| Noviembre 07, 2017, 3 31pm

Los problemas de gobernar durante demasiado tiempo

El peronismo y los límites de la traición.

Autor: Oscar Muiño


Uno tras otro, van cayendo los baluartes. El Círculo de Legisladores, el invicto electoral. Ahora la Procuración General de la Nación. Para algunos, Alejandra Gils Carbó muestra que muchos guerreros de la palabra sólo combaten con viento a favor y sol en la espalda. Otros ven una subordinación a la voluntad popular. El que pierde se va.
No se debe ganar siempre
Ganar todas elecciones, durante todo tiempo, en todo lugar. El objetivo comprensible de toda organización partidaria. La política carga una contradicción: una parte de la sociedad –por eso se llama partido– trata de vencer al resto. Cuantas más veces, mejor.
Lógica pura. El repiquetear burlón de quienes marcan que “el poder desgasta a quienes no lo tienen”.
Sin embargo, el caso De Vido –y su pelea epistolar con el insumergible Gioja– muestra algunas consecuencias negativas de permanecer en el poder durante demasiado tiempo.
El primer problema es que nunca resulta para siempre. Incluso si la misma fuerza se hereda a sí misma, es frecuente que viva choques entre el líder saliente y el entrante (notable en estas horas el caso de Ecuador). Sin contar los sufrimientos de aquellos cruzados de la primera hora que terminan cociéndose a fuego lento o arrebatados por las llamaradas. La Revolución –o el presidente– que devora a sus hijos y a sus padrinos.
La pretensión de perpetuidad –como la elección indefinida– no es sólo megalomanía. Muchos intentan, desesperadamente, evitar las consecuencias de dejar la manija. A veces, algunos dictadores tienen éxito. En general, la historia resulta impiadosa. Nadie les quita lo bailado pero su solo recuerdo termina aborrecido, execrado. Ejemplos abundan.
De Vido era invulnerable. Al menos muchos pensaban –pensábamos– que De Vido era invulnerable. Que el peronismo, una vez en el llano, entregaría a la vindicta pública a sus socios de la vieja Ucedé. Como había hecho el PJ menemista con Alsogaray y Alderete. Nadie dudó nunca que Boudou concentraba todos los boletos. Apuesta que devolvía lo jugado. Por lo que había hecho, pero no sólo por lo que había hecho. Sobre todo, por no pertenecer.
Pero Boudou no alcanzó. ¿Por qué?
Porque ese gobierno había durado demasiado.
 Ya se fueron
¿Por qué creíamos que el Código Penal no habría de alcanzar a Julio de Vido? Primero, quedó dicho, por pertenecer a la estructura del PJ-FPV. No abundaban las sospechas de inocencia. Pero al interactuar con gobernadores, quedaba claro que la caída del ministro implicado comprometía a los ejecutores de las partidas presupuestarias enviadas por la Nación. En otras palabras, los gobernadores no permitirían la caída de quien había interactuado con ellos, firmado los convenios con ellos, tomado las decisiones de los fondos con ellos…
Los días de gobierno K –con De Vido como ministro intocado y perpetuo– fueron pasando. Las semanas se convirtieron en meses. Los meses en años. Los años en ciclos.
Los gobernadores de antaño han dejado de serlo.
En ese cuadro de Vido va a prisión.
Estupefacto, el ex ministro acaba de retar a José Luis Gioja, ex gobernador sanjuanino y actual presidente del PJ por callar sobre su “ilegal detención”. Amenaza llevar a Gioja a la Justicia por las obras en la provincia de San Juan. “Cuando lo citen a declarar en mi presentación ante la justicia federal por las obras públicas que se ejecutaron en su provincia (represas, estación Solar Fotovoltaica, estadio de fútbol, camino de montaña, túneles viales, centro cívico, viviendas) borre todos sus discursos de cuando me recibió como anfitrión en las inauguraciones y recorridas de obras, porque de trascender seguro irán a algún programa de televisión esos de archivo y lo harán quedar muy mal”, advirtió.
En su desesperada (¿incriminatoria?) misiva, De Vido parte de otro concepto. Si él hubiera cometido delitos, los gobernadores peronistas serían cómplices forzosos. Y Gioja gobernaba San Juan entre 2003 y 2015, durante la larga hegemonía K.
Pero pasó el tiempo. Demasiado. Fueron tres períodos. Ya ni siquiera Don Gioja sigue siendo gobernador.
Peor aún. El nuevo gobernador no parece tener demasiado interés en mejorar la imagen de quienes negociaron antes, llámense De Vido o Gioja.
Desafiado, Gioja –que hoy preside el PJ y es diputado nacional– sale al cruce: “Los que impulsan las malas noticias en los diarios, funcionales al Gobierno actual, es porque les molesta que acá se hicieron las cosas bien”. Gioja siente la “conciencia tranquila. El 25 de octubre, junto al presidente del bloque solicitamos una sesión especial para tratar el proyecto del diputado Grana con el objetivo que se audite toda la obra pública realizada desde el 2003”.
De Vido no comprende cómo el peronismo no lo defiende con el ímpetu que utilizó en favor de Carlos Menem cuando la justicia lo encontró culpable.
Cristina no es Carlitos
Entre junio y noviembre de 2001 el ex presidente Menem padeció prisión domiciliaria, por orden del entonces juez federal Jorge Urso y del fiscal Carlos Stornelli.
En aquella ocasión el Consejo Nacional del PJ llamó a “todas las instituciones democráticas del mundo” a tomar conocimiento de la situación “arbitraria y descabellada” por la que atraviesa el ex presidente Carlos Menem. Según el PJ, se trataba de “una aberración jurídica que encierra prejuicios políticos incompatibles con una sana y democrática administración de la justicia”.
Luego, un acto multitudinario con la Nomenklatura peronista en el salón Azul del Congreso, “que cosechó una presencia casi perfecta de dirigentes, gobernadores y legisladores, el PJ salió (…) a solidarizarse con el ex presidente Carlos Menem, a quien el fiscal Carlos Stornelli quiere citar a indagatoria por la venta ilegal de armas a Ecuador y a Croacia. A las 13.15 y con la presencia de unas 500 personas, los jefes de bloques de senadores y diputados del PJ, José Luis Gioja y Humberto Roggero, respectivamente, comenzaron a entonar la marcha peronista. Luego, Gioja agradeció la presencia de todos los dirigentes que se habían acercado al Congreso para ‘condenar hechos persecutorios’. También remarcó que el acto significaba un ‘mensaje de unidad en medio de tantas disputas internas’ del PJ” (La Nación, 27 de abril de 2001).
El documento del PJ se titulaba “Para que no se politice la Justicia ni se judicialice la política. Solidaridad con el ex presidente Menem”. Marcaba que “todos los justicialistas unidos venimos a testimoniar nuestra solidaridad con el ex presidente Carlos Menem”. Sigue La Nación: “Estas palabras coincidieron con la foto para la que posaron los gobernadores, legisladores y dirigentes del PJ. Paso seguido, Roggero leyó el comunicado oficial –de una carilla– que firmaron los gobernadores, intendentes, diputados y senadores del PJ, con el aval del Consejo nacional partidario (que dirige Duhalde)”. El documento expresa: “Nos parece extremadamente grave que se intente imputar delitos a un ex presidente elegido democráticamente en dos oportunidades sobre la base de presunciones o meras sospechas”.
El diario La Nación concluía: “el documento encierra un claro respaldo a Menem que está lejos, al menos por ahora, de las intenciones de algunos dirigentes como la diputada Cristina Fernández de Kirchner, que sugirió la necesidad de que ‘Menem pida una licencia a la presidencia del Partido Justicialista hasta que se aclare su situación judicial’”.
Uno de los poquísimos gobernadores peronistas ausentes fue Néstor Kirchner. Algunos viejos peronistas recuerdan, con memoria de elefante, aquel momento. Cuando los Kirchner no acompañaron la masiva solidaridad con Menem.
Menem también había durado mucho: diez años y medio, apenas dos menos que los K. Pero no había usado el látigo, sino la sonrisa. Era el vértice de un sistema donde abundaban los premios y escaseaba el trato duro. No siempre tiene razón Maquiavelo. A veces, el temor no termina siendo la mejor arma para gobernar los espíritus…