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Opinión | Octubre 11, 2017, 2 07am

Las consecuencias económicas de la independencia unilateral

El autor anticipa que pasará en Cataluña con las empresas instaladas en esa región.

Autor: José Carlos Díez


Durante la pasada semana, como llevo anticipando desde hace años, los independentistas activaron la dinámica caótica. Con una economía altamente endeudada con el exterior, la activación de una declaración de independencia provocó el miedo de los inversores internacionales y una fuga de capitales. Gracias a las compras del BCE el contagio a la deuda pública española y al resto de países periféricos fue mínima. El Tesoro público español emitió la pasada semana 4.600 millones de un bono a cinco años al 0,5%. Cuando alguien te presta el dinero al 0,5% no es necesario hacerle un test de confianza.
Pero las compras del BCE no llegan a la bolsa y las ventas masivas de bancos catalanes con caídas del 15% en tan sólo 4 sesiones. Las caídas en bolsa llenaron las portadas de los medios y muchos depositantes temieron por su dinero y, aunque no hay datos fiables, seguramente comenzaron a sacar depósitos. Un análisis racional nos llevaría a no preocuparnos. Tres países del Consejo de Seguridad (EE.UU., Alemania y Francia) han advertido que no reconocen a Catalunya como interlocutor. La Comisión Europea ha advertido que en caso de independencia Catalunya, estaría inmediatamente fuera de la UE y tendría que negociar su adhesión. Durante la crisis de Grecia en 2015 la asesoría jurídica del BCE advirtió que dejar la UE te deja fuera del euro y del acceso de tus bancos al BCE.
A esto hay que sumar que la Generalitat es bono basura y que las agencias ya han puesto su revisión a la baja ya que en el escenario anterior el impago de la deuda sería el primer día y la primera decisión del nuevo gobierno de la hipotética República catalana sería negociar un rescate. Pero sin ser un estado reconocido por Naciones Unidas el FMI no te puede prestar.
La Generalitat depende del FLA y de las transferencias del Tesoro público español para pagar las nóminas de los funcionarios. Por eso es irracional que los sindicatos y muchos trabajadores catalanes estén secundado huelgas generales, cuando sus puestos de trabajo están en riesgo. Lo más sorprendente fue que trabajadores de la Caixa cortaran la Diagonal.
Como ha dicho Junqueras, se puede hacer una moneda virtual, supongamos el catcoin. El problema es si esa moneda no es reconocida por los ciudadanos y deciden cambiarla por euros. La Generalitat no tiene euros ni los puede conseguir en los mercados, por lo tanto se crearía un mercado negro y los funcionarios y trabajadores que cobren su sueldo en catcoin perderían capacidad de compra y nivel de vida. Es lo que estamos viendo ahora en Venezuela y hemos visto tantas veces en la historia monetaria y en muchos países.
Los ciudadanos no estamos acostumbrados a ver en televisión bancos con problemas, y las caídas en bolsa activaron una salida de depósitos en las entidades afectadas. La crisis debía ser muy intensa ya que tanto Sabadell como Caixa anunciaron que cambiaban su sede a Alicante y Valencia respectivamente. Sabadell compró durante la crisis la CAM con sede en Alicante y Caixa Banco Valencia.
Sabadell quebró en 1925 y fue rescatado con dinero público y la Caixa continuó pagando las pensiones de sus planes incluso durante la Guerra Civil. Ni en esos momentos críticos cambiaron su sede, algo que sí ha conseguido el proceso independentista.
El hecho relevante en la CNMV de la Caixa dice explícitamente que cambian su sede por la actual situación política y social que hay en Catalunya. Por lo tanto, el origen de la crisis bancaria es el proceso y si los independentistas continúan con él, lo más probable es que la tensión y el temor de los inversores internacionales continuará.
El otro problema es la fragmentación de la sociedad catalana que ha provocado este proceso y que tardará años en normalizarse. Todos los países, regiones y ciudades del mundo compiten por atraer inversiones y talento en la era de la tecnología global. Los independentistas catalanes han provocado un éxodo de empresas y detrás vendrá el éxodo de talento. Es lo que sucedió en Quebec cuyo
mayor beneficiado del proceso independentista (que al final no se produjo) fue Toronto, que recibió cientos de empresas y miles de trabajadores de Quebec.
Otro caso singular es que Aguas de Barcelona haya decidido cambiar su sede a Madrid. Empresa que gestiona el agua del área metropolitana de Barcelona desde hace más de 100 años y que es un caso de éxito mundial. Su Presidente es hoy Vicepresidente y responsable de agua global de Suez, una de las mayores multinacionales francesas con la que se fusionaron. Aguas lleva dos años amenazada por Ada Colau de ser renacionalizada y la posible declaración unilateral de independencia ha sido la gota que ha colmado el vaso. Su modelo mixto de gestión público privado y con tecnología catalana gestionan el ciclo integral urbano del agua de la ciudad de la Habana. Y sus ingenieros realizan proyectos y gestionan agua por los cinco continentes menos en su ciudad y en su región, donde les quieren expulsar.
Parece que mañana le seguirá Abertis (el viernes fue Gas Natural) y detrás vendrán cientos de pymes proveedoras de las grandes empresas y afectará también a sus trabajadores . Estamos hablando de empleos de calidad con elevados salarios que son los que constituyen el éxito de cualquier ciudad o región y que el proceso ha expulsado.
La pasada semana ha provocado que muchos catalanes de bien (que creyeron la milonga de que con la independencia vivirían mejor) hayan aterrizado bruscamente en la cruda realidad. También ha provocado que cientos de miles de catalanes salieran ayer a las calles de Barcelona. Una concentración en defensa de la unidad de España que no tiene precedentes. Una manifestación en la que había banderas españolas con el símbolo constitucional y también senyeras, pero son la cruz que usan los independentistas. Una manifestación que demuestra que millones de españoles piensan lo mismo que expresó el rey Felipe VI en el que sin duda ha sido el momento más decisivo de su reinado.
Con lo sucedido la pasada semana debería ser suficiente para que los economistas que apoyaron el proceso de independencia reconocieran que se equivocaron en sus modelos teóricos; que digan que la fuga de empresas y de bancos empobrecen a los ciudadanos catalanes y que pidan que pare esta paranoia para que no haya más daños. Ha sido bochornoso ver a Artur Mas (el que inició esta paranoia) decir el pasado viernes en FT que la sociedad catalana no está preparada para la independencia. La duda es ¿por qué decidió él iniciar el proceso?
La incertidumbre en Catalunya sigue en máximos. Mientras cientos de miles de catalanes se concentraban en las calles de Barcelona pidiendo a sus representantes políticos que vuelvan a la legalidad, Puigdemont y Junqueras negociaban con la CUP el texto de la declaración de independencia. Según fuentes de la Generalitat será una mera declaración de intenciones y no una declaración unilateral. Esto evitaría el peor de los escenarios, pero la crisis institucional continúa y la luz al final del túnel seguramente es otro tren que viene a arrollarnos.