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A 50 Años del golpe: La respuesta del radicalismo al plan económico de Martínez de Hoz

 

Haciendo uso de la cadena nacional de radiodifusión, el 2 de abril de 1976, el ministro Martínez de Hoz anunció su plan económico. Buscaba la dictadura militar consolidar un modelo económico-social siguiendo políticas que ya desplegaban, con sus distintas características, otras dictaduras en América Latina. Las transformaciones políticas, económicas y sociales buscaban impedir un supuesto “avance del marxismo” en la región. Su consecuencia limitar y/o inhibir el desarrollo de esos pueblos y dinamitar las conquistas sociales. Al estudiar las dictaduras militares podemos señalar: a) una sostenida movilizaciòn, en democracia,  de los sectores populares previo al golpe; b) el rol asumido por las Fuerzas Armadas como último reservorio moral de la Nación; c) su consolidación en países con una fuerte tradición democrática -Chile y Uruguay- y en países con importante nivel de desarrollo industrial -Argentina y Brasil-; d) se constituye un tiempo de revancha histórica para los sectores dominantes en las sociedades; e) las Fuerzas Armadas se transforman en brazo ejecutor de las políticas neoliberales en América Latina; f) desvalorización de la política y los partidos políticos. Surge una generación de tecnócratas para  ideologizar al Estado y consolidar un modelo de dominación y exclusión; g) el proyecto de reestructuración de la sociedad, sobre nuevas bases políticas y económicas, requiere el uso autoritario y permanente de la fuerza.

Previamente, durante el gobierno peronista, el Rodrigazo impulsó un violento plan de ajuste, un programa neoliberal en su máxima expresión que termina siendo rechazado por la movilización popular. Su ideólogo fue Ricardo Zinn, posteriormente asesor de Martìnez de Hoz,  quien en su libro “La Segunda fundación de la República” de 1976, propone una hoja de ruta para el proceso militar, afirmando:  “La modernización de nuestra democracia tiene el alto costo de poner el país en manos inexpertas y comienza a deteriorarse el crecimiento”,  en relación al primer gobierno electo por el voto popular de Hipólito Yrigoyen, a quien culpaba de haber sentado las bases de una Argentina aislada. Definiendo en el libro:  “la justicia social no puede lograrse en la masificación política, que no es una solución para la miseria y sí es un aumento de la irresponsabilidad”.Como sucedió con la violencia política, el cercenamiento de las libertades individuales y republicanas, la persecución de dirigentes políticos y sociales opositores creó el gobierno peronista las condiciones que dieron el nacimiento al “huevo de la serpiente”.

Ejecuta Martínez de Hoz un programa de apertura y desindustrializador, de fuerte sostenimiento a los enclaves financieros internacionales, una reforma impositiva y una política de remuneraciones  regresivas, endeudamiento externo y fuga de capitales. Apostó el modelo a la  apreciación cambiaria se instrumentó a través de minidevaluaciones periódicas o “crawling peg” por debajo de la inflación. Se  llamó a ese esquema “tablita”, se endeudaban las empresas públicas -fundamentalmente YPF- para sostener el sistema cambiario. Tuvo Martínez de Hoz una restricción fuerte de los militares, debido al temor de aumentar la desocupación y el conflicto social, no pudo avanzar en un esquema de privatizaciones de las empresas públicas. No obstante ello, el balance final del plan significó mayor concentración y extranjerización de la riqueza con deterioro de las economías regionales y fuerte debilitamiento del aparato productivo. En palabras de Aldo Ferrer, en su libro “Nacionalismo y Orden Constitucional” de 1981, caracterizaba al plan de Martínez de Hoz: ” … con esta política económica sobran dos millones de kilómetros cuadrados y quince millones de habitantes”.

Desde el coraje y el conocimiento, quienes integraban la Comisión de Economía del Comité Nacional de la UCR, contestaron con un largo documento al ministro Martínez de Hoz el 14 de abril de 1976. Firmaron la declaración Roque Carranza,  Bernardo Grinspun, Féliz Elizalde, Alfredo Concepción, Germán López, Enrique García Vázquez, entre otros y afirmaban:  “El plan económico contiene elementos que implican una fuerte e injusta transferencia de ingresos entre distintos sectores de la población.Ellos  están sustancialmente referidos al tipo de cambio, la reforma impositiva, los precios de los bienes de consumo y la política de remuneraciones. La combinación de estos cuatro  factores, tal como han sido instrumentados en el plan, producirá una traslación de recursos de los sectores trabajadores y la clase media a los sectores de altos ingresos (…) La traslación de recursos hacia los sectores de mayores ingresos se produce a través de la regresividad de la reforma impositiva, de la liberación abrupta del sistema de precios y el simultáneo control de los salarios (…)  La consecuencia final del plan del actual gobierno lleva, irrevocablemente a una reducción de la capacidad de compra de los consumidores, que por su intensidad producirá en un futuro próximo trastornos de suma gravedad en la evoluciòn económica y social. Desde el punto de vista económico, el menor consumo originado por la disminución de salarios reales, reducirá la demanda de bienes y consecuentemente, la actividad productora de esos bienes. Ello implicará desocupación de hombres y equipos productivos (…) Con la reforma impositiva llevada a cabo, se eliminan los pocos elementos progresivos existentes, que procuraban hacer recaer una parte del peso tributario sobre los contribuyentes más pudientes”. Concluyendo al final del extenso documento los economistas y dirigentes del radicalismo: “Como corolario de los comentarios que se han realizado, se puede afirmar que se ha partido de la concepciòn de que favoreciendo los intereses empresarios y creándoles un clima de seguridad y libertad, sin interferencias del Estado, se puede lograr una recuperación de la economía argentina, por el solo juego de las fuerzas del mercado y el incentivo de ganancias de los empresarios. De este juego resultarán más favorecidos los intereses particulares que  generales, aumentará la desocupación, y consecuentemente, la inestabilidad económica y social del país. La opinión pública llegará a la conclusión de que este gobierno ha tenido por finalidad la protección de intereses de grupos, lo que configura una verdadera agresión de clase (…) Desde ya puede afirmarse que: – No se promoverá el desarrollo económico basado en el equilibrio y la participación responsable de los distintos sectores.  – No se logrará la concreción de una situación socio-económica que asegure la capacidad de decisión nacional. – No mantendrá el Estado el control sobre áreas vitales que hacen a la seguridad y el desarrollo. – No se obtendrá el bienestar general a través del trabajo fecundo. – No habrá un adecuado sentido de justicia social. – Sí será un gobierno de sectores y para mantenerlo no se respetarán las garantías individuales y no se trabajará para la recreación de una democracia efectiva, imaginativa y fuerte que asegure su carácter, representativo, republicano y federal”.

Leer la historia obliga a interpretarla en claves de presente y futuro. Cambiaron los tiempos y las coordenadas de política internacional. Surgen los populismos de derecha que socavan la democracia y las instituciones republicanas desde dentro del sistema. Hoy, los argentinos tenemos un gobierno electo por el voto popular que tiene fuertes similitudes con las “viejas ideas” de Ricardo Zinn y Martínez de Hoz. Un presidente que aplaude a Cavallo y a Carlos Menem y por consiguiente define, instrumenta y busca consolidar una Argentina sin movilidad social, basado en el apalancamiento en los sectores de la economía extractiva, que niega del rol orientador e igualador del Estado, de fuertes incentivos a los sectores de altos ingresos y de estrangulamiento a las economìas regionales y a los gobiernos provinciales, que desfinancia la investigación y el desarrollo científico-tecnológico y descree de la justicia social y la educación/ salud pública. Como respuesta a estas políticas, como sucedió en los tiempos de oscuridad,  la dirigencia política y social debe buscar los “máximos comunes denominadores” para denunciar el modelo de Milei,y construir una alternativa de futuro para todos los argentinos.

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