| Septiembre 05, 2017, 2 04am

¡Chancho va!

Casi como en un juego de naipes, los porcinos norteamericanos encuentran un mercado en Argentina.

Autor: Alejandro Garvie


El paisaje rural del Condado de Wright, Iowa –allí donde Donald Trump cosechó dos de cada tres votos– está lleno elevadores de granos y frigoríficos entre los que descuella una nueva planta procesadora de carne de cerdo de la Prestage Farms, que con más de 150.000 metros cuadrados, dará trabajo a 1.000 personas y tendrá una capacidad de faena de 10.000 cerdos por día. La desactivación del Tratado de Asociación Transpacífico (TAT), operada por Trump acaba de darles a ese cluster agroganadero un golpe demoledor.
Para gran parte de la industria norteamericana, el TAT era un acuerdo sospechoso, el sucesor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que algunos argumentan llevó a una deslocalización masiva de empleos de los Estados Unidos a México. Pero para el sector agrícola –que ya está en pie de guerra– los doce países que integran el TAT, que cubre el 40 por ciento de la economía mundial, fue un salvavidas. Era una oportunidad para borrar las tarifas que castigaban a los Estados Unidos –el único “granero del mundo”– que vendía sus carnes, granos y productos lácteos a importadores masivos de alimentos como Japón y Vietnam.
La decisión de retirarse del acuerdo comercial se ha convertido en un doble golpe en lugares como Eagle Grove. En primer lugar, la promesa de 10.000 millones de dólares en producción agrícola a lo largo de quince años, basada en estimaciones de la Comisión de Comercio Internacional de los Estados Unidos, no se materializará. En segundo término, el retiro de los EE.UU. también abrió el camino a los exportadores rivales como Australia, Nueva Zelanda y la Unión Europea para negociar aranceles aún más bajos con los países importadores, creando potencialmente mayores ventajas competitivas sobre las exportaciones estadounidenses.
El 6 de julio, la UE, que ya exporta tanto cerdo a Japón como Estados Unidos, anunció un  nuevo acuerdo que daría a los ganaderos europeos una ventaja de hasta 2 dólares por libra sobre los exportadores estadounidenses. Los productores de vino europeos, que vendieron más de mil millones de dólares a Japón entre 2014 y 2016, también verían que un arancel del 15 por ciento sobre las exportaciones a Japón desaparecerá mientras que los exportadores estadounidenses seguirían enfrentando ese impuesto. En el caso de otros productos, el acuerdo refleja esencialmente las tasas negociadas en el marco del TAT, que los Estados Unidos abandonaron, dando a la UE una clara ventaja sobre los agricultores estadounidenses.
La UE, que recientemente firmó un acuerdo con Vietnam, ahora está avanzando en conversaciones con Malasia e inició las tratativas para remozar un acuerdo comercial preexistente con México.
Mientras tanto, al sur del río Colorado, el bloque de México, Perú, Chile y Colombia, conocido como la Alianza del Pacífico, se está convirtiendo rápidamente en la principal fuerza de libre comercio en la región, que está avanzando en negociaciones con Nueva Zelanda, Australia y Singapur, sin prestar atención a su vecino del norte.
Esta situación puede darnos una explicación de porqué en la visita del vicepresidente norteamericano Mike Pence a la Argentina se acordó la apertura de nuestro mercado al primer productor mundial de carne de cerdo, cuya colocación se hace cada vez más imperiosa para que Trump pueda mantener con vida sus promesas de campaña: “El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció hoy que Estados Unidos y Argentina acordaron términos que permitirán que el cerdo estadounidense ingrese al mercado argentino por primera vez desde 1992”, señaló la Oficina de Prensa de la Casa Blanca.