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Opinión Julio 08, 2019, 6 16am

La diplomacia teatral de Trump


Autor: Carlos Pérez Llana


Si algo caracteriza a la diplomacia americana es la impronta teatral que le imprime Donald Trump. Sin embargo, en los últimos días el método de la “presión máxima”, su especialidad, puede haber encontrado un techo. En el G20, cuando todo hacía pensar que el conflicto con China ascendería a los extremos, Trump anunció una “tregua”.
Esto significa que la pulseada arancelaria perdura, Washington mantiene las tarifas suplementarias sobre 250.000 millones de dls de exportaciones chinas y Pekín sobre 110.000 millones de exportaciones americanas. Todo igual.
China preserva los subsidios a sus empresas estatales, reiteró que aumentará sus compras agrícolas y anunció que a partir del 30 de julio reducirá las restricciones, en algunos sectores, a la inversión extranjera. Finalmente, en la cuestión estratégica -vinculada a la supremacía científico tecnológica- condensada en el affaire Huawei, el compromiso de Trump fue vago: los proveedores americanos pueden reanudar las ventas de ciertos componentes a la telefónica, a condición de que no se vea afectada la seguridad nacional. Pero se desconoce la lista de productos prohibidos y permitidos. Ambigüedad total.
Días después, el teatro trumpista reabrió en Corea. La “diplomacia de los twits” sugirió un encuentro con el líder norcoreano Kim Jong Un. Estando de visita en Corea del Sur, ¿porqué no extender la gira incorporando una primicia: el primer Presidente americano que pisa la zona desmilitarizada entre ambas Coreas?
La escena fue cuidadosamente preparada: debía impactar la sorpresa. Pero existen dudas: días antes ya estaba instalado en Seúl el representante americano para las cuestiones norcoreanas, Stephen Biegun. ¿Esa presencia fue casual?
Irán es otro banco de ensayo de la diplomacia de la Casa Blanca. Cumpliendo los compromisos de campaña, apenas asumió Trump se desligó del Acuerdo referido al programa nuclear de Irán. Satisfacía, de ese modo, a dos aliados, Israel y Arabia Saudita. Sin embargo, el método de la “presión máxima” todavía no ha dado los resultados esperados. Washington no logra que los restantes países firmantes del Acuerdo -China, Rusia, Alemania, Gran Bretaña y Francia- rompan sus vínculos con el régimen de Teherán.
Es más, lentamente va tomando cuerpo la idea de armar un sistema de comercio que no incluya al dólar, evitando el mecanismo Swift para las transferencias bancarias. En el caso concreto de Europa, ese formato tiene nombre, el Instex.
Pero no todo terminó allí. Hace pocos días uno de los principales aliados americanos en el Asia, la India, fue notificado de una sanción: Trump rescindió el Acuerdo por el cual India se beneficiaba de las ventajas del Sistema Generalizado de Preferencias. N. Modi, Primer Ministro recientemente reelegido, también está notificado: las alianzas para Trump son precarias y el barómetro pasa por los excedentes comerciales y/o la adhesión a las ideas centrales del trumpismo.
En un año electoral, a Trump sólo le interesan los resultados comerciales para consolidar el contrato que lo une con sus votantes proteccionistas. Por esa razón, el balance crítico de la gestión externa estará a cargo de los demócratas y si bien en la campaña los temas externos no son muy relevantes, no dejan de tener su peso porque hacen al interés nacional americano.
Trump tal vez logró su mayor triunfo en México. Le tocó al presidente López Obrador interpretar el código realista de su vecino y canjeó compras americanas por políticas anti-inmigratorias. Pero en los demás frentes los resultados no están a la vista. Pensando en el voto agrícola, Trump mantiene su apuesta con China. En pleno G20 anunció “que rápidamente Pekín adquirirá una suma increíble de productos agrícolas”. En paralelo, especulando electoralmente, Trump aplica aranceles a los productos indios. Entre contener a China en el Asia del Sur y las urnas, Trump no duda.
La “presión máxima” no ha funcionado en Corea del Norte: nunca un presidente norteamericano legitimó tanto al régimen excéntrico de Pyongyang. Mientras condena el programa nuclear iraní, pocos resultados logró para anular el programa nuclear y misilístico norcoreano. Hasta el saludo teatral, Trump-Kim en la zona desmilitarizada de la Península, los EE.UU consideraban que antes de avanzar en cualquier tipo de negociaciones, Kim debía comprometerse en una “desnuclearización completa, verificable e irreversible”.
Como no hubo avances, el asesor americano, que acompañaba a Trump, S. Biegun, reconoció que hubo cambios: “deberá haber progresos simultáneos y paralelos”. Lo que Kim reclama: ambos ceden, se levantan las sanciones a cambio de avanzar en materia nuclear.
Finalmente, Trump no logró torcer la voluntad iraní. Rusia, China y los europeos quieren preservar el programa de desarme nuclear y apoyan el levantamiento de las sanciones económicas prometidas a Irán.
El trumpismo debe ser realista. En campaña, la promesa fue no más guerras y retirada del Medio Oriente. El error cometido por Washington hoy se paga: se equivocaron al invadir Irak, Irán se benefició. La segunda equivocación: Bolton y Pompeo, sepultureros de Sadam Hussein, impulsan ahora el cambio de régimen en Teherán. Los fantasmas del pasado afloran: ¿invadir Irán? Carter pagó caro sus ambigüedades cuando la monarquía caía, la Embajada americana fue ocupada, no pudo reelegirse y Reagan llegó a la Casa Blanca. ¿Trump lo sabe?
Publicado en Clarín el 7 de julio de 2019.
Link https://www.clarin.com/opinion/diplomacia-teatral-trump_0_vCMOLdbom.html

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