Opinión | Enero 12, 2018, 5 10am

Don Bartolo: el patriarca de la república moderna

Un retrato político de Bartolome Mitre

Autor: Eduardo Lazzari


Bartolomé Mitre nació el 26 de junio de 1821, en la casa ubicada en la esquina de Lavalle y Esmeralda, a metros de la iglesia San Nicolás de Bari, que se encontraba donde hoy se yergue el Obelisco porteño. Fue bautizado allí dos días después, siendo su padrino el viejo director supremo José Rondeau. Sus padres eran Ambrosio y Josefa Martínez. En la sangre de Bartolo confluían herencias griegas, irlandesas y españolas. Ambrosio Mitre se trasladó, con su esposa y sus tres hijos varones (en 1833 llegará la niña), a Carmen de Patagones durante los tiempos de la guerra contra el imperio del Brasil. Don Ambrosio era el tesorero del fuerte. La flota brasileña intentó, el 7 de marzo de 1827, tomar el más austral enclave militar argentino, y sufrió una derrota espantosa donde perdieron todas las naves y sus tripulaciones fueron tomadas prisioneras. Entre los defensores se contaron Ambrosio y su hijo Bartolomé, que así tuvo su bautismo de fuego.
Bartolomé fue enviado más adelante a la estancia de Gervasio Ortiz de Rozas, en los pagos de Chascomús, para participar de las tareas campestres. Pero el hermano de Juan Manuel de Rosas se lo devolvió a Ambrosio diciéndole: “Dígale a Don Ambrosio que aquí le devuelvo a este caballerito, que no sirve ni servirá para nada, porque cuando encuentra una sombrilla se baja del caballo y se pone a leer”. Aparece aquí una de las condiciones de quien iba a ser el primer presidente constitucional de la República unificada: su voracidad de lector autodidacta. Su ambición intelectual será manifiesta en la escritura de poemas, las expediciones arqueológicas, su condición de traductor, e incluso es curioso que haya compuesto un tango al que llamó “El Monito”.
Sus exilios y el Estado de Buenos Aires
La situación política del país comienza a enrarecerse y Ambrosio decide partir al exilio en el Uruguay. Bartolomé comienza a incorporarse a las luchas políticas del país oriental, participando de las batallas de Cagancha, junto a Fructuoso Rivera y de Arroyo Grande. Fue parte del sitio de Montevideo, donde conoce al caudillo italiano Giuseppe Garibaldi, de quien imitará su peinado de allí en adelante. En 1846 viaja exiliado a Bolivia, donde se convierte en el director de la Escuela Militar. Será luego deportado a Perú, y de allí a Chile. En Santiago conoce a Juan Bautista Alberdi. Como curiosidad de su estancia en Bolivia, se lo reconoce como arqueólogo al escribir un libro sobre las ruinas de Tiawanaku. De Chile lo expulsan y termina llegando a Buenos Aires luego de la caída de Rosas.
En los tiempos de la organización nacional se enrola entre los porteños contrarios al Acuerdo de San Nicolás, encabezados por Valentín Alsina. Durante las luchas civiles es herido el 2 de junio de 1853 durante uno de los tantos combates contra las tropas confederadas, en el sitio de Buenos Aires. Un tiro le pega de lleno en la frente, provocándole una herida con fractura del hueso frontal, de la que es operado en el campo de batalla por Ireneo Portela. Siempre lució el callo (queloide) formado sobre la fractura. No permitió de ese momento en adelante que le tomaran fotos con la cabeza descubierta y mandó confeccionar un sombrero tipo chambergo amplio y liviano que siempre usaba estando en la vía pública.
Como ministro de guerra comandó las tropas porteñas en la batalla de Cepeda, el 23 de octubre de 1859, contra el Ejército de la Confederación, al mando del presidente Justo José de Urquiza, sufriendo una derrota que puso en peligro la existencia del estado de Buenos Aires. Retirado su ejército hacia Buenos Aires, en un hecho casi desconocido por los argentinos, el canciller del Paraguay, general Francisco Solano López, medió entre Mitre y Urquiza, y fue el garante del Pacto de la Unión Nacional, firmado en la estancia de Terrero, en San José de Flores. Esto permitió la supervivencia de Mitre, ya que Urquiza cumplió su palabra y retiró el ejército rumbo a Santa Fe. Y las negociaciones concluyeron con la aceptación de Buenos Aires de su condición de provincia argentina.
Gobernador y presidente
Fue elegido gobernador de Buenos Aires. Se reformó la Constitución Nacional y la falta de acuerdo sobre los diputados de Buenos Aires, concluyó el 17 de setiembre de 1861 con la victoria del ejército porteño en Pavón, batalla que aún hoy se discute por su desarrollo aunque sus consecuencias fueron definitivas. La República Argentina se organizaba para siempre unida bajo la misma Constitución. Fue elegido jefe provisorio del Poder Ejecutivo y a principios de 1862 fue elegido presidente de la República. Fue el primer gobernador bonaerense elegido por el pueblo que llegó a la presidencia, y el último.
Llegó a la presidencia el 12 de octubre de 1862, a los 41 años. Era un liberal nacionalista. Eligió el segundo domingo del mes, para establecer el traspaso de mando a la usanza estadounidense: un día fijo de la semana. A su sucesor no le gustó la idea. Sarmiento respetó el 12 de octubre que hasta hoy es el día en que más presidentes asumieron en nuestra historia. Pudo establecer la Corte Suprema de Justicia, ofreciéndole la presidencia a su opositor porteño, el autonomista Valentín Alsina, que no aceptó el convite. Eso permitió que el santiagueño José Benjamín Gorostiaga fuera el primer presidente de la Corte en la historia. Impulsó el orden constitucional en las provincias, forzando en algunos casos la situación política a su favor. Desde entonces, el predominio de los Taboada en la provincia de Santiago del Estero quedó consolidado por su alianza con el gobierno nacional de Mitre. Será Santiago, junto a Corrientes, el bastión de los mitristas en el interior del país.
Sin duda, la guerra de la Triple Alianza, contra el Paraguay, junto a Brasil y Uruguay es la acción más discutida de su presidencia. Luego de la invasión paraguaya de la provincia de Corrientes, la declaración de la guerra fue inevitable. Pero la decisión de Mitre de encabezar el ejército aliado directamente en el frente de batalla lo exhibió como un militar de pocas luces, que terminó cargando con el peso del desastre de Curupaytí, la mayor tragedia militar argentina de la historia, con cerca de diez mil muertos en una carga de infantería.
Este tiempo puso en vilo a su familia, formada por Delfina de Vedia y sus seis hijos, que permanecieron en Buenos Aires. Mitre verá morir a tres de sus vástagos, pero lo ocurrido con Jorge, el hijo adolescente al tiempo del inicio de la guerra, será su tragedia familiar más horrible.
Retiro y popularidad
No pudo imponer a su candidato, Rufino de Elizalde, como su sucesor, e intentó volver a la presidencia en 1874, encabezando una revolución que fue aplastada por el gobierno de Sarmiento, y casi le cuesta la vida. Sentenciado a muerte por un consejo de guerra, el presidente Avellaneda, le conmutó la pena por un destierro en Mendoza y un castigo ejemplar: escribir la historia de San Martín. Así nació una de las dos obras cumbres de Mitre como historiador: “Historia de San Martín y la emancipación americana”. Junto a la “Historia de Belgrano y la independencia argentina” son la referencia de la historiografía liberal sobre los tiempos de la fundación del país.
Si bien no se retiró nunca, sus tareas en el diario “La Nación” y el cariño de la gente, fundamentalmente los porteños, lo convirtieron en Don Bartolo. Se fabricaron cigarritos “Mitre”, cervezas “Mitre”, vajillas con su imagen y las publicidades usaban su recomendación, que era como palabra santa. El mayor aporte a la elegancia de Don Bartolo fueron los pantalones “Mitre”, con los bolsillos delanteros al ras de la cintura, para enganchar la mano con el pulgar en el cinturón y poder proteger los otros dedos fácilmente. Sus sombreros lo acompañaron siempre, para proteger esa herida de la frente y por eso casi no hay fotografías de la cabeza descubierta de Mitre. Hay que recordar que la foto oficial como presidente es la única de un primer magistrado de perfil. Don Bartolo siempre tuvo algunos detalles de coquetería.
En 1885 murió Avellaneda. En 1888 murió Sarmiento. Así, la opinión pública lo consideró el gran sobreviviente de las tres presidencias fundadoras de la Argentina moderna. Era el homenajeado habitual de este tiempo fundacional. A tal punto, que el día que cumplió ochenta años, la calle Piedad, en Buenos Aires, vio cambiado su nombre por Bartolomé Mitre. Y la muerte lo alcanzó a una edad provecta, poco común en su tiempo. El 21 de marzo de 1906, en su casa de la calle San Martín, falleció frente a la angustia popular. Fue velado en la Casa Rosada y el desfile de la gente fue innumerable. Fue sepultado en el Cementerio de la Recoleta, donde treinta años después se iba a levantar un mausoleo monumental para él y su esposa, Delfina. Su primer monumento se levantó en San Andrés de Giles. En el centenario de su nacimiento se inauguraron centenares de placas de bronce en todo el país, en las calles que llevan su nombre.
Publicado en El Liberal el 17 de diciembre de 2017.
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