En la apretada agenda de la visita a Buenos Aires, Angela Merkel encontró espacio para mostrar su firme compromiso frente al cambio climático. Esto sugiere la pregunta de si no será un hecho positivo que Donald Trump se haya ubicado, durante su campaña, y ahora en el ejercicio de su presidencia, en las antípodas de la líder germana y la de muchos otros que están preocupados por este tema.
Uno podría encontrar una infinidad de aspectos negativos sobre EE.UU. aislándose en materia de mitigación al cambio climático y los temas ambientales. Pero que haya sido Trump el que los propone provoca, cuanto menos desde la teoría, algo bien diferente. Cada declaración y posterior acción del Presidente de los Estados Unidos en casi todos los temas en los que toma postura provoca una caja de resonancia inversa a la que pregona a nivel mundial. Por lo tanto, se podría conjeturar que una salida del acuerdo de París por parte de EE.UU. en otras circunstancias, no es lo mismo que quien lo haya hecho sea el Sr. Donald John Trump.
Si hay algo que le faltaba a los temas en materia del cambio climático era que pudieran ser comprendidos y aceptados por todos a nivel internacional. Es aún necesario que se puedan percibir sus efectos pese a la asimetría de posibles impactos generados. Si bien el tema está instalado a nivel mundial hace varias décadas, no ha pasado a una agenda de acción planificada, sistemática y, sobre todo, activa. Todavía vive entre un mundo de científicos y expertos con buenas voluntades que tratan de poder generar más publicidad que lo que los modelos teóricos son capaces de precisar con sus predicciones. Lo que los investigadores no pudieron con la confección de escenarios ¿lo habrá generado el Presidente de los Estados Unidos?
Pensar los posibles efectos de una salida de EE.UU. del Acuerdo de París con otro presidente podrían ser muy negativos:
En primer lugar, el “efecto desaliento” de aquellos países que históricamente han sido muy activos en la mitigación del cambio climático. En varios casos han logrado acuerdos para reducir la emisión de gases efecto invernadero y han logrado un cierto grado de compromiso.
Por otro lado, aparecen actores siempre reticentes a tomar iniciativas en materia de reducir emisiones que podrían verse atraídos por el camino de la “no cooperación” en esta materia. Por tanto, seguir los pasos de EE.UU. y en vez de tomar una actitud seguidora del sendero de un tope a las emisiones, decidir ir por el camino de la disidencia. Esto implicaría, en materia de cambio climático, retroceder varios casilleros en el tiempo y un efecto que profundizaría el argumento anterior relativo al desaliento.
Por último, y quizás más importante, es la posibilidad de un efecto contagio para otros acuerdos y compromisos internacionales. Cada uno de ellos ha implicado un esfuerzo muy grande de todos los actores y acciones que se vienen sosteniendo a lo largo del tiempo. Un claro ejemplo de ellos son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Sus metas son tan amplias y tan globales que necesitan de un esfuerzo conjunto e ininterrumpido de construcción que se sostenga en el tiempo. Es por esto que si un actor importante desea dejar de cooperar y se muestra en franca oposición a los objetivos perseguidos, esto repercutirá negativamente en la concreción de logros a corto y mediano plazo.
Pero todo esto podría ser muy diferente desde otro análisis. Cada acción de Trump tiene eco a nivel internacional, lo que le estaba faltando a los temas vinculados al cambio climático; y claramente la sociedad se viene expresando en franca oposición a sus posturas, mostrándose muy enérgica por ir en contra de sus decisiones. Quizás los que consideramos la necesidad de hacer algo en tema de cambio climático hemos encontrado a nuestro mejor vocero: “Thank you Mr. President”.








