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Opinión 30 10 2019

La historia del diputado que criticó al peronismo y terminó exiliado en Uruguay


Autor: Eduardo Rivas









Sus declaraciones lo condenaron. El diputado radical Ernesto Sammartino inauguró en 1947 la lista de legisladores que serían hostigados por la Justicia a partir de sus expresiones en contra del peronismo. A Sammartino lo echaron de la Cámara, una medida que la mayoría peronista adoptaría luego contra Ricardo Balbín, Agustín Rodríguez Araya y Silvano Santander. El mismo castigo intentaron aplicarle a Arturo Umberto Illia, pero la iniciativa no prosperó.

Nacido en Ramallo, Sammartino llegó al Parlamento en 1936 en representación del pueblo de la Provincia de Entre Ríos, y cuatro años después en representación de la Capital Federal, mandato que fuera truncado por el golpe de Estado promovido por el GOU al que pertenecía Perón, en 1943.

En 1946 inició su tercer mandato como diputado nacional, una vez más por el radicalismo de la Capital Federal, ya con Juan Domingo Perón en el gobierno. El 8 de agosto de aquel año, en el recinto de la Cámara de Diputados, Sammartino afirmó en referencia a la bancada oficial: “Algunos diputados que se sientan en los escaños de la mayoría conocen, como Panurgo, las cuarenta formas del hurto”.

La declaración generó una previsible reacción de los diputados peronistas, que, mayoritariamente sin experiencia en la dialéctica parlamentaria, acusaban a Sammartino de haberlos ofendido al tratarlos de ladrones.

Rápido de reflejos, el diputado radical se defendió: “Yo no dije robo, sino hurto y hurta quien se apodera de la voluntad de sus conciudadanos por medio de engaños y sofismas”. Pero el oficialismo no aceptó sus disculpas y resolvió suspender al radical por tres sesiones. Fue la primera vez que se aplicó tal medida en la historia parlamentaria argentina. Sin embargo, esto no amedrentó a Sammartino, ni tampoco lo consiguió dos meses después el accionar de Manuel Costa, el sicario contratado para asesinarlo y que falló en su cometido.

Sammartino era un furibundo opositor al gobierno peronista y un muy hábil orador, por lo que no faltaría oportunidad en que los objetivos de ambos sectores se contrapusieran y volviera a haber problemas. La disputa se reinició cuando el diputado criticó una serie de artículos periodísticos firmados por Perón: “La historia se inicia, para él, con su llegada; ¿y antes no existió nada en este país? La torpeza mental, creo, no ha sido nunca defecto de los grandes presidentes argentinos, y el nuestro acusa ahora falta de ponderación mental y de equilibrio moral”.

Fue días después, en la sesión del 26 de julio de 1947, cuando en medio de un griterío ensordecedor que procuraba acallarlo, e incluso no faltaba quien quería tomar a golpes de puño a Sammartino, haciendo oídos sordos a la crítica pronunció su recordada frase. Lanzó el legislador radical: “El aluvión zoológico del 24 de febrero parece haber arrojado algún diputado a su banca, para que desde ella maúlle a los astros por una dieta de 2.500 pesos. Que siga maullando, a mí no me molesta”.

Esto generó una batahola, y previendo las consecuencias al finalizar la sesión, Ricardo Balbín expuso por más de dos horas distrayendo la atención y garantizando el tiempo para que Sammartino pudiera salir.

Tras estas palabras, estaba claro que todo estaba servido para un nuevo cruce entre los legisladores peronistas y Sammartino, y esto ocurrió el 23 de junio de 1948.

En su discurso, que por disposición del entonces presidente de la Cámara de Diputados Héctor J. Cámpora no fue publicado en el Diario de Sesiones, Sammartino afirmó: “No hay crimen de lesa patria más típico que destruir la historia de un país y menoscabar la memoria de los próceres y de los hombres que forjaron la nacionalidad. Esa corriente revisionista de la historia, que intenta arrojar sombras sobre nuestros próceres, con mentalidad antidemocrática, con documentos apócrifos, con información deficiente y falsa, es una corriente de desintegración de la nacionalidad, de disociación del pueblo argentino, que nosotros debemos y queremos combatir con fervorosa pasión argentina”.

Y agregó: ‘La torpeza mental y la ofuscación de espíritu no han sido nunca defectos de los grandes presidentes argentinos. Zaherir, agraviar, difamar a la oposición por presuntas o reales desviaciones, cuando se debe adoctrinarla y orientarla, es revelar incapacidad para la alta docencia de la primera magistratura. Un presidente que agravia a todas las fuerzas políticas adversarias; un presidente que cree que la historia empieza y termina en él, acusa, por lo menos, falta de ponderación mental y de equilibrio moral”.

Como es de suponer, esto generaba reprobación de la bancada oficialista que cada vez toleraba menos el accionar de Sammartino, quien redoblaba la apuesta párrafo tras párrafo, y dirigiéndose a los legisladores peronistas les espetó: “Pensarán que éste es un pueblo digno de vivir bajo el látigo de un dictador, y que esta no es la Cámara libre de una república democrática, sino la Cámara arrodillada de una factoría con pujos de nación soberana".

Esta referencia del miembro del mítico Bloque de los 44, que se había erigido como el último dique de contención del oficialismo en la Cámara de Diputados de la Nación, provocó que sus pares peronistas votaran la conformación de una comisión especial y urgente para expulsarlo de la Cámara.