| Febrero 04, 2018, 6 11am

Leandro de Sagastizabal: “En los peores momentos las Bibliotecas Populares encontraron la manera de sobrevivir”

Las Bibliotecas Populares son un oasis de participación, promoción de la lectura y expansión cultural, creadas desde la sociedad civil, que solo existen en Argentina, y cuyo principal impulsor y protector fue Domingo Sarmiento.

Autor: Diego Dib





En 1870 con la promulgación de la Ley Nº 419, propiciada por Domingo Faustino Sarmiento, se crea la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (CONABIP), para fomentar la creación y el desarrollo de las bibliotecas populares que difunden el libro y la cultura. Inspiradas en los Clubes de Lectores, ideados por Benjamin Franklin en 1727 en la ciudad de Filadelfia, y las experiencias estadounidenses de creación de bibliotecas en las aldeas y ciudades, en nuestro país existen desde 1866. Si actual presidente es Leandro de Sagastizabal, historiador y uno de los principales editores de nuestro país, con una larga trayectoria de investigador sobre el mundo del libro. Dialogamos con él en Veinte Manzanas para que nos cuente cuáles son los desafíos para crear nuevos lectores y el rol social y cultural que siguen cumpliendo las Bibliotecas Populares.
Empecemos con tu mirada de historiador. San Martín cruzo los Andes llevando parte de sus libros para fundar Bibliotecas en Santiago de Chile y Lima, Sarmiento funda la CONABIP en 1870, Mitre, además de redactar una historia argentina, es el traductor de la Divina Comadia. ¿A qué crees que se debía este compromiso con el mundo de la lectura por parte de muchos de quienes fundaron esta Nación?
Creo que básicamente a que el libro era una herramienta fundamental para el país que se quería construir. Una de las primeras decisiones de la Junta Revolucionaria de Mayo (como muy bien lo ha estudiado Alejandro Parada) fue la creación de una biblioteca pública. Sarmiento fue sin dudas alguien que confiaba mucho en la educación como el paso fundamental para la consolidación de una sociedad moderna y Mitre, no en vano fundaría un diario en ese fin de siglo XIX, estimaba que un debate en términos de idea era una necesidad para reemplazar años de luchas internas de nuestro país. En el caso de Sarmiento y Mitre ellos eran además sólidos intelectuales.
¿Cuál entendés que es la intención inicial de Sarmiento en profundizar lo hecho por parte de la sociedad civil respecto a las Bibliotecas y no fundar un sistema centralizado desde el Estado, promoviendo la protección y la ampliación de la red de bibliotecas ya existente?
Lo interesante de las ideas de Sarmiento en este aspecto es que no solo crea en 1870 una instancia que articule y subvencione proyectos bibliotecarios, sino que cuando uno conoce más a fondo el proyecto lo nutre, además de una intención reguladora del Estado, de una enorme autonomía de la sociedad. Eran asociaciones civiles creadas por los particulares y no bibliotecas públicas creadas por el estado las que se protegerían (Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares), sino que sería esas comunidades las que seleccionarían los libros, se prestarían los libros a los usuarios/socios de las mismas, y muchas cosas más que fortalecían una dinámica profundamente democrática de acceso al conocimiento.
¿Qué rol cumplieron las Bibliotecas Populares durante el siglo XX? ¿Fueron actores importantes para la sociedad civil durante las etapas de autoritarias en nuestro país?
Una de las cosas absolutamente peculiares del proyecto, además de la naturaleza en sí y de su continuidad, con vaivenes, en el tiempo, es la variedad de perfiles de las mismas. Las hubo creadas por socialistas, por anarquistas, por gente de los sectores privilegiados de algunas comunidades y por vecinos que simplemente querían un proyecto de lectura para mejorar la vida de sus localidades.
Con los períodos autoritarios, si entendemos a estos como los momentos de dictaduras militares, cuando se leen algunos trabajos que la han historiado aparecen dos cosas. Algunos procesos terribles de censura y persecución de los miembros de esas comisiones bibliotecarias, como en el caso de la Constancio C. Vigil de Rosario durante la última dictadura o cierta dinámica más activa de crecimiento incluso en algunas regiones como en los años de la dictadura posterior a 1966. Aún en los momentos más negros de la historia argentina, las Bibliotecas Populares encontraron la manera no solo de sobrevivir sino incluso de consolidarse o expandirse.
¿Cuál es la labor actual de la CONABIP y de las bibliotecas en un mundo tecnologizado que tiene casi toda la información que necesita al alcance de un clik?
La labor fundamental de la CONABIP sigue siendo apoyar a las bibliotecas para que consoliden sus proyectos. Esos apoyos se expresan en facilitarles subsidios para compras de libros, para capacitación, para transitar hacia las nuevas tecnologías, para formación ciudadana, para mejorar sus infraestructura, para recuperar su historia y sus acervos patrimoniales y para formar lectores fundamentalmente.
Un aspecto que desafía y le pone un contexto diferente al tema de las dimensiones tecnológicas es que las bibliotecas populares siguen siendo un excelente punto de encuentro, no solo para actividades lectoras sino para consolidar una dinámica social de una comunidad que hacen que las mismas sean verdaderos centros culturales.
También en muchos lugares es la posibilidad de un contacto con los libros. He recorrido muchísimas localidades de nuestro país donde si no estuviesen esas bibliotecas no existiría contacto con los libros ya que no hay librerías o hay una sola. No estoy hablando de localidades perdidas y lejanas, estoy hablando también de localidades con 45.000 habitantes.
¿Cuál es el rol de los bibliotecarios en la promoción de la lectura en la sociedad, sobre todo en los jóvenes?
En el caso específico de las Bibliotecas Populares el bibliotecario tiene un rol central para dinamizar la lectura en el espacio que le toca actuar, pero en este tipo de asociaciones civiles la verdadera dinámica es compartida con las comisiones que integran las mismas, de allí que una parte significativa de este trabajo voluntario, ya que hay que dejar muy claramente remarcado que los cargos de las comisiones de las bibliotecas son sin cobrar por ello, esté cubierto por docentes, ex docentes y personas muy preocupadas por que se consolide la práctica de la lectura y en especial en los jóvenes. Estos, por lo mismo que son los que más aptitudes tienen para las nuevas tecnologías, tienen poca vocación por acercarse a las bibliotecas.
Allí es fundamental el rol de los bibliotecarios y las comisiones, por ejemplo creando secciones especiales para ellos, acercándolos con otras actividades propias de sus intereses (por ejemplo la música), comprando libros o comics que los atraigan.
¿Cuáles son los desafíos que enfrentan las Bibliotecas Populares en el mediano plazo?
Para mi uno de los desafíos fundamentales es social más que vinculado con las tecnologías, aunque esto también es importante y se expresa en el como hacer para que sectores que por dificultades de todo tipo se ven pocos estimulados por un proyecto lector.
Las Bibliotecas Populares que tienen entre sus aspectos más valiosos el contar con años de trayectoria ya que hay muchísima que superan el siglo de vida desde su creación, por ejemplo, tienen como un desafío importante revitalizar el vínculo con esas comunidades que la vieron nacer pero que en estos años han tenido enormes cambios sociales, culturales, económicos.
Desde tu gestión se ve un fuerte impulso al intercambio de cooperación y experiencias. Una parte no conocida del Proceso de Paz en Colombia tiene que ver con el impulso a la creación de bibliotecas en ese país. ¿Podés contarnos de que se trata?
Un área que impulsamos desde el año 2016 tiene que ver con la cooperación internacional, tal vez por ese concepto central de la construcción del conocimiento referido a que el mismo solo es posible en el intercambio con otras realidades.
En el año 2016 logramos que siete representantes de Bibliotecas Populares viajaran a Alemania acompañados por la coordinadora de la Unidad Legal de la CONABIP quien además tiene toda una vida de miembro de la biblioteca Alberdi de San Andrés en la Provincia de Buenos Aires.
Luego hemos estado presentes en Perú en la Feria del Libro, en Sao Pablo en un encuentro internacional de bibliotecarios, en España donde Argentina fue país invitado el año pasado.
Lo de Colombia es parte de esto y surgió por una propuesta de la Cancillería. Ayudar a crear en diferentes lugares del territorio de aquel país (Algeciras y Popayan) bibliotecas populares. Allí viajaron dos personas de CONABIP y cuatro representantes de bibliotecas y en mayo habrá otra misión para darle continuidad al proyecto.
Ellos entienden que una manera de consolidar el camino de la paz es a través de las bibliotecas y los proyectos culturales y creen al mismo tiempo que un modelo muy importante que podemos aportar los argentinos, que es por cierto casi único en el mundo, es que las mismas se conformen como asociaciones con participación de las comunidades en su gestión. Es decir, como Bibliotecas Populares y no como bibliotecas públicas.