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Brasil: una elección que trasciende sus fronteras

Lula y Flávio Bolsonaro protagonizan una contienda que pone en juego no solo el rumbo político de Brasil, sino también el equilibrio de poder en América Latina. La economía, la seguridad y la relación con Estados Unidos atraviesan una campaña marcada por el desgaste de los principales liderazgos.

Brasil llega a las elecciones presidenciales del 4 de octubre con una disputa que excede largamente sus fronteras. Luiz Inácio Lula da Silva busca un nuevo mandato frente a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, inhabilitado tras su condena por los hechos vinculados al intento de alterar el resultado electoral. En un escenario de polarización y desgaste político, el resultado tendrá consecuencias para toda la región.

Un sistema político entre la fragmentación y la polarización

La política brasileña presenta una particularidad: conviven una fuerte polarización presidencial y un sistema de partidos profundamente fragmentado. Con alrededor de 30 partidos registrados y una veintena con representación parlamentaria, ningún presidente puede gobernar sin negociar. Las coaliciones de gobierno, más que una excepción, son una condición estructural de la gobernabilidad.

El sistema de doble vuelta contribuye a esta dinámica. La exigencia de obtener más del 50 % de los votos para ganar en primera vuelta favorece la fragmentación inicial de las candidaturas y obliga a construir mayorías más amplias. Sin embargo, la concentración del voto en los principales liderazgos permite ordenar una oferta electoral que, en el ámbito legislativo, es mucho más dispersa. Ni Lula ni Bolsonaro tendrán mayorías en el congreso y dependerán de los partidos del Centrao para sacar las iniciativas parlamentarias.

Dos liderazgos y un electorado desencantado

Lula llega a la elección al frente de una coalición que reúne a sectores de izquierda, centro y parte de la derecha, encarnados en su vice Alckmin. Su principal desafío era demostrar que podía ser nuevamente presidente a sus 80 años y lograr una validacón de su gobierno, que si bien muestra buenos números tiene arriba del 50 % de desaprobación. La derecha, por su parte, encontró en Flávio Bolsonaro al “heredero” político de su principal referente Jair Bolsonaro, que se encuentra preso por intento de golpe de estado. Su designación no estuvo exenta de tensiones internas, pero la campaña permitió consolidar su candidatura y mantener cohesionado al electorado bolsonarista.

Ambos espacios enfrentan un problema común: el desgaste de sus liderazgos. La desaprobación de Lula y Bolsonaro refleja una tendencia regional en la que los oficialismos encuentran cada vez mayores dificultades para renovar su legitimidad, incluso cuando exhiben resultados económicos favorables, como es el caso de Lula.

A ese escenario se sumaron los escándalos de corrupción. El caso del Banco Máster, que involucró a su propietario, Daniel Vorcaro con aceitados vínculos con diferentes dirigente políticos.Pero durante la campaña se filtró un audio con una vinculación directa entre Flavio y él, donde le pedía una cuantiosa suma para filmar la película de su padre que se llamaría “Black Horse”, esto lo tuvo gran parte de la campaña en el foco y dando explicaciones. Esto se revirtió cuando surgió información sobre el vínculo entre Vocaro y el juez Alexandre de Moraes, vicepresidente del STF y quien encarceló a Jair Bolsonaro. Esto permitió cambiar el ánimo de la elección y a partir de este punto Bolsonaro Subió en las encuestas.

Los ejes de la campaña

La economía, junto con la corrupción y la seguridad, constituye uno de los principales ejes de la campaña. La corrupción ha afectado más a la campaña de Flavio, como ya hemos mencionado, pero tampoco dejó de afectar a Lula de forma indirecta por el caso de De Moraes.

En la economía el gobierno de Lula exhibe indicadores macroeconómicos favorables: crecimiento promedio del PBI cercano al 3 %, frente al 1,5 % de la gestión anterior, creación de millones de empleos y una inflación relativamente controlada. Brasil también logró salir del mapa del hambre en 2025 y ese mismo año se posicionó como el principal destino de inversión extranjera directa de América Latina. Que si bien serían indicador de una buena gestión, eso números no se ven reflejados en el cotidiano de la gente, que siente que no le alcanza para llegar a fin de mes y muchas familias tiene problemas de deuda.

Obviamente el peso en este tema cae sobre el oficialismo y en el último tiempo estuvo tomando medidas en este sentido, aumentar la ayuda social, un programa de desendeudamiento, bajar los derechos de importación a productos claves de la canasta básica y prohibir las apuestas. Hay que esperar para ver si estás medidas tienen algún impacto sobre el electorado o llegan tarde.

En el tema de la seguridad, es donde Flávio Bolsonaro concentra el eje de su campaña buscando capitalizar las demandas de mayor firmeza frente al crimen organizado, con propuestas de endurecimiento de penas y una agenda de seguridad que recupera buena parte de las banderas históricas del bolsonarismo, la de la mano dura.

Trump y la soberanía brasileña

La relación con Estados Unidos es otro de los ejes que atraviesan la contienda. La política arancelaria de Donald Trump y sus intervenciones en favor del espacio bolsonarista generaron tensiones con el gobierno de Lula. Paradójicamente, el conflicto comercial permitió al presidente brasileño recuperar protagonismo político y donde gozo de los mejores niveles de aprobación. Por eso ha convertido la defensa de la soberanía nacional en uno de los argumentos centrales de su campaña. Para Lula, la soberanía no es solamente una consigna electoral. También expresa una estrategia de política exterior que busca preservar la autonomía brasileña y diversificar sus relaciones con actores como China, la Unión Europea, Canadá y Japón.

La disputa entre Lula y Flávio Bolsonaro expresa, en definitiva, dos visiones diferentes sobre el modelo de país, y lamentablemente esto es lo que genera la polarización en los países que más que un país parece dos. Por ende las elecciones parecen más que definen cuál de los dos brasiles es el que va a primar los próximo años. Lo más importante será que sea cual sea el resultado, no se discuta los resultados ni se ponga en duda las urnas ni el valor de la democracia. La buena noticia sería que este fantasma, que aún esté muy fresco, sea una cuestión del pasado, pero para ello habrá que esperar para saberlo.

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