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Opinión 09 12 2016

Argentina encabeza el MERCOSUR el próximo semestre


Autor: Ricardo Carciofi









El MERCOSUR ha tenido tenido un año 2016 agitado: la gobernabilidad del bloque se tornó un obstáculo recurrente que consumió la casi totalidad de las energías disponibles. El camino parece haberse despejado parcialmente con la reciente decisión de suspender a Venezuela como miembro del bloque. [1] Si bien la situación dista de estar resuelta esto representa una oportunidad para la Presidencia Argentina del bloque, tarea que habrá de cumplir durante la primera parte de 2017. Atendiendo al nuevo contexto internacional y habida cuenta de la situación del bloque, están dadas las condiciones para poner nuevamente el foco en el plano económico y particularmente en las negociaciones externas. Si bien hay elementos que sugieren que se aleja la posibilidad de un acuerdo comercial con Europa, el MERCOSUR debe encontrar un nuevo frente sobre el cual reagrupar sus intereses económicos y comerciales.

Detengamos un momento la atención sobre la negociación con Europa. Como se recordará, en Mayo pasado hubo un intercambio de ofertas sobre las canastas y cronogramas de preferencias arancelerias, así como de las disciplinas complementarias. Arribar a este punto supuso un trabajo arduo después de 6 años de conversaciones bi-regionales. Si bien es poca la información oficial que se ha brindado al respecto, las declaraciones de los funcionarios apuntaron a cierto optimismo inicial para luego señalar que todavía quedaba mucho terreno escarpado por delante. Esto no es extraño si se toma en consideración que los intentos de un acuerdo comercial con Europa llevan más de dos décadas sin arribar a resultados concretos.

Sin embargo, además de las dificultades intrísecas de los temas estrictamente económicos y comerciales de la negociación, el contexto se ha tornado más adverso en los siete meses que han transcurrido desde mayo, especialmente desde el lado europeo. En el plano político, el Brexit primero y el referéndum de Italia atestiguan que la opinión pública europea muestra disconformidad con la estrategia que se viene siguiendo. En lo que concierne al comercio, la firma del acuerdo entre la Unión Europea y Canadá en octubre puso en claro las dificultades para lograr consensos en estos temas y sirvió para mostrar cómo expresiones minoritarias –el parlamento de Vallonia estuvo a punto de hacer descarrilar el acuerdo– pueden oponerse a la voluntad de los negociadores. Si se extrapola al caso del MERCOSUR, todo sugiere que será difícil mover las piezas hasta tanto no se conozcan los resultados de las elecciones francesas de 2017, dado que este país canaliza gran parte de los fondos europeos que sostienen a la agricultura. Precisamente, un eventual acuerdo expondrá a los granjeros europeos al conocido potencial agrícola del MERCOSUR.

A todo lo anterior se suma el nuevo escenario en EE.UU. que ha cancelado la posibilidad de arribar a la firma del mega-acuerdo del Pacífico (TPP). Debe inferirse que el proceso del Acuerdo Atlántico (EE.UU.-EU) que se había iniciado, también quedará paralizado. Podría especularse que este espacio ahora vacante podría dar impulso a un renovado interés europeo por estrechar lazos económicos y comerciales con nuestros países. Ciertamente es una posibilidad, pero no sabemos cuál es la probabilidad que esto ocurra.

Este cuadro de situación con relación a Europa involucra el riesgo de una parálisis para la agenda externa del MERCOSUR porque la única vía de negociación que actualmente tiene abierta llegaría a una encerrona. Esto comporta una doble dificultad. Primero, porque el bloque quedaría con un espacio reducido en un contexto donde, previsiblemente, aumentarán las dificultades de acceso a mercado. Segundo, porque la existencia de una negociación externa le brinda el incentivo al MERCOSUR de hacer progresos en la agenda interna y, por esta vía, mejorar también el espacio de integración doméstico. De hecho este fue uno de los argumentos que se han esgrimido recurrentemente a propósito del acuerdo con Europa.

De lo anterior se deduce la conveniencia que el bloque refocalice su mirada hacia terceros mercados. En esa línea aparece una opción nítida: China. Veamos por qué. En primer lugar se destacan los aspectos comerciales. El cuadro siguiente resume algunos datos referidos a las exportaciones de la agroindustria –núcleo de los intereses ofensivos del MERCOSUR–.

 

Como se observa, todos nuestros países son abastecedores importantes de agroindustria al mercado chino, pero a la vez el bloque se enfrenta a importantes competidores –algunos de los cuales, como Australia y Nueva Zelanda, tienen acceso preferencial al gigante asiático–. Es interesante observar que las compras chinas realizadas al conjunto de los países del bloque son superiores a las efectuadas a los  EEUU.

Esto ofrece una señal del potencial del MERCOSUR y hacia dónde debe moverse si no quiere quedar descolocado. Pero también señala otro riesgo: que la principal competencia se desarrolle entre los propios países del bloque. Asimismo, si se repara en la composición de las compras chinas, se destaca la presencia de productos primarios y con escaso grado de elaboración. La clave es entonces poder escalar en la cadena de valor, para lo cual es necesario quebrar los obstáculos de acceso. En una palabra, el MERCOSUR, considerado en forma agregada, alcanza una masa crítica suficiente para instalar un trabajo conjunto con China, moderar la competencia intra-bloque y nos ubica mejor frente a terceros oferentes.

En segundo lugar, la ocasión parece propicia también desde el lado de China. Recientemente, como lo ha hecho público el Presidente de China en la reunión de APEC realizada en Lima, quedó planteado el compromiso de mantener ese país abierto al comercio. Es más, el discurso del Premier chino hizo una explícita referencia a América Latina invitando a la región a sumarse a la estrategia de “one belt, one road”.[2] Si efectivamente se abre esta instancia, hay atractivos para una negociación conjunta antes que bilateral.

En tercer término, la posibilidad de iniciar un diálogo más fluído a nivel de bloque con China no se contrapone con mantener el espacio abierto con Europa. Es más puede resultar un incentivo para despejar ciertas dudas estratégicas, si es que tales existen.

Finalmente, dada la magnitud de la propuesta, parece conveniente impulsar un proceso gradual. Recientemente y a propósito de la visita a China del Presidente de Uruguay, Dr. Tabaré Vázquez, se mencionó la posibilidad de trabajar un acuerdo de libre comercio con ese país. Esa es una meta muy distante. Se trata, en lo inmediato, de promover una discusión dentro de MERCOSUR de modo de explorar cuáles serían las bases para una aproximación conjunta a China. Hay un sinnúmero de propuestas en las que se puede trabajar y hacer progresos –especialmente, las que se concentran en las cuestiones de acceso a mercado y diversificación de la oferta–. La tarea sería pues la coordinación de posiciones comunes del bloque alrededor de los intereses ofensivos y defensivos. Esto no elimina la posibilidad que, por fuera de ese espacio, cada uno de los países conserve el carril bilateral. Todo esa labor permitiría construir el camino sobre el cual podría lanzarse en una etapa posterior una negociación comercial más amplia.

Si el escenario económico y comercial global tiende a deteriorarse o no tiene buenos pronósticos, parece una conclusión bastante obvia que el MERCOSUR debe aunar esfuerzos y potenciar sus intereses comunes. Si la tarea es exitosa ayudará también al proceso de integración regional. Unas y otras razones sugieren que Argentina puede aprovechar la presidencia pro-témpore del bloque para promover una iniciativa como la que acaba de describirse. 



[1]. Técnicamente, el bloque acordó la “cesación de Venezuela” y el fundamento ha sido que dicho país no ha incorporado el acervo normativo comunitario durante los plazos acordados, incluyendo también las respectivas prórrogas. En términos prácticos, Venezuela queda al margen del bloque hasta tanto complete la tarea que está pendiente. Obviamente, en el plano político la situación es más compleja que la salida jurídica ahora aplicada.

[2]- “One belt, one road” es una ambiciosa propuesta estratégica para re-vincular a China con Europa y Occidente en general a través de mejora en las conexiones terrestres y marítimas. Consiste en un programa de inversiones en infraestructura y también de mejoras en la conectividad para favorecer el acercamiento y comercio con Occidente.  En el Lima, Xi Jinping sugirió ampliar el planteo y dar cabida en él a América Latina.