“El cambio de época puede resumirse en un concepto central que es el que guía nuestra conducta y es el núcleo conceptual de lo que quiero hablarles hoy aquí: la moral como política de Estado”, sostuvo hace menos de un mes el presidente Javier Milei en su discurso frente a la Asamblea Legislativa. Dos días después comenzaron a tomar estado público las informaciones detectadas en el celular del trader Mauricio Novelli, uno de los organizadores del lanzamiento de la criptomoneda $LIBRA que pone a Milei y a su hermana Karina comprometidos ante la justicia. Y luego, solo una semana después, su jefe de gabinete, Manuel Adorni, el exvocero que ya no responde, apareció implicado en una serie de investigaciones que van desde la falta de ética hasta hechos de posible corrupción ligados a su exponencial crecimiento patrimonial vinculado a su labor como funcionario público. Además, en Andis se habla desde hace días de un hecho que seguramente ocurrirá en los próximos días, novedades comprometedoras desde la investigación judicial -que ya tiene 18 procesados-, que salpicarían a Karina Milei, “El Jefe”, la mujer más poderosa del gobierno libertario y que suele someter a todo funcionario o dirigente partidario por su intolerancia para aceptar reproches o demandas, como experimentaron aquellos que creyeron que en el gobierno se podía opinar de modo independiente y salieron eyectados apenas lo hicieron. Todos estos hechos tienen un común denominador: la mentira oficial.
Ayer, finalmente Manuel Adorni reapareció para brindar una conferencia de prensa donde sus anuncios pasaron absolutamente inadvertidos, porque todos esperaban sus respuestas respecto a los hechos de público conocimiento. El jefe de Gabinete decidió esquivar las respuestas concretas amparándose en la investigación judicial, y lo poco que respondió lo hizo con una soberbia llamativamente peligrosa. Pero le alcanzó para mentir sobre el pago del viaje a Punta del Este, la factura- si no es falsa- que apareció el 9 de marzo, justamente el día que Carlos Pagni denunció este hecho, dice otra cosa, no está a su nombre. Pero, además, cargó contra el periodismo simplemente por preguntar. Dijo a un colega: “hay cosas que no voy a discutir con vos, no sos juez”. ¿Adorni escuchará los discursos del presidente Milei? Porque en ellos el presidente suele sentenciar como si fuese la personificación del Poder Judicial, acusando de ladrones, prebendarios, ensobrados a empresarios, medios de comunicación, periodistas, legisladores y hasta dijo en el mismo Congreso de la Nación que la expresidenta Cristina Kirchner “va a seguir presa por la causa Cuadernos y Memorándum con Irán”, frase que Cristina utilizó como defensa cuando habló frente al tribunal: “invito a cualquiera de ustedes a que me traigan alguna manifestación de algún presidente o presidenta que haya anunciado en una Asamblea Legislativa que otro ciudadano argentino iba a ser preso por causas judiciales en trámite. Más violatorio de la Constitución Nacional, que impide que se interiorice el Poder Ejecutivo por causas judiciales, no hay desde la época de la dictadura”, sentenció. Y más allá de las distintas consideraciones que puede despertar la figura de la expresidenta, condenada por hechos de corrupción durante su gobierno, en este tema tiene razón. No es sano institucionalmente y es violatorio del principio de inocencia que el jefe del Poder Ejecutivo anuncie un fallo de la justicia.
Los periodistas preguntaron, no juzgaron ni condenaron. Y cómo no hacerlo frente a un gobierno que, en las causas en que se lo investiga, ha mentido de manera reiterada. Como lo hizo el mismo Milei cuando dijo no conocer el entramado de la criptomoneda $LIBRA y que solo “difundió” un buen proyecto. El peritaje del celular de Mauricio Novelli desmintió esto con creces, hasta se supo que era su empleador. También esquivó preguntas en su momento José Luis Espert cuando le preguntaban reiteradamente si había recibido dinero del “narco” Fred Machado y contestaba “no voy a entrar en el juego de Grabois”. Se tira la pelota afuera, mucho más cuando la verdad y los hechos acorralan. Eso hizo Adorni ayer, habló de su libre decisión de como gastar su dinero, y tiene razón, nadie tiene derecho a cuestionar eso. Pero al ser funcionario público sí debe dar explicaciones cuando sus gastos al parecer no tienen relación con sus ingresos y su declaración jurada.
Es sabido que Milei suele dar datos económicos y sociales que están lejos de la realidad. En seis entrevistas distintas en un lapso de 8 meses afirmó haber sacado de la pobreza a entre 9 y 15 millones de personas, a razón de un millón por nota, o decir que “el desempleo bajó” cuando el Indec marca que subió de 5,7% a 7,5% en los dos años de su mandato. Esto suele pasar con los muchos líderes: cuando los logros escasean comienzan a dirigirse a sus seguidores, a sabiendas de que no discutirán ningún dato. Lo hizo Alberto Fernández durante la pandemia y lo hacía Cristina hablando a la militancia de La Cámpora en uno de los patios internos de la Casa Rosada. Prefieren contentar a los suyos, olvidándose del resto.
En abril Adorni tendrá que brindar su informe bimestral a la Cámara de Diputados, seguramente allí lo esperarán no solo un sinfín de preguntas relacionadas con su situación judicial, sino también deberá responder sobre la Causa $LIBRA, donde las pruebas se apilan en la fiscalía de Eduardo Taiano. Y probablemente habrá más, mientras siga “hablando” el celular de Novelli.








