Opinión | Agosto 10, 2017, 5 20pm

Panorama del cierre de campaña para las PASO

El escenario del domingo a la noche está lejos de ser sorpresivo

Autor: Lucas Raffo


Juan Carlos Torre hablaba en sus trabajos de los “huérfanos de la política de partidos”, es decir, cómo la crisis de representación post-menemismo hizo volar por los aires  los partidos ubicados en el polo no peronista de votantes, dejándolos sin una expresión política fuerte. El polo peronista quedo dañado, pero la rápida emergencia de un líder político pareció remendar los magullones. El PRO vino a ocupar ese lugar, y amplio el radio de cobertura construyendo Cambiemos junto con un radicalismo con muerte cerebral a nivel nacional, pero vivo en el territorio.
El 2015 marca una ruptura con todo lo que estábamos acostumbrados a ver luego del regreso de la Democracia. Por primera vez un presidente que no es ni peronista ni radical se sienta en el sillón de Balcarce 50. Argentina es gobernada por un presidente de un partido nuevo y sin territorio. El PRO siempre fue relativamente débil en el interior del país. En esta elección, sin embargo, se observa que aumentan las tensiones en Cambiemos, puesto que en estos dos años, el PRO a base de outsiders y otro tanto de construcción territorial, le disputa a la UCR los votantes tradicionalmente refractarios al peronismo.
Estas elecciones (sobre todo en la Provincia de Buenos Aires) muestran la debilidad de los partidos políticos tradicionales. Randazzo con el sello del PJ no mide más de 7 puntos en la más optimista de las encuestas. Los partidos únicamente son fuertes en el interior, lugares donde efectivamente el cambio cultural y la revolución tecnológica no tienen el impacto que tienen en el Área Metropolitana (no obstante, empieza a verse un “deshielo” si miramos la derrota del peronismo en Jujuy, y elecciones cada vez más competitivas en Tucumán, San Luis, Santa Cruz, Neuquén, etcétera).
Los votantes entre los 16 y los 24 años constituían el 19,83% de los ciudadanos habilitados para votar en 2013 (y esa tendencia aumenta). Esto nos permite inferir varias cosas. Primero, forjaron su identidad política al calor de la crisis de representación de los grandes partidos tradicionales en Argentina, crecieron en medio de la revolución informática y el fin de la Guerra Fría. Es decir, más allá de lo que les contaron los viejos este segmento no tiene motivos para creer en las grandes dicotomías ideológicas propias del siglo XX (Capitalismo-Socialismo, Libre Mercado-Proteccionismo, o en Argentina, Peronismo/Radicalismo).
Luego del 2003 Néstor y CFK interpelaron a los pibes por el lado del compromiso, recuperando la figura de una juventud “comprometida” con la sociedad. El Nestornauta movilizó a sectores jóvenes intelectualizados, de clase media y con estudios universitarios. Pero sin dudas la mayoría del sector que podemos denominar como “voto joven” no se siente interpelado (y diría que tampoco les interesa serlo) por ninguna figura o discurso político. Teniendo en cuenta que casi el 20% el electorado tiene menos de 25 años, explica bastante el nivel de indecisos a una semana y media de la elección y también la dificultad que tienen los partidos tradicionales (el caso paradigmático es la UCR) para seducir este segmento.
El “círculo rojo” muchas veces comete el error de buscar similitudes con otros momentos de la historia (casi como nosotros antes de cada Mundial de Fútbol) para explicar la actualidad política. Sin embargo (por corrección política o necedad), los analistas se transforman en Higuaín cuando obvian factores que son muy relevantes para esta elección y que no estamos viendo.  El resultado no va a definir la posibilidad de que Macri termine o no su mandato. Ni tampoco que Cristina Kirchner tenga chances de volver a ser una opción electoral a nivel nacional. Probablemente, excepto por una catástrofe en la Provincia de Buenos Aires (y en otras provincias), Cambiemos aumentará su representación parlamentaria en Diputados y en Senadores, bajando los costos de negociación para impulsar su agenda de gobierno. Seguramente no es un titular atractivo para los diarios (es más atractivo decir que CFK ganó en la Provincia de Buenos Aires), pero lo cierto es que no deja de ser un objetivo importante ampliar el escudo legislativo (una de las precondiciones necesarias para garantizar la supervivencia del Presidente en el cargo). Si gana Cristina no habrá helicóptero ni un cuco que nos acerque a Venezuela. Veamos por qué.
Ya de por sí las elecciones legislativas tienen características propias que las diferencian de las elecciones ejecutivas (lo cual las convierten en menos atractivas para el electorado). Los medios obviamente envueltos en su lógica explotan hasta el hartazgo el morbo de una posible victoria de Cristina Kirchner en la Provincia, pero, en consonancia con lo que dijimos más arriba, sólo será un golpe de efecto que no va a tener demasiadas consecuencias en la realidad concreta. Por otro lado, la última vez que una fuerza política ganó las legislativas y luego volvió a ganar en las presidenciales fue justamente CFK en 2005 (en un contexto diferente a éste y siendo oficialismo). Ni la fuerza política de Francisco de Narváez en 2009, ni la de Sergio Massa en 2013, pudieron plasmar sus triunfos en las elecciones ejecutivas siguientes. Y por otro lado, las victorias opositoras en las legislativas (Alianza en 1997, PJ en el 2001) que luego se plasmaron en las ejecutivas siguientes, fueron en contextos muy diferentes al actual.
Para finalizar, el escenario en la Provincia de Buenos Aires (según encuestas), no tiene demasiadas diferencias con respecto a las PASO presidenciales de 2015: Cambiemos retiene más o menos los 30 puntos, El Frente para la Victoria que sacó 40 divide sus votos entre CFK y Randazzo (33 y 7 promedio), Massa que en las PASO saco 20 no estaría capitalizando los 4 puntos de Stolbizer. Sin embargo volvemos a lo mismo. No parece haber un escenario definido. Las encuestas no son predictivas, sirven para graficar un escenario, que es cambiante y con un alto número de indecisos teniendo en cuenta que las diferencias son exiguas entre Cambiemos y Unidad Ciudadana. Una victoria de Cristina el domingo no va a determinar la suerte de la gobernabilidad de Macri, ni tampoco significa que tenga posibilidades serias de volver a ocupar la Casa Rosada en 2019.