Hace 80 años, Argentina era noticia de tapa del The New York Times. A través de su corresponsal en Buenos Aires, Arnaldo Cortesi, el principal diario estadounidense seguía de cerca los hechos ocurridos en esos días de octubre del ’45.
Desde el desplazamiento de Perón del poder -era el “hombre fuerte” del régimen encabezado por el general Farrell- y los planteos militares que le suceden, el multitudinario mitin de despedida frente a la Secretaría de Trabajo y Previsión el miércoles 10, transmitido a todo el país por cadena nacional de radiodifusión , la ofensiva opositora que también moviliza gran cantidad de gente en Plaza San Martín, frente al Círculo Militar el día 12, exigiendo elecciones y la entrega del Gobierno a la Corte Suprema, el arresto de Perón al día siguiente, su fugaz detención en la isla Martín García y el posterior traslado al Hospital Militar; la efervescencia social y la contraofensiva gremial con la convocatoria de la CGT al paro general del día 18, desbordada en la víspera por las columnas de trabajadores que salen a la calle y convergen hacia Plaza de Mayo reclamando la liberación del coronel detenido, cosa que ocurre por la noche de aquel miércoles 17 de octubre que pasaría a la historia.
Al calor de los acontecimientos, Cortesi escribe ese día una extensa crónica, que se publica al día siguiente en la primera página: “El Coronel Juan Perón, quien hace sólo ocho días fue echado del Gobierno argentino por el Ejército y fue luego enviado como prisionero a la isla Martín García, protagonizó un sensacional regreso hoy y confirmó que es ‘el hombre fuerte’ en Argentina. No sólo obtuvo su propia liberación sino que también despidió al General Eduardo Avalos y al Vicealmirante Héctor Vernengo Lima, quienes habían tomado posesión del gobierno después de su renuncia”.
“Perón restableció a sus amigos y partidarios dentro del Gabinete, aunque él mismo se mantiene fuera del Gobierno, al menos hasta el presente. Mas aún, él ha renunciado al Ejército y estaría partiendo para un descanso de quince días en el territorio de Chubut, después del cual, dice, se dedicará exclusivamente al pueblo argentino-lo cual se presume que significa que empezará su campaña presidencial”.
En la misma edición, The New York Times le dedica a la Argentina además un editorial preguntándose cuán verdaderamente peligroso y temible era el fascismo que se denunciaba en el país sudamericano, un reconocimiento de que lo que estaba ocurriendo aquí merecía un análisis diferente: “Si todavía existiese un club de naciones fascistas activo y próspero –el cual obviamente no existe–, su comité de afiliación se habría reunido ya hace tiempo para tomar medidas disciplinarias contra Argentina. Ese país, que se encuentra bajo un régimen tan frecuentemente descripto como fascista, sin dudas estuvo jugando con la Constitución y las normas de dicho club. Argentina es ‘un estado fascista’ que permite las libertades de expresión, prensa y asociación (esta última, a tal punto que se produjo una protesta pública de medio millón de ciudadanos anti-oficialistas). Permite la coexistencia de partidos políticos opositores. A su dictador le quitan y le devuelven la autoridad casi día por medio; incluso lo arrestan, sólo que según los informes más recientes, no está preso sino que recibió una ovación pública”.
El editorial del NYT invita a la lectura del artículo de Cortesi en el que será posible -dice- encontrar “una pista bastante contundente para descifrar el enigma o misterio argentino”:. “Se trata de un indicio que ya aparecía en telegramas anteriores del mismo corresponsal. Por más extraño que parezca, el principal apoyo que recibe Juan Perón, quien tipifica y resume el fascismo argentino, es el de la clase trabajadora. Es cierto que ese apoyo provendría, en su mayoría, de los sindicatos que él mismo organizó y se vería reforzado por los delegados que le deben a él sus puestos de trabajo. Sin embargo, dice el señor Cortesi: ‘el hecho de que al menos una parte de los trabajadores se declarara a favor de Perón merece mucha atención. Sugiere que es posible que Argentina no haya escuchado su última palabra en lo que a la política respecta. Por lo menos, es significativo que sus seguidores se sientan lo suficientemente fuertes para organizar manifestaciones públicas y demostrar su apoyo'”.
Y concluye el editorial reconociendo lo difícil que resultaba entender a este país:“Son muchísimas las noticias que publica la prensa estadounidense sobre Argentina, pero aun así, es prácticamente imposible formarse una idea clara de la situación en ese país (…) Los gastos por el envío de telegramas desde Buenos Aires a los periódicos de Estados Unidos seguramente alcancen cifras dignas de llevarlos a la ruina, pero ¿qué tan clara es la idea que tiene el público estadounidense de la situación en Argentina?”. Un país difícil de encasillar, con fenómenos políticos excéntricos, y por momentos desconcertantes, que se salen de las tipologías convencionales. Así nos veían. ¿Así nos siguen viendo?
Publicado en Clarín el 19 de octubre de 2025.
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