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Opinión 25 11 2016

“Abriremos de forma más amplia la puerta al mundo y estamos totalmente comprometidos con la globalización económica”


Autor: Ricardo Carciofi









El título de este artículo[1] no pertenece a ningún economista teórico del libre comercio. Tampoco corresponde a un heredero distante de David Ricardo. Es una cita del discurso que pronunció el Presidente de China Xi Jinping en la Cumbre de la APEC realizada en Lima el pasado 19 de noviembre. El anuncio cobra su verdadero significado si se toma nota del contexto. Una reunión del máximo nivel de los países del Pacífico, con la presencia del saliente Presidente Obama, y en vísperas de lo que era un hecho a esa altura: EE.UU. desistiría del TPP, tal como fue confirmado esta semana por el flamante Presidente Trump.[2] Curiosamente, el acuerdo que se negoció a lo largo de cuatro años, fue una decisión impulsada por EE.UU. para conformar un bloque comercial ofensivo y defensivo a la vez frente a China.[3] De hecho, oportunamente y frente a la situación de exclusión, la respuesta del lado asiático fue dar un impulso a una iniciativa competitiva con la anterior: Alianza Económica Integral de la Región –RCEP, según sus siglas en inglés–.[4] Así, apoyándose en un lenguaje con mensajes directos y sin pérdidas de tiempo, China reaccionó ofreciéndose a ocupar el lugar de un Estados Unidos en retirada.[5] El planteo, que constituye la primera jugada en un tablero que se ha puesto en movimiento, da pie a varias lecturas. En primer lugar, confirma que el futuro de la política comercial habrá de seguir el camino del regionalismo, tal como en los últimos quince años. En segundo lugar, y dependiendo de cómo se hilvanen las decisiones futuras, habrá de emerger una rivalidad creciente entre EE.UU. y China,  probablemente sembrada también con fricciones –una situación bastante distante de aquél diseño que alguna vez se calificó como el G-2–.[6] En tercer lugar, y quizás más relevante desde el punto de vista del funcionamiento de la economía internacional es si China está en condiciones de constituirse en el pivot que ha venido ocupado EE.UU. Más allá de las aspiraciones y los desafíos, el objetivo parece distante. Por un lado, hay un factor de tamaño, China representa el 15% de la economía mundial frente al 47% de la suma de EE.UU. y Europa, ejes de la tradicional Alianza Atlántica. Por otro lado, debe tomarse en cuenta la organización de la producción: las manufacturas se han mudado en busca de mano de obra de bajo costo, pero el know-how sigue en manos de corporaciones que tienen su sede en EE.UU. y Europa.[7] Son cadenas de producción globales cuyo centro de control está en las economías de más alto ingreso. De esta forma, no es obvio que el mecanismo pueda revertirse con una decisión ejecutiva, por más poderosa que sea la mano que firme el decreto. En síntesis, sería apresurado asumir que la globalización económica se esfumará de manera repentina. En todo caso, el fin de semana pasado nos hemos enterado que algunos están dispuestos a recoger el guante y asumir el desafío. Todo lo cual no equivale a sostener que el panorama sea diáfano y que el camino está despejado.

Ahora bien, la cuestión relevante es cómo debe ser leído en clave local, el nuevo escenario que se está conformando en el plano internacional. En un trabajo reciente sobre la inserción económica externa de Argentina que acabamos de publicar sostenemos que hay tres cuestiones de especial pertinencia con el tema en discusión.[8] La primera de ellas es que Argentina asiste a un estancamiento de sus exportaciones. El fenómeno no es reciente: tiene una historia de más de una década –entre 2004 y 2015, el volumen físico de exportaciones creció a una tasa anual de 0,5%–. Más aún, en este período la canasta de ventas externas se ha primarizado –la nota positiva ha sido la exportación de servicios, aunque todavía su magnitud relativa (10% de las exportaciones) no alcanza para compensar lo ocurrido con las ventas de bienes–. Excede a esta nota la discusión sistemática de los factores que influyen en estos resultados. Basta con señalar dos aspectos. El primero es que Argentina exhibió esta pobre trayectoria en los años donde el comercio mundial registraba las tasas más altas de expansión. El segundo, mirando hacia adelante en el horizonte, es que se impone revertir el desempeño –es decir, ampliar nuestra capacidad exportable y ganar nuevos mercados–. Hay en este frente mucho por hacer en materia de política comercial. La dificultad es que el agotamiento del sendero anterior y la voluntad del gobierno por emprender una ruta diferente coincide con un mundo que habrá de funcionar con parámetros un tanto diferentes a los conocidos.

La segunda cuestión que apuntamos en nuestro trabajo es que la agenda comercial debe abocarse a identificar y trabajar en objetivos prioritarios. Al respecto señalamos que China y también MERCOSUR deben concentrar la atención. De hecho ambos están relacionados, dado que el bloque del sur tiene similares lazos comerciales y económicos con China. Con referencia a este país señalamos que la urgencia y prioridad está motivada por el lado comercial, el déficit de intercambio es creciente –totaliza casi u$s 7 mil millones– y China es el país que concentra el mayor desequilibrio. Al mismo tiempo, los intereses con este país y sus empresas exceden la cuestión comercial. Hay importantes inversiones Chinas radicadas en nuestro país y, además, buena parte de nuestra agenda bilateral se enmarca en un Tratado de Alianza Estratégica Integral que cubre una numerosa cantidad de materias. También tiene fecha próxima la decisión sobre el otorgamiento o no del estatus de economía de mercado que deben adoptar los miembros de la OMC, Argentina entre ellos. Ha llegado el tiempo de poner estos elementos sobre la mesa y diseñar una estrategia para emprender una negociación comprensiva con China. Precisamente, poniendo el foco sobre el tema e insistiendo en el carácter abierto que debe asumir el debate, el Diputado Mario Negri ha publicado una reciente nota en el diario La Nación.[9] Cabe agregar no obstante un nuevo matiz que se ha incorporado a la escena. Argentina –y sería conveniente que el MERCOSUR sume sus fuerzas también– deberá emprender un diálogo de trabajo con China en momentos donde se habrá de tensar la cuerda entre este país y EE.UU., que es también un socio importante de la Argentina y donde la agenda excede también a los asuntos comerciales y económicos propiamente dichos. Todo esto al tiempo que el país sigue impulsando, en el contexto de MERCOSUR, un acuerdo con la UE.

Finalmente, el tercer punto que señalamos es que la búsqueda de mayor dinamismo exportador y una vinculación más favorable de Argentina con la economía regional y mundial constituye el núcleo de una estrategia de desarrollo. No es una tarea a tiempo parcial. Afirmamos además que las principales herramientas que intervienen son la política comercial, el diseño macroeconómico –principalmente el tipo de cambio– y las políticas de desarrollo productivo que a su vez conforman un amplio espectro de instrumentos y mecanismos –fiscales, financieros, regionales, etcétera–. Así como la política y estrategia comercial debe tomar nota de los nuevos desarrollos, el diseño macro se ve obligado  a ubicarse en el nuevo entorno. Más allá de los ritmos y el calibre de las medidas que adopte la administración Trump con respecto al comercio, sus decisiones de política económica interna tendrán repercusiones para el resto. Hay cierto consenso de los analistas que EE.UU. probablemente incremente su déficit fiscal, el cual estaría acompañado de mayores tasas de interés y una apreciación del dólar frente al resto de las monedas. En particular, esto último supone un obstáculo adicional para la estrategia aquí sugerida para Argentina, en circunstancias sobre la adecuación del nivel del tipo de cambio real es una discusión que está abierta. Lo cierto es que si de afuera soplan nuevos vientos, no habrá más remedio que ajustar las velas. 



[2]. Los doce miembros del TPP son: Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva

Zelanda, Perú, Singapur, EE.UU. y Vietnam. Como se observa, el TPP excluye a China e India.

[3]. Japón ha demostrado mucho interés en el TPP. En la práctica le significaba a Japón mantener un acuerdo comercial con EE.UU., instrumento del cual carece hasta este momento. La expectativa de Japón era integrarse de manera más plena a las cadenas productivas del área del Pacífico.

[4]. Los países que conforman RCEP son las diez economías de ASEAN (Brunei, Camboya, Laos, Malasia, Mynamar, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam) a las que se sumarían Australia, China, India, Japón, Corea del Sur y Nueva Zelanda La RCEP fue lanzada en 2012 en la cumbre de APEC en Camboya.

[5]. El primer ministro de Nueva Zelanda, John Key, lo expresó de manera clara: “Nos gustaría tener a EE.UU. en la región, pero si no está allí, el vacío necesita ser cubierto. Y ese vacío lo ocupará China.” Véase, Financial Times, 19 de Noviembre,  https://www.ft.com/content/ad63bc0e-ae88-11e6-a37c-f4a01f1b0fa1.

[6]. La propuesta del G2 consistía en un esquema de gobernanza mundial sugerido por Brezhinsky, Z., del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos y Bergsten, F., del Peterson Institute for International  Economics hacia comienzos de la Presidencia de Obama.  Véase, Richard Bush, The United States and China: a G-2 in the Making”. Brookings Institution, Octubre 2011.

[7]. Tal como lo expresa Richard Baldwin en su reciente libro: “los trabajadores de Carolina del Sur no están compitiendo con los trabajadores y la tecnología mexicana como ocurría en los años setenta, están compitiendo contra una combinación imbatible de bajos salarios mexicanos y know-how estadounidense.” Baldwin, R. The Great Convergence, Harvard University Press, 2016.

[8]. Ricardo Carciofi y Rosario Campos, “Inserción Internacional de la economía argentina. Temas y propuestas para una agenda de la política comercial”. Octubre 2016, http://fcece.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/sde38.pdf

 

[9]. Mario Negri, “Se necesita una Estrategia”, Diario La Nación, 22 de Noviembre 2016, http://www.lanacion.com.ar/1958286-se-necesita-una-estrategia