Opinión | Septiembre 13, 2017, 6 16am

Los grandes problemas estructurales de la energía en Argentina

Es válido poner en duda si el sector energético argentino podrá acompañar el proceso de crecimiento económico.

Autor: Jorge Lapeña


El presidente Macri pronunció una frase extraordinaria el domingo 13 de agosto en el bunker de Costa Salguero en medio de festejos por los excelentes resultados que en las PASO obtuvo el espacio CAMBIEMOS. Dijo: “Empezamos a recorrer los mejores veinte años de la historia del País”. La frase es impactante y de alguna forma se emparenta con otras frases pronunciadas por otros presidentes de la democracia que abrieron enormes esperanzas en la ciudadanía. Poco tiempo después el ministro de hacienda Nicolas Dujovne le puso cifras al crecimiento del PBI: 3,5% anual acumulativo durante veinte años.
Me propongo en este artículo hacer un breve análisis de la situación en que se encuentra el sector energético hoy, para evaluar en qué medida este sector de la infraestructura estará a la altura de los semejantes desafíos por venir. ¿Será acaso el sector energético nacional un “vagón a remolque” de las poderosas locomotoras económicas que nos introducirán en esos años de bonanza?; ¿o acaso será sector energético mismo “una de esas extraordinarias locomotoras” del progreso?; ¿será el palo en la rueda; o por el contrario será el motor que mueve la rueda? La diferencia no es menor.
Más nos vale que seamos los mismos especialistas energéticos los que intentemos contestar esa pregunta en la forma más objetiva, rápida y patriótica posible, para iluminar a los que solo deciden desde la política. Sería imperdonable inducir a los políticos al error estratégico por mera presión corporativa.
Para ello sería muy bueno afrontar un debate técnico y académico transparente; para dar basamento a las decisiones por tomar. Hemos comprobado, lamentablemente, en los últimos años que en cuestión de temas energéticos no hay lugar para soluciones triviales. El listado de frustraciones es inmenso e incluye desde proyectos inviables hasta proyectos disparatados.
Una enumeración de temas no taxativa nos indicará de manera muy simple dónde debe estar el foco de nuestros debates: 1) Centrales nucleares sí o no y en todo caso cuándo y cómo; 2) Energía y cambio climático; 3) Medio ambiente y energía; 4) Vaca Muerta ¿ilusión o realidad posible?; 5) ¿Por qué cae la producción petrolera desde hace un cuarto de siglo?; 6) Competitividad económica de la energía en Argentina; 7) Subsidios energéticos y pobreza; 8) Subsidios energéticos y déficit fiscal; 9) ¿Autoabastecimiento energético o dependencia energética externa?
El listado de preguntas sin respuesta nos dice lo mucho que ignoramos, y sobre todo lo mucho que hay que analizar para no errarle al diseño de la “estratégica energética país”.
No quiero agotar este debate sino precisamente abrirlo a la opinión de todos en la forma más amplia posible: al gobierno en primer lugar y a la oposición republicana en igual forma; a la academia y al empresariado; a los que consumen energía y a los que la producen; a los gremios que trabajan en la Energía y a las asociaciones de consumidores. Un debate amplio facilitaría enormemente los “Consensos Políticos” y estos su vez nos facilitarían los “consensos parlamentarios” imprescindibles para legislar sobre Energía y para fijar una política definitiva.
Con el ánimo de lanzar la primera piedra para ese debate voy a afirmar que nuestro país tiene en la energía enormes problemas estructurales de raíz muy profunda y añeja. Es un corolario de esta afirmación que los problemas entonces no se resolverán en plazos cortos, ni en forma poco costosa, como podría ocurrir si esos mismos problemas tuvieran una raíz coyuntural o meramente accidental.
El núcleo de problemas estructurales a resolver se ha generado a lo largo de más de 25 años de decisiones erróneas que, cuales capas geológicas, superponiendo error tras error, han modelado la actual situación. Es preciso admitir además lo que los números demuestran en forma clara: Argentina ha sufrido en materia energética una profunda regresión en el tiempo que la llevó desde la cima hasta valle; desde el autoabastecimiento cierto hasta la dependencia externa profunda; y desde la abundancia de reservas comprobadas hasta el agotamiento de las mismas.
Va la lista de esos problemas: 1) Argentina perdió el autoabastecimiento energético y se hizo un país dependiente; 2) Argentina no invierte en exploración petrolera y por lo tanto no descubre yacimientos nuevos como hacía en el pasado; 3) Argentina tiene energía cara y esto afecta la competitividad de la industria (tienen razón la UIA y AEA en sus reclamos); 4) Argentina ha hecho de Vaca Muerta una utopía no fundada; 5) Argentina subsidia a las petroleras pero no transparenta que subsidia a las petroleras; 6) Argentina tiene una ecuación energética que cada vez es más dependiente en las energías que producen gases de efecto invernadero; 7) Será difícil que el país pueda cumplir con los compromisos de París en materia de cambio climático.
Mi impresión es que habrá que admitir que la energía jugará inicialmente de vagón a remolque en esos veinte años que nos plantea la frase presidencial; luego, dependiendo de la calidad política de las decisiones que seamos capaces de adoptar y de la forma de llevarlas a la práctica, podría convertirse en motor eficiente de ese proceso virtuoso. Las decisiones deben ser tomadas hoy si aspiramos de veras a ser partícipes de un proceso de transformación. Esas decisiones se deben inscribir en una “política de Estado”. Y ayudaría enormemente para esto que el gobierno sometiera a debate público y parlamentario, en ese orden, un buen Plan Energético Nacional.
Soy optimista, valoro el esfuerzo ordenador hecho en los primeros 19 meses del Gobierno de Cambiemos (renegociación de tarifas reguladas de los servicios públicos; regularización de los Entes Reguladores; regeneración moral de la gestión pública; etcétera) sin lo cual no estaríamos ahora hablando de estos temas verdaderamente importantes. Creo sinceramente que el futuro puede ser mejor que el presente si todos nos ponemos a la altura de los desafíos que nos plantea la República. Nuestro Instituto y nuestra gente pueden contribuir mucho en esta tarea.