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Argentina y Chile, un abrazo histórico

La independencia de Chile está marcada por la alegría de la amable primavera, que se asoma para recordarnos que, a los tiempos borrascosos, siempre sigue la bonanza. Hoy recordamos el estrecho vínculo que une a argentinos y chilenos simbolizado en el abrazo de San Martín y O’Higgins en Maipú, inmortalizado por Fray Pedro Subercaseaux en un cuadro que se expone en el Museo Histórico.

Ambos líderes tenían una profunda amistad forjada en la lucha por los mismos ideales. Tuvieron una vida azarosa en una época cargada de incertidumbre y riesgo, donde nada estaba asegurado. Durante su prolongado exilio intercambiaron una nutrida correspondencia, pese a la distancia entre Francia y el Perú; en esas misivas publicadas por Francisco O’Donell, se plasma su aprecio mutuo y su desprendimiento personal.

En una carta de 1842, San Martín escribía a O’Higgins: “Mis últimos días no podían ser más felices que recibiendo la expresión de la constante amistad de un hermano de armas, con quien he tenido la satisfacción de trabajar en beneficio de nuestra tierra.”

O’Higgins, desde su ostracismo peruano, le contesta: “A usted debo cuanto he obrado de bien en mi vida pública. Sus consejos me guiaron siempre, y sus virtudes han sido mi ejemplo.”

En otro pasaje, San Martín le confiesa el valor de la gesta emancipadora: “La mayor satisfacción de mi corazón es que nuestros sacrificios han tenido por único objeto el bien de América.” Y concluye afirmando: “Los vínculos que unen a nuestros pueblos no podrán borrarlos ni el tiempo ni los hombres.”

La hermandad argentino-chilena es un imperativo ético y político plenamente vigente. Doscientos años después, volvemos a vivir escenarios de inestabilidad en que las razones geopolíticas parecen predominar sobre el derecho internacional.

Todos los paradigmas están puestos en tensión. Chile y Argentina, ubicados al sur de América rodeados de dos océanos y con proyección antártica, están llamados a desempeñar un papel de estabilidad, seguridad y progreso en estrecha relación con los demás pueblos de América Latina.

En el Tratado de Paz y Amistad de 1984 nos comprometimos a mantener una “paz infranqueable y una amistad perpetua”, más allá del devenir político de los gobiernos que se van sucediendo en ambas naciones.

Tenemos actualmente una renovada integración en el campo energético, en la producción y el comercio, el tratado binacional minero ha recobrado vigencia; existen nutridos contactos empresariales para aprovechar las nuevas cadenas de valor; hay un esfuerzo por mejorar la conectividad y facilitar el tránsito de personas y mercancías; también se aprecia una colaboración creciente de nuestras FF.AA. y cuerpos policiales para hacer frente al crimen organizado, y un mayor intercambio parlamentario y cultural.

Reafirmamos nuestro compromiso con la integración, en el regionalismo abierto y en la proyección conjunta hacia el Pacífico y el Atlántico: la apertura del Mercosur y la proyección de la Alianza del Pacífico así lo demuestran.

El proyecto Humboldt, iniciativa público-privada, para trasmisión de datos que unirá Chile con Australia con irradiación hacia todos los países del Asia, abrirá nuevas perspectivas de conectividad en la era digital.

Pero nuestra responsabilidad también se proyecta hacia la Antártica, ese continente de paz y de ciencia, cuyo sistema internacional debemos proteger para asegurar que siga siendo patrimonio de la humanidad. Sigamos enfrentando en forma realista pero perseverante los desafíos conjuntos que tenemos por delante.

Publicado en Clarìn el 18 de septiembre de 2025.

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