El reciente 6 de agosto, en el espacio El Obrador (Bartolomé Mitre 1670, Ciudad Autónoma de Buenos Aires), se realizó el segundo encuentro del ciclo de debate político de la UCR para gestar ideas y programas que permitan confluir con otras fuerzas políticas de pensamientos afines ante la crucial circunstancia que vive el país.
Asistí personalmente a la primera parte de la reunión, pero más allá de mi deseo de continuar participando, debí retirarme de ella por razones de salud, antes de poder expresar algunas palabras, para ponerlas en debate con los demás.
Debo disculparme y agradecer la invitación.
He suscripto el documento base porque coincido en sus términos fundamentales.
No obstante, quiero por esta nota dejar expresadas ciertas particularidades sobre mi modo de ver acerca de la tarea política, en elaboración y consulta, que seguramente será ampliada al resto del país oportunamente.
Considero que si la UCR va a convocar a otras fuerzas políticas afines debe antes que nada fijar una posición rotunda en relación al gobierno actual de los libertarios, con especial énfasis en su presidente y orientador.
Primero. La UCR debe dejar expresa constancia de que no comparte las ideas, el espíritu, el contenido y las formas que caracterizan y ejercita el actual gobierno nacional.
Segundo. No se trata solo de no compartir el rumbo, sino de afirmar que lo consideramos gravemente dañino para el interés nacional, útil para los poderosos y perjudicial para el resto de la comunidad, en especial los más débiles.
Tercero. Todo agrupamiento político tiene vocación de poder para plasmar sus ideas, pero la vocación de poder no debe utilizarse jamás como argumento para quebrar los principios y valores fundamentales.
Cuarto. La democracia es dialogo, que permite administrar pacíficamente las diferencias, pero no debe confundirse entre dialogar con todos y ser aliado de algunos. El dialogo es conversación e intercambio de propuestas, mientras que ser aliado supone mucho más porque significa compromisos previos basados en un pacto, un ligamen.
Por lo tanto, el partido, los gobernadores y los legisladores de la UCR pueden dialogar con todos, pero ser aliados solamente con quienes tengan un compromiso substancial de valores y principios.
La UCR dialoga con el gobierno también si hace falta, pero debe quedar claro que no es aliada del mismo.
Quinto. Debemos afirmar que no creemos en que la sociedad deba ser organizada por el mercado.
Ese rol corresponde al estado republicano y sus órganos competenciales, exclusivamente, sin perjuicio de la colaboración concurrente de las demás instituciones participativas de la democracia ampliada por sobre los partidos políticos.
El orden económico responsable y las finanzas publicas son reguladas por el estado, atendiendo al interés nacional y al bienestar de su población.
Sexto. De la misma manera no visualizamos a la sociedad como paralizada entre los libertarios y el kirchnerismo. Esa dicotomía es de por si una invitación a descreer de la democracia de los partidos políticos en su sentido lato, sus virtudes y sus defectos. En ese plano no debe haber réprobos ni elegidos.
Séptimo. Pienso que en la convocatoria a quienes coincidan con la propuesta programática que habrá de perfeccionarse en el seno de la UCR, debemos decir con claridad, para hacer el convite a los demás, que no está excluido el peronismo de integrar la confluencia de los actores coadyuvantes.
Octavo. Es tiempo de que tratemos de escapar de la “ley de la discordia”, aquella de la cual nos habló Joaquín V. González, en el memorable “juicio del siglo”.
Noveno. Esto quizás, ayude también, a ser menos factible la correspondiente sucesión de colapsos económicos periódicos, sobrevinientes al triunfo de uno u otro sector, normalizando la continuidad de las políticas económicas y sociales de la comunidad, al mitigar el ciclo económico bipolar que bien asoció Pablo Gerschunoff, como uno de los efectos de la ley de la discordia.
Décimo. La educación pública, las universidades, los organismos de investigación y ciencia, la salud pública, la organización previsional, el tratamiento de las discapacidades y desigualdades deben ser atendidos honradamente por el estado, como responsable del bienestar de los habitantes del país, a los que queremos con la mayor cantidad de igualdades posibles o al menos con las menores desigualdades. “Naides es mejor que naides”
Decimoprimero. La política internacional no debe tener alineamientos rotundos, sino trabajar sobre la amistad y la complementación con los países limítrofes y con la apertura al mundo, en igualdad de condiciones y mirando solo al interés nacional, a los derechos humanos y universales y a la paz mundial.
Decimosegundo. La Argentina debe rechazar frontalmente, una vez más, las pretensiones de la Ley Monroe y las disposiciones del presidente Trump respecto a lo que considera el espacio reservado al liderazgo de los Estados Unidos como dentro de las zonas de influencia de su poder imperial.
Decimotercero. El aprovechamiento de nuestras tierras raras y de nuestros recursos naturales por otros países debe estar subordinado al interés nacional y en cualquier caso no ser exportado en bruto, sino luego de procesos de limpieza y elaboración racionales y primarios.
Decimocuarto. El estado argentino debe regir todo lo relativo a la IA y a la triada de las tecnologías limpias, con sentido ético universal.








