Entonces cuando el movimiento social se hizo tan categóricamente distante a la violencia, logró convocar a mucha más gente, logró derribar muchas barreras que había en esos años y eso también fue muy importante después cuando vino el plebiscito y sumó al “NO” a grupos que habían estado vacilantes o que incluso habían coqueteado con la dictadura en algún minuto.

¿Encuentra alguna diferencia entre ese movimiento estudiantil y el último que se generó en Chile?

Sí, claro. Fundamentalmente que uno se hace en dictadura y uno se hace en democracia, y eso hace toda la diferencia del mundo. En contexto democrático tú puedes acumular fuerza y plantear posturas y hacer críticas sin riesgo a que si te equivocas lo que vas a sacrificar es ese mínimo que es la conquista democrática. De hecho, el movimiento estudiantil reciente, digamos, ese espacio, hizo un planteamiento muy duro de crítica a actores, a su vez democráticos, incluso progresistas, que habían gobernado. Una crítica que desde mi punto de vista muchas veces fue exagerada, pero eso en democracia, es válido, es posible, es criticable, pero no es algo éticamente contrario a participar del debate público. En cambio, cuando estás en dictadura, ese tipo de errores se paga de otra manera, se paga con la permanencia de la dictadura, y se paga también con la exacerbación de la represión.

En el momento de la transición de la dictadura a la democracia, ¿en qué partido político militaba?

En esa época yo me identificaba como socialista, pero el socialismo estaba fragmentado, entonces yo no estaba en ningún grupo particular, estaba en esa gran familia socialista que en esa época estaba muy dividida y que después participó cuando vino el plebiscito de la formación del PPD (Partido por la Democracia). Como no se podía legalmente constituir el Partido Socialista porque la dictadura tenía prohibidos esos partidos, se armó un partido instrumental para enfrentar el plebiscito que fue el PPD, y ahí convergimos personas de distintas familias políticas, y yo también fui parte de ese proceso.

¿Permanece allí desde entonces?

Permanezco, o sea, estoy en ese partido, pero no permanecí todo el tiempo porque una época me salí, me salí porque cuando se salieron los socialistas para refundar el PS, yo tuve una crítica muy profunda porque yo era partidaria de que siguiéramos todos juntos ahí. Y en esa, mi nota de protesta fue salirme, pero después me reinscribí cuando fui diputada. Y a lo largo de toda esa trayectoria, sí, ha pasado por distintos cargos, además de diputada, alcalde de la Comuna de Santiago de Chile y presidenta del partido.

¿Cuál fue la mejor experiencia política y la que le dio más satisfacciones?

Para mí, sin duda, las mejores experiencias han sido las que están en el ámbito ejecutivo. La alcaldía de Santiago y los dos ministerios que se administran. Los cargos de dirección política al interior de los partidos son extremadamente ingratos, muy áridos, con situaciones cotidianas que son muy desgastadoras porque principalmente están ordenados a los tuyos propios. Y las diferencias y las tensiones con los tuyos propios se viven mucho peor que las diferencias con los adversarios. Entonces, cualquier persona que le preguntes que ha sido presidenta de su partido te va a decir que no fueron sus mejores años. Y después fui parlamentaria dos periodos. Esa fue una experiencia muy interesante. Me tocó estar en una época en que se hicieron reformas, fue con gobiernos progresistas. Entonces, desde el Parlamento se acompañaron reformas muy importantes, eso fue muy interesante, pero del punto de vista de tu realización en la política, nada supera la experiencia de estar en un cargo ejecutivo, trabajar con un equipo, tener un propósito común, tener competencias para desarrollar cosas y no solamente estar en el debate sino en la acción. Y eso evidentemente está en el municipio y ya ni te digo en el Ministerio del Interior. Está muy presente.

¿Qué restricciones se encuentran cuando uno está en ámbitos ejecutivos que cuando está en un ámbito legislativo no logra ver?

Creo que es muy rico lo que te da haber conocido el accionar político desde distintos puntos de vista. Cuando tú legislas, legislas, generas un sistema de reglas y de conceptos, pero la realidad tiene muchas otras dimensiones que solo ves cuando estás ahí en las instituciones actuando. Y muchas veces legislaciones que tienen muy buenas intenciones pasan por alto dimensiones gigantescas de la realidad que después hacen muy complejo llevar a cabo esas Además, creo yo que eso para mi experiencia es lo más significativo, las leyes cada una tiene su lógica, su objetivo, pero la gestión pública junta todas las cosas y el instrumental con que se trabaja cuando se actúa no es una ley en particular, sino todas las leyes juntas, los presupuestos que tienen, las capacidades humanas, la cultura institucional que tienes a tu espalda, y eso es muy difícil verlo desde el ejercicio legislativo. Evidentemente son roles distintos, tampoco uno esperaría que se viera de la misma manera, pero sin duda es más completo lo que ves cuando estás en el Ejecutivo y las leyes son parte de tu realidad y hay otras partes más, que cuando estás en un proceso de definir simplemente la ley. Volviendo un poquito históricamente, el proceso de la Concertación fue bastante extenso, casi veinte años, es algo que no suele verse en el resto de las experiencias latinoamericanas. Por lo menos en nuestro país no se dio nunca antes esa colaboración que sí se dio entre distintas familias políticas desde la Transición en adelante.

¿Qué factores determinaron que la concertación se mantenga tan firme durante tanto tiempo, incluso pasando a la oposición en su momento y volviendo a retomar el poder?

Son dos factores, creo. En primer lugar, el trauma de la dictadura, el precio que se pagó por no entenderse. Cómo se le tomó, digamos, se tomó peso del impacto que tiene romper la familia progresista y generar espacio para que sectores más conservadores hagan o sumen fuerzas con sectores que tienen más bien inspiración de tipo progresista. Pero creo que eso, el trauma no es suficiente, porque yo creo que el trauma lo tuvieron ustedes aquí también, y en realidad todos pasamos por el trauma, ¿no? Yo creo que en Chile eso estuvo acompañado por un ejercicio que encabezaron liderazgos particulares de reflexión política y de elaboración de esa experiencia, que caló muy hondo en la doctrina de los partidos, en su concepción política, en sus valores, en su equilibrio de valores. Largos años de dictadura dedicados a la reflexión, dedicados al debate, dedicados a enfrentar temas incómodos, duros, como entender esa derrota, como entender las fallas propias y no solamente enjuiciar a la otra parte, que fue un ejercicio que se hizo en Chile y en el exilio, y que hicieron los distintos partidos. Se fragmentaron, se dividieron producto de esa discusión porque fue dolorosa y lacerante, pero la insistencia después de un tiempo los fue haciendo converger con esa reflexión hecha. Muchas veces para evitarse ese problema se evita dar esos debates y ciertamente no pasas por esa división, pero nunca tampoco madura la experiencia. Yo creo que en Chile eso se hizo y lo hizo la izquierda derrotada y herida como estaba, y lo hizo también el centro político de la Democracia Cristiana. Y creo que eso es el cemento que le dio solidez a ese proceso, fue la reflexión que hubo detrás, política, intelectual, que se llevó a cabo en los años de dictadura.

¿Y el tiempo? La dictadura en Argentina duró siete años, que en general el promedio de lo que duraban las dictaduras en nuestro país, pero en cambio la de ustedes fue una dictadura larga, entre 1973 y 1989, dieciséis años. ¿Eso influyó también como elemento de construcción de la herramienta que fue la Concertación?

Influyó porque fue un tiempo largo en que este proceso se pudo desarrollar, pero creo que influyó también en otro aspecto, porque la dictadura chilena no solo fue un gobierno de facto autoritario represivo, sino que fue un gobierno con ambiciones refundacionales que hizo de reconfigurar la institucionalidad, el pacto nacional en sus bases, y para eso reformó instituciones históricas, hizo cambios muy profundos. Muchos de ellos hasta el día de hoy siguen vigentes, otros no, pero dejó una huella muy profunda. Entonces eso también significó que esto no se trataba solamente de cambiar el régimen dictatorial por un régimen democrático, sino de preguntarse qué tipo de país queríamos hacer hacia adelante, porque ya no teníamos, no contábamos, digamos, con la base institucional republicana que el país había tenido. Ha sido modificado totalmente desde la Constitución, el sistema de previsión, el sistema de salud, el sistema de educación. Se cambiaron radicalmente en Chile en esos años y se cambiaron por un modelo muy, digamos, nítido, muy ideológico. De carácter neoliberal. Entonces eso obligó también a hacer una discusión más a fondo respecto de cómo se iba a administrar una transición democrática y reconstruir el país sobre esas bases institucionales con las que hubo que pararse por el tipo de transición que tuvimos.

Ustedes parten de la base de un referéndum que fue el del año 1988. Ahora, últimamente han tenido también referéndums.

Mejor olvidarlo, mejor dejémoslo en el pasado.

Justamente eso quería preguntarle, ¿cuál es la diferencia con aquel que fue de alguna manera fundacional de un nuevo sistema político?

Yo te digo la diferencia inmediatamente. En el plebiscito del 88 hubo una mayoría progresista que hizo un diseño estratégico muy bien pensado, muy sensato, muy realista. Estableció prioridades y concentró su estrategia en cuidar esas prioridades. En el proceso constitucional fue todo lo contrario, se exacerbaron decenas de ambiciones, proyectos, grupos, ideas, cada uno con su prioridad distinta. Se amalgamaron en una propuesta que en su conjunto para la sociedad chilena fue demasiado y se dilapidó el momento de mayor fuerza que ha tenido el progresismo en la historia de Chile, se dilapidó producto de esos excesos y también producto de eso se generaron condiciones para una especie de resaca conservadora que dio lugar al segundo proceso constitucional con mayoría derechista, que también cometió el mismo error, se exacerbaron los deseos, se hicieron todos los gustos ideológicos, y también la sociedad rechazó esa propuesta. Entonces, al final, aquí la izquierda tuvo su momento de vergüenza, la derecha tuvo su momento de vergüenza, pero en conjunto la política defraudó profundamente a la sociedad.

Ya en el gobierno de Boric, ¿Cuáles fueron los desafíos que tuvo en el Ministerio en los últimos tiempos?

Bueno, el primero, que fue el que dio lugar a mi convocatoria, es que el Gobierno del Presidente Boric llegó al poder con un mandato y un clima social que cambió radicalmente a muy poco andar. Una sociedad que había elegido una convención constitucional ultracrítica con un proyecto de cambios estructurales, que había elegido un gobernante muy joven también con una ambición de transformaciones muy radicales, a poco andar tuvo un cambio de prioridades absoluto y de querer refundación empezó a exigir seguridad, de querer cambio empezó a pedir estabilidad. Y el núcleo original que el gobierno tenía, que además eran extraordinariamente jóvenes, se vio prácticamente sin piso político y social, cuando recién partía su gobierno. Entonces, lo primero fue reorientar el gobierno en este contexto, preservando la promesa de algunas de las reformas más importantes que se proponían, pero también mesurando el resto del programa a la realidad y recogiendo prioridades nuevas que estaban muy arriba y que no estaban en el proyecto original. La mayor de ellas, que sí me tocó justamente a mí llevar adelante fue la de la seguridad, y la segunda era la de la estabilidad económica, que después de la pandemia y después de la crisis de inflación y la amenaza de recesión pasó a ser algo muy urgente. Creo que realmente es un caso muy dramático para un gobierno que le toca a muy poco andar y con una gran juventud como característica de repensar su gestión y adaptarse a condiciones tan desafiantes como fue lo que el gobierno presidencial logró.

¿Por qué tomó la decisión de separar los asuntos de seguridad de los asuntos públicos del Ministerio?

La razón principal es que la seguridad se ha vuelto un tema tan presente en la política latinoamericana y crecientemente complejo, que es muy difícil tratarlo de manera seria, con políticas de Estado que tengan solidez en el tiempo, a través de un Ministerio político. Un Ministerio que está tan cerca de los presidentes, que tiene una rotación de personal muy ligada a los cambios de signo de los gobiernos y que está en medio de la contingencia. Si uno espera que la política de seguridad sea una política, como decía recién, que tenga una transversalidad en la sociedad, que tenga una solidez en el tiempo, que tenga equipos estables con capacidades del Estado y no solo del gobierno de turno, es muy difícil lograr eso con un ministerio hiperpolítico y tan cercano al centro de gobierno. Es mejor llevarlo a un ministerio especializado, como es el Ministerio de Salud, como es el Ministerio de Obras Públicas, como es el Ministerio de Educación. Esos ministerios que llevan adelante planes que trascienden los gobiernos y que tienen instituciones, que tienen apoyo, requieren instituciones que tienen apoyo transversal en la sociedad, y no solamente del gobierno de turno o de la mayoría transitoria que pueda haber en un momento. Esa es la razón principal, pero a eso se suma otra, y es que por el tipo de evolución que ha tenido la temática de la seguridad, actualmente su tratamiento requiere estrategias bastante más complejas, sofisticadas, que implican involucrar a muchas instituciones, muchas de ellas que no son del área de la seguridad, como por ejemplo la institucionalidad financiera o la institucionalidad portuaria, o los niveles subnacionales de gobierno, o el propio sector privado. Y eso como configuración institucional es muy distinto que simplemente el mando y la policía, ¿no? Es una forma de articular política mucho más compleja, con más elementos, que requiere de manera muy relevante el manejo de información, la interoperabilidad tecnológica. Entonces es también un cambio de ADN institucional que se requiere y que se logró en este cambio general en el nuevo Ministerio y que no estaba en la tradición del Ministerio del Interior.

Sobre las últimas noticias de que el presidente Kast quiere convertir el tema de la seguridad en una cuestión extraordinaria, es decir, en determinados momentos quitar todo tipo de control del Congreso para que pase solamente un decisionismo ejecutivo, una cuestión que obviamente choca con lo que viene planteando la necesidad de la continuidad de las políticas públicas. ¿Qué opinión le merece?

Bueno, en seguridad hay dos grandes, pilares: uno es el pilar preventivo y otro es el pilar del control y la persecución. Lo primero es que el pilar preventivo en este gobierno salió del léxico, ya no se habla de eso, pero en el pilar del control y la persecución que desarrollamos muy fuertemente en el gobierno del Presidente Boric, cuando era ministra, también hay dos familias. Y hay una familia que cree que para hacer mejor esa función hay que fortalecer el Estado, organizarlo mejor, hacerlo más eficiente, darle recursos, coordinarlo más. Y hay una familia que cree que lo que hay que hacer es quitar las amarras, quitar los controles, quitar la protección de las garantías constitucionales, quitar los contrapesos.

Y esta reforma que se está proponiendo va en esa familia de ideas: soltarle los brazos al Estado, no poner límites, no ponerle controles y de alguna manera establecer que en ciertos contextos la seguridad importa más que la libertad, importa más que otras garantías constitucionales. Son claramente agendas que se inscriben en un aroma autoritario e iliberal que en Chile afortunadamente está siendo muy transversalmente rechazada. Incluso por agentes que son parte del propio gobierno, como la derecha tradicional. Es de esperar que así continúe y que no tenga éxito esto. Porque no solo es poco democrático, sino que además es ineficaz. Lo que Chile necesita son otras cosas, no esto.

¿Por qué cree que se da este cambio en que Chile, que para nosotros siempre fue un ejemplo de institucionalidad, de respeto mutuo entre los partidos políticos, entre las distintas familias tradicionales y de repente aparece este liberalismo en esta última elección y además gana?

Primero yo creo que en Chile a pesar de que se ha elegido un gobierno que viene de esta familia, de estas derechas radicales, las instituciones han operado y han cumplido su función y han reaccionado también cuando ha habido actitudes inadecuadas. Y yo creo que desde ese punto de vista la institucionalidad hasta el momento ha respondido. Otra cosa es que la preferencia política tan radical uno no lo hubiera esperado en Chile, ¿verdad? Entonces, ¿por qué llegó a conformarse un gobierno de esta naturaleza? Bueno, hay factores globales, estas ideas están teniendo éxito en todas partes, están de alguna manera aprovechando el desconcierto, el temor que hay por un cambio de era que estamos viviendo para la cual hay poca respuesta o insuficiente respuesta desde el pensamiento más democrático y más progresista.

Pero además en Chile creo que se generaron condiciones favorables a esto producto del nivel de incertidumbre y radicalidad que se ha vivido en los últimos años a propósito del proceso del estallido y de los procesos constitucionales. Eso es un campo, digamos, de cultivo muy fértil para este tipo de ideas, ¿no? Porque hubo mucha incertidumbre, porque se pusieron en duda y se plantearon cambios tan radicales que hicieron que muchos grupos se sintieran amenazados, que muchos grupos se sintieran intimidados. Y desde el miedo estas ideas sacan fuerza, ¿no? Cuando la ciudadanía tiene temor es que recurra a ideas de este tipo y así ha sido en toda la historia. En Chile, entre el 2015 y el 2022 fue escalando una situación de inseguridad creciente y en paralelo a lo anterior entonces supo un dividendo adicional que empujó en esa misma dirección. Bien.

Eso siempre empuja y siempre exacerba los miedos, ¿no? A veces incluso cuando no hay tanta inseguridad como lo demuestran los números reales como la sociedad cree que hay, ¿no?

Eso se presta una lectura con la que yo creo que hay que ser cuidadosos porque Chile efectivamente tiene números que son mucho mejores que casi toda Latinoamérica, lo mismo que ustedes también tienen en ese sentido, comparado con Latinoamérica, una situación mucho mejor. Pero dentro de esa realidad Chile vio un cambio desde el 2015 hasta el 2022 muy grande. Vio la llegada del crimen organizado, vio el aumento de los homicidios, la presencia de armas. Y en la experiencia de las personas eso se percibe como un gran deterioro. Aunque los números sigan siendo mucho mejores que los del resto de Latinoamérica. Entonces creo que es mejor recoger que hay ubiquidad válida que compararse con otros países que están mucho peor y decir, no se justifica este temor, ¿no?

¿Y eso geográficamente se ubicaba en la región de Santiago o es algo que se daba a lo largo de todo el país?

No, se ha dado en todo el país, pero especialmente con mayor intensidad y primero en el norte. Porque ahí es donde primero se alojaron estas acciones ligadas al crimen organizado. Las bandas de crimen organizado aprovecharon las corrientes migratorias para entrar al país. No es que las corrientes migratorias sean de crimen organizado, sino que el crimen organizado las aprovecha. Y eso se sintió como el punto más vulnerable de nuestra frontera en el norte. Y eso llevó a que el norte de Chile llegó a tener índices de homicidios más de tres veces superiores al resto del país. Y empezó a tener una evolución política el producto de esto también, buscando propuestas outsiders o propuestas antisistema y grupos más ligados a la derecha antes que en el resto del país. Es muy sintomático ver cómo estas cosas sucedieron de manera simultánea. Y de a poco empezaron a calar el resto del territorio a la medida que estos grupos empezaron a distribuir y avanzar hacia el sur.

Respecto a lo que hablábamos al inicio sobre el aprendizaje de las familias de centro izquierda y de centro derecha durante la dictadura para construir esa herramienta extraordinaria que fue la Concertación en un primer momento y las reformas que se pudieron hacer. ¿Hay ya algún tipo de aprendizaje sobre esta última experiencia y sobre los resultados de las últimas elecciones y el poco tiempo que lleva el actual presidente en el poder?

Pienso que sí. Especialmente ha sido muy importante la voz del propio presidente Boric como presidente en ejercicios y ahora como expresidente. Una voz muy crítica y muy reflexiva respecto a esta experiencia, a lo que falló, a lo que se equivocó. Incluso cuando todavía era gobernante, es inédito porque gobernantes autocríticos no suelen verse mucho. Y creo que al interior de distintas fuerzas políticas y en la actualidad en muchos espacios que se han ido creando, se está haciendo intensamente esa reflexión.

Va a ser necesario dar un paso más, creo, porque junto con entender lo que pasó en los últimos años, los progresismos en Latinoamérica, en todo el mundo, van a tener que entender qué quieren ofrecer hacia adelante. Este es un mundo demasiado distinto. El instrumental del siglo XX no alcanza. Mucho de ese instrumental estaba ya desgastado en el siglo XX. Tenía ya muchas pruebas de ser insuficiente o de tener problemas. Entonces hay un progresismo que requiere revitalizar su proyecto, renovarlo, y para eso hay que partir por mirar la experiencia reciente, pero no basta. Después hay que hacer un trabajo más creativo de construcción de proyectos.

Usted fue precandidata, por la alianza de gobierno, a presidenta. ¿Cómo le resultó esa experiencia?

Bueno, al final del día mala porque perdí. Pero mientras estuve ahí fue bueno. Yo creo que es un laboratorio interesante de mirar. Porque esa fue una primaria en que yo tenía un diseño, como era la candidata que en teoría tenía más posibilidades. Entonces se hizo una campaña de primarias pensando en que tenía que ser coherente con una campaña presidencial que vendría después. Era como el primer paso de una campaña presidencial en que tú le hablabas a un electorado muy amplio. Y tenías que empezar a dar señales para ese electorado desde el primer momento. Sin embargo lo que sucedió es que la primaria tuvo una participación muy baja. Votó un electorado muy cercano al gobierno. Y el diseño que habíamos hecho como candidatura, por lo tanto, no funcionó en lo más mínimo. Le hablamos a un electorado y votó otro electorado.

También fue muy importante en esa elección, que a pesar de que tanto Jeanette Jara que ganó como yo, éramos ex ministras del presente gobierno, yo era una política con una trayectoria mucho más conocida, que venía desde la universidad, que había participado en varios gobiernos. Entonces el peso de ser incumbente cayó sobre mí.

Y Jeanette, que era igualmente ministra, no venía de un lugar tan lejano al poder, pero ella representaba mucho más un grupo no incumbente. Era ella como la desafiante y yo la incumbente. Y eso fue tremendamente desfavorecedor en un contexto en que las personas andan buscando sujetos ajenos al sistema político.

Y el presidente Kast, que es un político antiguo, sin embargo, también jugó de outsider en la elección, porque había roto con su partido. Era muy crítico al conjunto del sistema político, incluida la derecha, y por lo tanto era percibido como alguien que venía de fuera del sistema. Entonces es muy difícil, cuesta mucho ganar desde dentro en esta época.

¿Y seguirá siendo tiempo de los outsiders o será el momento de los incumbentes?

Bueno, no sé si en este momento, pero lo que no cabe duda es que este ciclo no va a ser para siempre. Cuando las personas que quieren una alternativa distinta a la que está dominando hoy piensan que van a tener éxito porque aceptan las reglas de hoy, porque se someten a los estándares de hoy, yo les digo que este ciclo no va a ser para siempre. Y es mejor generar condiciones para que cambie este ciclo. Es mejor ofrecerle a la ciudadanía otra alternativa de cómo interpretar nuestros problemas, de cómo salir de ello, a tratar de simplemente someterse a esta conversación política que tenemos hoy día, que es una conversación que nos hace retroceder y nos hace en gran parte volver atrás respecto de debates que tuvimos hace ya varios años.

Bien, para cerrar vamos un poquito a la profesión, a la ciencia política, que es por lo que nos visitó en esta oportunidad.

Es para eso que me invitaron, las Jornadas de Ciencia Política.

¿Cuáles son sus referentes en la disciplina?

A ver, es que yo fui formada, mis estudios fueron en Italia, y fui formada en los años 90, en una época en que había dos grandes preocupaciones.

Una era producto del retorno a la democracia en Latinoamérica y producto de la caída de los socialismos reales, una valorización de la democracia y una preocupación por cuidarla, perfeccionarla, profundizarla. Esa matriz está en mi historia y en mi formación, porque me formé en esos años. Entonces, muchos de los autores por los que fui influida vienen de ahí, como Bobbio o Habermas, y después había otras familias que se refería a la importancia de las políticas públicas y a la capacidad de desarrollar políticas públicas serias, eficaces, que cuidaran los recursos, que obtuvieran los resultados que prometían.

Especialmente pensando en que en Latinoamérica, y particularmente en Chile, teníamos una experiencia en que se cuestionaba la capacidad del progresismo de sacar adelante políticas públicas que eran eficaces. Entonces, ahí hubo toda una influencia muy grande, de todo el pensamiento que hablaba de la modernización del Estado, del método de la formulación de las políticas públicas, de cómo evaluarlas. Y lo paradojal es que en estos tiempos, lo que ha vuelto a ser importante es una tercera cosa, que ya no es la política pública, sino que la política a secas, cómo la política puede proponer alternativas de futuro para la sociedad, cómo representa a la ciudadanía, cómo le da sentido a lo que significa vivir juntos. Hoy día hay cosas más básicas, que es preguntarnos qué significa ser humano, y qué valor tiene. En esa época estamos hoy día, tenemos que volver a los clásicos de los clásicos. Esa es la conversación de estos tiempos. Pero la de mi época era la democracia y las políticas públicas bien hechas.

Y ahora como que estamos volviendo a lo básico. Estamos volviendo a preguntarnos qué significa vivir en sociedad, qué responsabilidad tenemos unos con otros, cómo nos organizamos para poder vivir juntos, qué futuro queremos, qué ofrecemos como destino para la humanidad. Esas son las preguntas de hoy.

Y lo que viene ahora más es seguir con la carrera política o refugiarse en la academia. Digamos que hay muchas interrogantes abiertas, pero en este momento mi participación política está en el ámbito de la reflexión. Y estoy en muchos espacios donde se están teniendo estos mismos debates. Estoy bastante activa en los medios de comunicación con estas mismas discusiones. Y creo que este tiempo, al menos de mi parte, lo que requiere es eso.

No tengo ningún plan de ser candidata a nada. Ahora, los planes en política nunca me han funcionado mucho, así que veremos qué dice el destino. Pero ahora estoy en eso y creo que es muy importante hacer eso bien en esta etapa, porque quizás varios problemas que hemos tenido son porque no lo hicimos antes.

Muchísimas gracias.

 

 

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