spot_img

Adiós Boni Radonjic

Juan “Boni” Radonjic fue un montón de cosas buenas y su vida dio frutos poderosos. Radical hasta el final, en las buenas y en las malas: militante desde el inicio de su juventud, diputado nacional en la flamante democracia, Secretario de Interior y luego de Información Pública. Fiscal en todas las elecciones posibles. Militante de puerta a puerta y repartidor de volantes donde sea, habiendo tenido ya todos los oropeles. Con el tesón necesario para no dejarse llevar por los cantos de sirena. Periodista, director de El Economista y fundador de El Estadista. Desde siempre intercambiamos ideas y visiones y siempre fue generoso en la conversación, amable en el tono y facilitador de que las palabras y las ideas fluyan sin las fricciones de la incomodidad.

¿Pero qué puede ser más importante en la vida de una persona en Argentina que que te hagan hincha de un equipo de fútbol y vos te hagas fanático y lo vivís, desde siempre, con la mayor intensidad? Pocas.

Así de importante fue el impacto de la presencia de Boni en mis primeros meses de vida. Cuando cumplí un año, en marzo del 74, Boni me regaló la camiseta de River y posó para una foto que registra ese momento único y total. Mis tíos eran de Independiente, luego en el tiempo llegarían hinchas de Boca. Mi viejo es de Central y mi mamá de Talleres de Córdoba. Boni me salvó. Me puso en la mejor senda del fútbol.

En otras fotos de ese primer cumpleaños mío la camiseta aparece en el respaldo de un sillón, y yo sin esa camiseta puesta. Pero “LA” foto de mi cumpleaños, la que yo elijo, es esa. Por supuesto que no me acuerdo. Me quedó esa foto. Pero sí, en mis recuerdos de fechas más antiguas en mi memoria, me encuentro recitando una formación de River y a Boni imitando a José María Muñoz en el relato de un gol de Norberto Osvaldo Alonso. ¿Soy de River sólo por él? Me acuerdo de esos relatos. Me acuerdo de sentirme orgulloso porque en River jugaban Fillol, Passarella, Tarantini, Alonso y Luque y esos eran los que nos habían sacado campeón mundial. Luego de aquellos recuerdos Boni salió de escena, había dejado de ser el novio de mi tía. La soledad riverplatense familiar la sostuve con otro tío, Daniel “el oso” Taiana, que en algún momento de mi vida me regaló un gorrito piluso de River campeón del 75. Mi viejo tuvo la generosidad de no impedir mi inclinación. Lejos de eso, me la promovió: me llevó al Monumental a ver un River-Central y un River-Talleres, justamente los equipos de mis padres. Yo tenía seis o siete años. Lo empujaba la pasión por el fútbol y la admiración por los campeones del 78 que jugaban en riverplei.

Siempre fui hincha de River. Siempre. Mi mujer es de River y mis hijos fueron, son y serán de River, nunca hubo ninguna discusión al respecto. Esa veta la inició Boni.

Se lo pude agradecer mil veces. Hasta la ridiculez. Al final se volvió un ritual. En reuniones políticas, en almuerzos y cenas, en convenciones de la UCR nacional y provincial. Me acercaba a él, lo abrazaba y le decía “gracias”. Gracias por hacerme de River. Honor y gloria. En aquel momento inolvidable, en aquel sábado frío diciembre del 18 en Madrid, me acordé de él. Apenas aterricé marqué su número y le volví a agradecer.

“Cuando yo me muera, River va a jugar, y yo desde el cielo, lo voy a alentar” dice la canción que también habrá cantado él entre los paladar negro de la San Martín.

Varias, muchas veces, me lo crucé con mis hijos. Otra vez: abrazo y gracias. “Chicos, agradézcanle a él”. A Boni le encantaba. Nos gustaba, además, el rugby y el CASI. La última vez que con mis hijos le agradecimos fue en la tribuna de cemento en San Isidro. Recuerdo también que jugaba al tenis y, en aquellos días lejanos, era fanático de Vilas.

Lo vamos a extrañar con todo. Nuevamente, otra vez, y para siempre: gracias.

spot_img
spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Alejandro Garvie

Mark Carney da un paso al frente

Maximiliano Gregorio-Cernadas

La IA plantea interrogantes desatendidos

Rodolfo Terragno

Detrás de la guerra: cocaína, átomos y petróleo