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Argentina necesita una nueva política nuclear

Desde hace más de quince lustros, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) desarrolla una labor sostenida y exitosa en el uso pacífico de la energía nuclear. Ha sido el principal impulsor del desarrollo, construcción y operación de instalaciones nucleares del país, incluyendo reactores de potencia y experimentales, la planta de agua pesada y todo el ciclo del combustible nuclear. Asimismo, ha tenido un rol clave en el desarrollo y aplicación de radioisótopos y radiaciones ionizantes en la salud, la biología, el agro y la industria.

Estas actividades, junto con la formación constante de recursos humanos, se han realizado sobre la base de planes estratégicos que contribuyeron de manera significativa al crecimiento tecnológico nacional, al desarrollo de ingenierías propias y al posicionamiento internacional del país en el ámbito nuclear. La CNEA también ha sido un actor relevante en el desarrollo científico argentino, creando laboratorios y grupos de investigación de alto nivel en ciencias básicas y aplicadas.

En el contexto actual, la búsqueda de un desarrollo sostenible y ambientalmente responsable reconoce a la energía nuclear como una opción viable y tecnológicamente probada. Este escenario impulsa la adopción de soluciones cada vez más seguras y eficientes para la generación nucleoeléctrica.

En Argentina, la legislación vigente reconoce la importancia estratégica de las actividades nucleares y asigna al Estado Nacional la definición de políticas y el desarrollo de investigación y tecnología a través de la CNEA, estableciendo así su misión, competencias y responsabilidades indelegables (Ley 24.804).

Históricamente la CNEA orientó su accionar a maximizar los beneficios sociales de la energía nuclear y a impulsar la investigación en áreas de vanguardia, con el objetivo de mantener la opción nuclear como un componente estratégico del sistema energético nacional a mediano y largo plazo.

He tenido el honor y el placer de trabajar en la CNEA por más de 50 años, donde tuve el privilegio de encontrar grandes maestros no solamente destacados por sus conocimientos científicos y técnicos, sino sobre todo por su generosidad y compromiso hacia los intereses institucionales. Fui testigo y partícipe de muchas discusiones, decisiones y acciones acontecidas en todo este tiempo, y siento que con sus más y con sus menos la institución fue creciendo y se crearon activos valiosos tanto en recursos humanos como en instalaciones de envergadura. Y por cierto, gestó y cobijó empresas de base tecnológica que alcanzaron prestigio internacional por derecho propio.

Pero ahora estamos atravesando momentos difíciles como no he visto antes. No voy a usar eufemismos. Súbitamente apareció un nuevo Plan Nuclear presentado desde la cima del poder político que resultó sorprendente e insólito para la gran mayoría de los trabajadores del sector nuclear. Basado en algunas pocas premisas que hacían converger las demandas energéticas casi insaciables de algunas nuevas tecnologías, las ventajas climáticas de nuestra Patagonia, y nuestro potencial como país exportador de Uranio (por ahora con reservas comprobadas solamente para alimentar nuestras centrales), girando todo alrededor de un nuevo reactor compacto actualmente en diseño fuera del sistema nuclear argentino, se declaró que la Argentina se convertiría en un nuevo y potente actor en el escenario nuclear mundial.

Ese nuevo Plan implicó la paralización del Proyecto CAREM, hasta ese momento uno de los proyectos prioritarios de CNEA, sin explicación institucional sobre las razones técnicas que indicaran una imposibilidad de soluciones para los problemas típicos del desarrollo de un prototipo. Lo que siguió es por todos conocido. El sueño desatinado de algunos conductores se convirtió en la pesadilla en que quedó sumida la institución. Desconozco las intenciones de quienes con sus decisiones y su gestión llenaron de incertidumbre esta actualidad, con salarios vergonzosos y vacías de objetivos desafiantes para la ingeniería nuclear dentro de CNEA. Pero en un acto de cinismo explícito el Secretario de Asuntos Nucleares de la Nación a la cabeza de las empresas (por ahora) estatales del sector acaba de participar en Asunción de la Reunión Regional sobre Perspectivas de la Tecnología SMR & Aspectos Económicos y Financieros de los Proyectos Nucleares. ¿Habrán ido a confirmar que el único proyecto de SMR argentino fue cancelado, según las propias palabras del Secretario de Asuntos Nucleares (INFOBAE, 15/04/2026): “Porque el CAREM nunca tuvo cliente. No había ninguna empresa, ninguna provincia, ningún organismo que necesitara esos 25 megavatios a ese costo y en ese plazo.”?

Ahora este funcionario acaba de expresar en sus redes (@federamosnapoli) “Estamos trabajando en una reestructuración integral de la CNEA para que funcione como lo que debe ser: un organismo de investigación y desarrollo con capacidad de generar sus propios ingresos. Las capacidades que la CNEA consolidó a lo largo de su historia deben traducirse en servicios que garanticen su sostenibilidad y realimenten el círculo virtuoso de formación, investigación y desarrollo.” Esta afirmación desnuda impiadosamente su desconocimiento de lo que es un organismo público de investigación y desarrollo, pretendiendo que se transforme en una proveedora de servicios que por cierto competirá deslealmente con el sector privado.

Es evidente que estos conductores han sido designados para ejecutar dentro del sector la instrucción primaria de aniquilación del Estado, desconociendo la misión histórica que establece que:

La CNEA es una institución nacional, creada para asesorar al Estado en materia de política nuclear, y para realizar desarrollos en todos los aspectos vinculados a la utilización pacífica de la energía nuclear en el país. Con este fin y en un marco de sustentabilidad, promueve actividades de innovación tecnológica orientadas a la generación de nucleoelectricidad, la producción y el uso de materiales radiactivos para la medicina, el agro y la industria, la gestión segura de los residuos radiactivos, y de investigación y desarrollo en las ciencias base de la tecnología nuclear.

Se está desangrando nuestra institución, estamos perdiendo nuestro capital más preciado: los recursos humanos altamente capacitados que tanto costó formar al país. Estamos frente a una encrucijada histórica para el sector nuclear argentino: podemos encontrar un retorno a la sensatez o perder todo, podemos participar en un mercado nuclear en expansión o iniciar un proyecto descabellado como el Proyecto Huemul.

Nuestra responsabilidad hoy es pensar un nuevo Plan Nuclear, que proyecte al futuro los beneficios del uso pacífico de los fenómenos nucleares en sus diferentes formas, lo cual implica desarrollos tecnológicos no solamente vinculados a la generación de nucleoelectricidad, sino también sus aplicaciones a la salud, el agro y la industria. Aunque muchas veces desconocidas por la opinión pública en general, algunas de las técnicas experimentales más poderosas para la investigación en ciencia y tecnología son de índole nuclear, y ellas deben ser explotadas plenamente con el advenimiento del nuevo reactor argentino de investigación (RA-10/LAHN) convirtiéndose así en un polo de atracción para los investigadores de la región. La incorporación de inversiones extranjeras que acompañen tal Plan debe ser bienvenida, en la medida que se resguarden apropiadamente en los respectivos acuerdos la propiedad intelectual y la capacidad de gerenciamiento de los proyectos involucrados.

El desafío es muy grande, porque habrá que recomponer el daño recibido, discutir las nuevas metas y planificar las estrategias para alcanzarlas. Tendremos que afianzar nuestra inserción y participación en la búsqueda de soluciones a la problemática productiva nacional, demostrando que la CNEA aún posee capacidades significativas y la convicción de buscar un crecimiento para proyectarnos mejor hacia nuestros objetivos, que deben ser los de la Nación.

 

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