Si nos preguntaran como argentinos si en 2025 apoyaríamos una resolución en la Asamblea General de la ONU que dijera textualmente: “Reafirmando su compromiso con la soberanía, la independencia, la unidad y la integridad territorial”, y más abajo sostuviera: “Reafirmando que no se reconocerá como legal ninguna adquisición territorial derivada de la amenaza o el uso de la fuerza” y si a esto le sumamos que los países de la Unión Europea buscarían agregar a la misma una enmienda que reafirmara “el compromiso con la soberanía, la independencia, la unidad y la integridad territorial…” , diríamos que todo el combo no puede aplicar más acabadamente sobre el diferendo austral que tenemos con el Reino Unido.
Y que nuestro país no podría estar más agradecido a la comunidad internacional por volver a sostener esos principios y normas del derecho internacional y, en consecuencia, deberíamos aprobarla inmediatamente y trabajar diplomáticamente para que la mayor cantidad de miembros de la organización la acompañen. Es que tales fundamentos del derecho internacional son los que nuestro país promueve para defender los derechos argentinos sobre la Cuestión Malvinas: casi 2.000.000 km2 alrededor de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
Sin embargo y sorpresivamente, hace unas semanas, en el marco de una votación en una sesión especial de emergencia de la ONU por los tres años de la guerra entre Ucrania y Rusia nuestro país tuvo una actitud contraria sensu a los derechos que promueve en el archipiélago usurpado en 1833.
En primer lugar y previo a la aprobación de la resolución A/ES-11/L.10 votó en contra de una enmienda que defendía el principio de la unidad y la integridad territorial. Esa actitud causó mucha extrañeza y llamó la atención entre aquellos socios de Argentina a los que nuestro país pide apoyo en el tema Malvinas en diversos círculos internacionales paradójicamente invocando los principios que ahora rechaza. Además, y en este mismo sentido, varios de los fundamentos jurídicos internacionales señalados a lo largo de esta columna y votados en la Asamblea General en el último febrero, son los argumentos que sostienen los diversos cancilleres argentinos en sus discursos en el Comité de Descolonización. Finalmente, Argentina se abstuvo en la votación de la resolución que consagra nuestra posición histórica austral, pero en este caso aplicado al caso ucraniano.
Para un país mediano y periférico vis a vis el Reino Unido es justamente la Asamblea General de la ONU el ámbito más representativo a nivel mundial y en donde las fuerzas se equilibran a través del hecho que todos los países miembros tienen un voto. Es por esta razón que nuestro país llevó a ese recinto en 1965 la votación de la resolución 2065 y trabajó arduamente para reunir la mayor cantidad de respaldos posibles para darle una fortaleza y respaldo superior. La disposición salió aprobada por 97 votos a favor y 14 abstenciones. Ni siquiera el Reino Unido la votó en contra. La misma se transformó en la piedra angular del reclamo argentino.
Después de la postura que nuestro país asumió en la ONU en el tema Ucrania tendrá una prueba de fuego en la próxima reunión del Comité de los 24 donde sus miembros podrían preguntarse sobre el valor de mantener la solidaridad expresada apoyando el reclamo argentino sobre Malvinas y continuar pagando los costos que esto trae aparejado en su relación con Londres si el propio país duda en sostener los principios internacionales que dice impulsar.
Publicado en Clarín el 2 de abril de 2025.
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