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Bisagra 02 01 2017

Cómo escribir un libro de autoayuda


Autor: Esteban Lo Presti









Hay libros de autoayuda para todos los gustos, para personas que están pasando por momentos negativos y para personas claramente positivas, incluso para aquellos que siempre son positivos…, esas personas raras, que solemos cruzarnos y de las que secretamente sospechamos.

También hay libros de este estilo para gerentes..., bueno, casi todos los libros que intentan reflejar como ser exitoso en una empresa (o hacerse rico en cinco minutos) son en definitiva lo que llamaremos libros de autoayuda para gerentes.

Pero no nos vayamos por las ramas. Un buen editor cada tanto debe encarar la tarea de encargar un libro de autoayuda para su catálogo, básicamente porque venden y permiten sostener el resto.

Aquí les dejamos entonces un decálogo, o ayuda memoria para hacer mejor su vida.

 

  1. Lo ideal es que usted, el autor de ahora en más, haya pasado por una situación límite, una enfermedad incurable que se curó milagrosamente. O una no tan incurable, pero a la que le dio batalla (si lo dramatizamos un poco, ese resfrío que lo tuvo a mal traer durante un par de semanas puede venir muy bien). Mejor aún es haber sobrevivido a una tragedia (no vale usar el avión que se cayó o quedar enterrado en una mina, eso ya se usó y tiene los derechos registrados).
  2. Hable con palabras sencillas, muuuuy sencillas. La idea no es convertirse en el próximo Nobel de literatura, sino generar mucha plata con los derechos de autor.
  3. Puede plagiar, pero trate que no se den cuenta, reescriba lo que otros ya hicieron y nadie les reprochó nada. Con ello puede llegar a completar un par de capítulos de su libro. Si lo descubren, siempre habrá tiempo para echarle la culpa a un ghostwriter.
  4. Junte un par de fábulas populares. Una vez que las tenga, adelante, hágales un giro literario, simule profundidad en lo que cuenta, diga que son historias reales y con eso ya cubrió otro par de capítulos del libro.
  5. Cuente un par de historias personales. Sobre todo, alguna que tenga que ver con perderse en un desierto (vale algún médano de Pinamar o Villa Gesell), o el ascenso a una montaña. Ahora que lo pensamos bien, el ascenso a la montaña es ideal. En seguida, si su lector es una persona religiosa, lo va a asociar al camino de Jesús en el desierto, o a Moises buscando las tablas sagradas o a Mahoma peregrinando a la Meca. Si el lector no es creyente, simplemente lo asociará al sacrificio de caminar y caminar y caminar, o ascender, ascender y ascender.
  6. Ayuda, y mucho, agregar un par de dibujos. Pero ojo, el secreto es que sean dibujos sencillos, de trazo fino, ambiguos a la vez, y por sobre todas las cosas, que se puedan adjudicar al autor del libro.
  7. En todo momento refleje optimismo, incluso cuando esté contando sobre el momento en que se encontró atrapado en el fondo del mar (ya que no podemos usar el avión o la mina, usemos un barco que se hundió, al estilo Poseidón), en una bolsa de aire que se formó en la tercera cubierta del crucero, durante días comiendo peces crudos agarrados por sus propias manos (nadie va a saber que en realidad justo estaba en la cocina del barco y sobrevivió gracias a que había comida en la heladera). Hasta en ese momento, poco antes que lo rescataran los buzos, el autor fue optimista. Eso es lo importante, reflejar el optimismo.
  8. También es bueno si en el medio de su historia encuentra sin querer, y de improviso, el amor. El amor genuino, puro, asexuado. Con ese tema ya tenemos otro capítulo adentro. No olvide dedicar el libro a ese o esa persona que le permitirá redimirse en el ámbito amoroso.
  9. Cuente alguna historia que tenga que ver con abrir múltiples puertas que se le presentan en un sueño onírico (valen también ponerse sombreros, aunque de nuevo ya se usaron). Describa la secuencia como si estuviese en un gran salón y lo rodean decenas de aberturas que giran y tiene que elegir una, esa que lo llevará por la senda de la felicidad. Sea lo suficientemente metafórico en ese sentido, ya que según la puerta que abra, el lector se sentirá reflejado en la lectura. Esa es la clave, que el lector se identifique con lo que lee.

10. Termine el libro con alguna frase lo suficientemente ambigua como para que todos se sientan reflejados en la misma, que todos digan esto es lo que me pasó a mí. Pero a la vez, siembre interrogantes, no se olvide que los mismos son el disparador para el próximo libro de autoayuda que escribirá.