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Opinión 08 11 2021

14N: conjeturas sobre el día después


Autor: Liliana De Riz









Estos son tiempos sombríos, en Argentina y en el mundo. Crecen los autoritarismos y las autocracias electorales. La pandemia, el cambio climático, los cambios geopolíticos- China emerge como superpotencia- combinados con la velocidad de las transformaciones tecnológicas, van dejando atrás el mundo que conocimos.

El mundo que viene, abrumadoramente complejo, anuncia desorden y furia como en los oscuros años 20 del siglo pasado. No pocos describen el crepúsculo de las democracias. Sin embargo, como la historia, la democracia tiene ciclos. Es útil retener la metáfora de Garton Ash: La democracia tiene una trayectoria ascendente con virajes hacia abajo en su camino, como un sacacorchos. Se trata de defenderla de las recaídas...

A casi cuatro décadas de 1983, logramos sobrevivir a las crisis sin quebrar el sistema político. Hubo realineamientos partidarios y alternancias. Sin embargo, la esperanza desconfiada de los comienzos hoy se trastocó en miedo al futuro y en rabia ante las promesas incumplidas.

El 2001 hizo crisis el sistema de partidos y tronó el grito “que se vayan todos”. Con casi la mitad de la población en la pobreza, la economía rota, la amenaza del virus y un gobierno a los tumbos, el reclamo parece ser “Dignidad, ya”, aquí y en la región toda (Latinobarómetro 2020).

Es la demanda a la dirigencia política responsable de encontrar las respuestas a los problemas que sufren los ciudadanos, hartos de la incompetencia y los privilegios que disfrutan los gobernantes de turno.

Los argentinos contemplan perplejos vacunatorios vip, fiestas vip prohibidas, acumulación de escandalosos beneficios jubilatorios.... Empero,los argentinos quieren votar y castigar con el voto, a pesar del clientelismo rampante.

En este país, la distancia entre las elites políticas y los ciudadanos en medio de la crisis económica y sanitaria. promete estallidos como en el resto de la región o augura ciudadanos dispuestos a la destrucción de sus propias libertades en el altar de un salvador o salvadora.

Sin embargo, la singularidad argentina es que los liderazgos sociales negocian y establecen límites a las políticas públicas.

Hasta ahora este antídoto contra la violencia ha funcionado al precio de acelerar la bancarrota del Estado. El discurso antisistema de los pequeños Bolsonaros y Maduros es minoritario. Dos grandes coaliciones siguen polarizando el voto.

En este escenario inquietante transcurrirán las elecciones generales de renovación legislativa a punto de llevarse a cabo. La continuidad de la polarización entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio define el escenario electoral. No asoman liderazgos salvadores como AMLO en México o Bukele en El Salvador, ni la fragmentación y desestabilización que asoló Chile y en mayor escala a Perú.

Si la derrota del oficialismo se confirma o incluso se agranda, se pondrá a prueba la responsabilidad de la dirigencia moderada para enhebrar acuerdos que hagan posible transitar los dos años que restan al mandato actual.

La moderación debería inspirar al oficialismo y a una oposición que aspira a ser alternancia. Si logran imponerse los moderados se habrán de reconfigurar las coaliciones. El impacto de una clara derrota del peronismo unido tendrá consecuencias no sólo sobre el FdT y su mandamás, Cristina Kirchner; además, tendrá consecuencias sobre Juntos por el Cambio que ya no será el que es.

Acaso se cumplirá la profecía de Torcuato Di Tella, anunciada allá por los años 80, de un polo conservador de peronistas y radicales y un polo socialdemócrata, de radicales y peronistas. No habrá lugar para las furias de Cristina Kirchner y su proyecto dinástico, ni habrá para Mauricio Macri un segundo tiempo. Y los extremos del espectro partidario seguirán siendo minorías testimoniales, con o sin melenas al viento..

Si este escenario surgiera después del 14 de noviembre, el clivaje clásico peronismo-antiperonismo que modeló la política argentina desde mediados del siglo pasado abriría paso a una nueva oposición entre un campo del centro derecha y otro de centro izquierda , un paso necesario para enhebrar los acuerdos sustentables que hagan posible políticas acumulativas y cierren el ciclo de los gobierno fundadores que terminaron fundiéndonos.

El terreno de las conjeturas como el que transitamos suele ser tributario de la coyuntura y corre el peligro de convertirse en rápidamente obsoleto. No obstante, la dimensión de la crisis sanitaria, económica y política que atravesamos autoriza este ejercicio.

Finalmente es un modo de advertirnos que necesitamos liderazgos con visión de futuro, sostenidos en una amplia coalición que asegure los apoyos para sustentar políticas de mediano y largo plazo, que convenzan a los votantes de que hay luz al final del túnel y que puedan transitar el valle de lágrimas que nos depara esta múltiple crisis con la esperanza en un futuro mejor y la moderación necesaria para neutralizar todo intento de reeditar populismos salvadores que nos condenan al fracaso.

La democracia, como Charles Tilly supo advertir, descansa en la esperanza de que llegará un futuro en el que todos tendremos una oportunidad. La esperanza y la moderación pueden abrirse cauce tras estas elecciones legislativas. Esperemos que así sea.

Publicado en Clarín el 4 de noviembre de 2021.

Link https://www.clarin.com/opinion/14n-conjeturas-dia-despues_0_WetgyRV3Q.html