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| Septiembre 05, 2017, 11 06am

ET CTERA: Sobre trabajo en educación, prepotencia y derechos humanos

Un enfoque claro sobre la problemática en el sur y el rol de CTERA en la partidización del conflicto.

Autor: Luis Aznar


Estas notas tratan sobre un tema particularmente doloroso: cómo ciertas acciones y conductas presuntamente desarrolladas en defensa de los derechos humanos pueden lesionarlos.
En la Argentina de la primera parte del siglo XXI, esta es una cuestión que ha pasado a ocupar un lugar preponderante en las discusiones sobre la dinámica del régimen político incluyendo a actores institucionales de primera magnitud.
La Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina –CTERA–. se organizó en 1973; tiempos difíciles que preanunciaban otros que resultaron peores. Para dar cuenta de los lineamientos ético-morales que acompañaron durante muchísimos años a esta organización basta mencionar a dos maestr@s que tuvieron posiciones directivas en la misma: Alfredo Bravo y Mary Sánchez. Todo su accionar político-sindical estuvo orientado al mejoramiento de las condiciones de trabajo de los maestros y docentes y al desarrollo democrático de los contenidos educativos pero siempre privilegiando los intereses educacionales de los verdaderos sujetos del complejo proceso de enseñanza-aprendizaje: los alumnos –niños, jóvenes y adultos– que por diferentes motivos pasan por el poder socializador de las escuelas y los propios docentes. Durante mucho tiempo, sobre la base de una formación personal destacada se recibía apoyo político-sindical. Parece ser que esa fórmula progresista ha caído en desuso y que el apoyo político no se correlaciona hoy en día con las aptitudes sino con la creencia en y el seguimiento y uso acatador de determinado relato: algunas de las consecuencias de este cambio comienzan a aflorar y están a la vista.
Los que conocemos un poco la problemática patagónica sabemos desde hace mucho tiempo atrás que en esa zona, como dicen los viejos mapuches, “los alambrados caminan de noche” cercando cada vez más a las comunidades, impidiéndoles, por ejemplo, alcanzar con sus animales los pastizales de veraneada.
El caso de un grupo mapuche que viene llevando adelante una lucha reivindicatoria de sus derechos, tanto en Chile como en Argentina, se ha agudizado últimamente por la presencia de nuevos actores multinacionales (por ejemplo, los Benetton) y por la realización de tomas y otras formas de acción directa.
El inesperado episodio del “huinca” Santiago Maldonado, nunca vuelto a ver hasta ahora después de una protesta y toma en Chubut –desactivada por la intervención de la Gendarmería–, ha derivado en una serie de graves acontecimientos en alguno de los cuales la CTERA ha pasado a tener una figuración destacada.
Es así que esta organización se ha posicionado en primera fila entre los que han hecho de la Gendarmería y del Gobierno Nacional los principales responsables de la desaparición del “brujito” Maldonado como lo nombran sus amigos (seguramente por su pública preferencia por la Isla de Chiloé famosa justamente por la calidad de sus brujos), de ocupación tatuador, preocupado por el deterioro ambiental y, por cierto, sin antecedentes conocidos de militancia política activa.
El uso de un denominado “cuadernillo” de la CTERA dando indicaciones a los docentes de qué manera inducir a los alumnos de todos los niveles a tratar el tema de esta desaparición de manera unilateral aún no ha sido totalmente aclarado. En aras de una mínima transparencia sería bueno saber: ¿quién en CTERA lo mandó imprimir?, ¿dónde?, ¿bajo que figura contractual?, ¿cuántos ejemplares se imprimieron y dónde fueron distribuidos?
Pero lo anterior puede ser considerado un hecho menor en comparación con otro dramático y derivado directamente del mismo que es el que no nos ocupa y preocupa.
La presencia prepotente, autoritaria, descarnadamente brutal de personas que se identificaron como miembros de la CTERA en las escuelas donde concurren familiares menores de miembros de Gendarmería a los que les mostraron fotos de sus padres catalogándolos de asesinos ante la desesperación de los hijos-alumnos y sus docentes.
Los miembros de CTERA, responsables de este accionar, deben saber que pase lo que pase en el futuro serán recordados como los que pisotearon ciertos límites que hacen a los derechos humanos más básicos. Bravo y Sánchez los hubieran repudiado sin misericordia.
Felicitaciones muchachos, ni la vera mafia siciliana se atrevía a meterse con los chicos.
Ustedes están haciendo escuela; eso sí, de la peor.