menu
Opinión 19 08 2020

150 días de cuarentena


Autor: Julián Álvarez Sansone









Aunque al Presidente Fernández le cueste asumirlo y de hecho lo niegue absurdamente, los argentinos llevamos alrededor de 150 días de cuarentena. Para algunos analistas, no sólo es la cuarentena más larga del mundo, sino también una de las más menos eficientes. Ciertamente, los casos nunca pararon de crecer. Semana a semana cada vez hay más casos, rompemos récords diarios de nivel de contagios y de muertes, y los sistemas sanitarios de varias provincias están cada vez más complicados y cerca del colapsar. Para ejemplificar con un dato, teniendo menos población que Italia, Francia y Alemania y teniendo menos densidad poblacional que ellos, tenemos muchos más casos. Argentina ya superó los 300.000 casos confirmados (y haciendo pocos testeos), mientras que esos países europeos que hicieron muchos más testeos tienen alrededor de 250.000 casos confirmados y una curva de contagios que ya pasó el pico.

 Algunos intelectuales firmantes de la polémica carta sobre la supuesta "infectadura" consideran que el Presidente y varios gobernadores se aprovechan del coronavirus para gobernar y tomar medidas sin ningún tipo de control, freno o contrapeso. Un caso que ejemplifica esto fue el intento de estatización de la cerealera Vicentín, que gracias a la movilización de los ciudadanos y a la presión de la oposición y algunos medios de comunicación se logró frenar. De hecho, se logró que el mismísimo Presidente asuma públicamente que se "equivocó en intentar estatizarla".

El Congreso y la Justicia están casi paralizados. Hubieron muy pocas sesiones en ambas cámaras y ciertamente muchas causas judiciales no tuvieron avances. Casualmente o no, muchas de las que no avanzaron son las que investigan casos de corrupción de funcionarios o referentes del kirchnerismo. El funcionamiento del Poder Judicial, dicen algunos, se viene dando durante este período de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (A.S.P.O)  "a cuenta gotas", y se parece más a una novela de ficción que a un país "normal".

La situación económica es indudablemente desastrosa. La inflación está indomable (en parte a causa de la imparable emisión monetaria efectuada por el gobierno nacional), y la pobreza no para de crecer. El actual mandatario asumió  su cargo en un país con 35,5% de pobres, y ahora esa cifra pasaría por lejos el 50%. También es preocupante el índice de pobreza infantil, que pasará de 53% a 58% según informes de la Organización de Naciones Unidas. Sumado eso, varias multinacionales han anunciado que se van del país para instalarse en otros países vecinos como Brasil, Uruguay y Chile. En paralelo, como si fuera poco, miles y miles de pymes cierran por día a tal punto que se habla de un "cementerio de pymes". El desempleo, así, también se agravará. 

En términos sociales, la gente día a día y mes a mes manifiesta su hartazgo. Todos los meses, de mayo hasta acá, hemos evidenciado marchas de protestas en todo el país. Las hubo para el 25 de mayo, para el 20 de junio, para el 9 de Julio y para el 17 de agosto. Eso, sin contar otras movilizaciones o cacerolazos más pequeños pero igual de ruidosos. Es evidente que la gente está agotada, y no solo eso, también está frustrada y desilucionada. Muchos ciudadanos votaron a un candidato que prometió llenar la heladera  y hoy no tienen para comer. Muchos ciudadanos votaron por un Presidente que prometió asado y hoy están recibiendo la polenta que les cocina el Ejército. En términos socioecónomicos, lo único que más o menos nos puede salvar es el campo como generador de divisas y motor de las tan necesarias exportaciones, pero ciertamente cada vez aparecen más ataques a silobolsas que contienen granos para exportar. Se cree, aunque no está comprobado, que estos ataques son efectuados por simpatizantes kirchneristas que atacan a los ruralistas porque, se sabe, la Sociedad Rural Argentina siempre fue opositora de los gobiernos peronistas. 

Pero lo más grave no son ni los cacerolazos ni la rotura de los silobolsas, sino el aumento de la violencia institucional. El caso de Facundo Castro, que lleva más de 100 días desaparecido es intolerable y refleja un sorprendente aumento de la violencia institucional. También, representa la imposibilidad de asumir que las desapariciones de personas no son exclusivas de las dictaduras y también suceden lamentablemente en nuestras democracias. Para ejemplificar, hay varios casos como el de Jorge Julio López (desaparecido el 18 de septiembre del 2006) y el más reciente de Facundo Castro (el joven que fue visto por última vez el 30 de abril cuando iba rumbo a Bahía Blanca a ver a su ex novia). Una mención aparte merece el hecho de que recientemente se encontró el cadáver de un joven que podría ser Facundo Castro, pero que sorprendentemente no posee ni brazos ni piezas dentales. De esta manera, se dificulta notablemente la posibilidad de determinar si el cuerpo corresponde al chico desaparecido o no. 

Pero no conforme con las desapariciones, también el aumento de la violencia institucional se vio reflejado en el incremento de casos de gatillo fácil. Un informe de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) señala que durante la cuarentena han aumentado los casos de violencia policial y gatillo fácil

Pero el hecho policial y judicial más preocupante es sin dudas el asesinato de Fabián Gutiérrez, uno de los arrepentidos que más comprometía a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en sus innumerables procesos judiciales. Vale mencionar que el empresario Victor Fabián Gutiérrez era miembro de una reconocida familia peronista de Río Gallegos, donde conoció al expresidente Néstor Kirchner y su esposa (también ex presidenta y actual vicepresidenta) Cristina Fernández de Kirchner. Fabián Gutiérrez, llegó a ser secretario de ambos y también asesor/secretario de Cristina cuando esta fue Diputada y Senadora Nacional

Por último, es necesario recordar que durante estos 150 días de cuarentena el gobierno ha intimidado a periodistas en varias oportunidades. En junio, por ejemplo, el mismísimo Presidente de la Nación descalificó en una entrevista a la periodista Cristina Pérez y la mandó a leer la Constitución. Por otro lado, diversos comunicadores de la talla de Luis Majul, Baby Etchecopar y Viviana Canosa denunciaron públicamente que recibieron presiones y "aprietes" por parte de funcionarios del actual gobierno. Sumado a eso, en un informe reciente sobre la libertad de prensa a nivel mundial, la Argentina descendió siete puntos en su ranking desde que asumió el binomio Fernández-Fernández. Así, en dicho ranking (como en otros) cada vez nos alejamos más de países como Noruega, Suiza y Suecia, y nos acercamos a otros de la talla de Venezuela, Corea del Norte, la República Islámica de Irán o Angola.