sábado 24 de enero de 2026
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Así ha sido el primer año (negro) del segundo mandato de Von der Leyen

Por Bernardo de Miguel

La presidenta de la Comisión Europea ha cumplido, este 1 de diciembre, el primer año de su segundo mandato al frente del organismo comunitario. Lo más positivo que se puede decir de este arranque de legislatura de la alemana es que ha sido un año en blanco para ella, sin apenas iniciativas de alcance aparte del desmantelamiento de buena parte de su primer mandato y siempre a remolque del furibundo ritmo marcado desde la Casa Blanca por el casi octogenario Donald Trump. Pero ese balance, con todo y ser pésimo, no es lo peor. Lo más lamentable es que la reelección de Von der Leyen marcó el inicio de un año negro para la Unión Europea, con la presidenta de la Comisión desbordada y paralizada por las sacudidas geoestratégicas del planeta y atrincherada en su búnker del Berlaymont (la sede del organismo que preside) con un reducido grupo de fieles con el que resiste a las críticas cada vez más airadas que surgen tanto en las capitales como entre el propio funcionariado de la Comisión. 

El saldo de Bruselas no es mucho mejor al otro lado de la rue de la Loi, en la sede del Consejo Europeo. Su presidente, António Costa, también inició el 1 de diciembre de 2024 su mandato (en este caso, por dos años y medio renovable una sola vez). Desde entonces, más que un perfil bajo ha sido un perfil transparente porque apenas se le ha visto y su figura sigue siendo desconocida más allá de un círculo de iniciados. Costa se ha limitado a presidir con tiento un puñado de cumbres europeas sin grandes novedades y casi una docena de citas internacionales, pero dejando que Von der Leyen se estrellase una y otra vez sin lanzar la voz de alarma. El portugués ha completado así un año casi en blanco, pero al menos no tan negro como el de la alemana.

De las mociones de censura a los frentes de la Comisión Europea

Von der Leyen ha encajado en doce meses dos intentos de defenestrarla, con sendas mociones de censura cursadas, sin éxito, por los grupos de derecha radical del Parlamento Europeo. Los tirones desde ese lado de la cámara la han llevado a aguar cada vez más su agenda energética y medioambientalhasta el punto de tener que apoyarse en grupos ultras y euroescépticos para sacar adelante una de sus propuestas más recientesPor primera vez, saltó por los aires el llamado cordón sanitario, que mantenía aislados a los grupos de extrema derecha. De esta manera, la formación de Von der Leyen, el Partido Popular Europeo, dejaba claro que para el resto de legislatura (hasta 2029, si no hay tropiezos de por medio) se mantendrá una geometría variable en la que tanto valen los votos europeístas de socialistas, liberales y verdes como los votos euroescépticos y eurófobos de Orbán, Le Pen o Abascal.

El segundo mandato de Von der Leyen ha girado hasta ahora en torno a cuatro ejes: capear las embestidas de la Administración estadounidense, mantener el apoyo a la resistencia de Ucrania frente a Rusia, lanzar el próximo marco presupuestario de la UE (2028-2034) y alentar la primera ampliación de la UE desde el ingreso de Croacia en 2011 y la salida del Reino Unido en 2020. En los cuatro frentes, el ejecutivo comunitario acusa grandes dificultades cuando no fracasos sonados o simples trastabilleos.

El fiasco del primer año de la legislatura quedó retratado en la humillante imagen de la presidenta de la Comisión junto a Donald Trump en un campo de golf escocés propiedad del magnate estadounidense. La alemana se desplazó hasta allí para claudicar ante los aranceles unilaterales impuestos por Washington, una derrota europea que se ha repetido una y otra vez en los últimos doce meses ante los desmanes internacionales de Trump o de sus alumnos aventajados como el israelí Benjamín Netanyahu.

La Comisión ha guardado silencio ante los pogromos de Trump contra la población migrante en EE. UU.; silencio ante el secuestro de ciudadanos europeos en aguas internacionales por parte del ejército israelí; silencio ante la violación por parte de Washington de las normas de la ONU para impedir la entrada en Nueva York de una delegación palestinasilencio ante el asesinato en alta mar de ciudadanos venezolanos y colombianos acusados por Trump de ser narcotraficantes; silencio ante la extorsión política y económica de la Casa Blanca contra Venezuela con el objetivo de provocar, por las buenas o por las malas, un cambio de régimen.
 
En el frente ucraniano, Europa ha mantenido el apoyo al presidente Volodímir Zelenski, pero sigue siendo incapaz de asumir un protagonismo que Washington ocupa sin concesiones. La Comisión de Von der Leyen, además, cometió el error de vender la piel del oso (o del belga) antes de tiempo al dar por supuesto que se utilizarían los activos congelados de Rusia para financiar la reconstrucción de Ucrania sin permiso de Moscú. Bélgica, el país donde se hallan depositados la mayoría de esos activos, ha boicoteado el plan de Von der Leyen y, de momento, los activos del Kremlin siguen intactos en las cuentas belgas.

La falta de ambición de Von der Leyen en su segundo mandato quedó reflejada en su propuesta de presupuestos para el próximo período. En una etapa que se supone marcada por la necesidad de grandes inversiones comunitarias (en infraestructuras energéticas y digitales, en seguridad y defensa o en investigación y desarrollo), Von der Leyen ha propuesto un presupuesto a la baja en términos reales. Sus cuentas apuntan a 1,98 billones de euros para siete años, equivalente a 1,26% de la renta nacional bruta (RNB) de la UE. Pero descontando el capítulo de amortización del fondo de recuperación para la pandemia, la cifra se queda en el 1,15 de la RNB, muy por debajo del 1,28% del período actual (2020-2027)La propuesta, además, ha puesto en pie de guerra a las autoridades regionales que, con Catalunya a la cabeza, rechazan la idea de Von der Leyen de centralizar el desembolso de los fondos estructurales a través de las respectivas capitales. 

La llamada gran ampliación de la UE hacia el este, que se aceleró como respuesta a la invasión rusa de Ucrania, tampoco parece encontrarse en su mejor momento. Las negociaciones con los candidatos, es cierto, han avanzado más que anteriormente. Pero el big bang para integrar desde Ucrania hasta Serbia no se va a producir. Bruselas se conforma, de manera inevitable a la vista de situación geopolítica en la zona, con la incorporación paulatina. Un lento goteo que, como mucho, empezará en 2028 con la entrada de un país como Montenegro, que apenas suma 600.000 habitantes (algo menos que el municipio de Sevilla) y con una renta per cápita de menos de la mitad de la media de la UE.

En resumidas cuentas, un año que probablemente no solo Von der Leyen querrá olvidarlo cuanto antes, sino que la Comisión Europea tampoco lo guardará entre sus más felices recuerdos.

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