Opinión | Agosto 09, 2017, 4 10am

Venezuela en tinieblas

La crisis en Venezuela se potencia al calor de los últimos hechos

Autor: Ignacio F. Bracht


El viernes pasado con la jura de los constituyentes surgidos de la fraudulenta elección del 30 de julio de la Asamblea Constituyente Comunal, quedó oficializada y con acta de bautismo la dictadura en Venezuela, con Nicolás Maduro y su corte de cómplices en el auto golpe de Estado que han producido. La noche más tenebrosa que comenzó a forjarse ya en tiempo de Hugo Chávez, se ha coronado en estos días con la instauración de un régimen castrocomunista como modelo rector.
El huevo de la serpiente se fue gestando desde hace ya largo tiempo, con la asistencia y alianza del gobierno de Cuba, bajo la letra de los miembros del Foro de San Pablo y los seguidores del Socialismo del Siglo XXI, cuyo ideólogo el marxista alemán – mexicano, Hans Dieterich, explicitó como “democracia participativa y protagónica junto a las organizaciones de base”. Con los Kirchner en el poder en la Argentina, Lula y Rousseff en Brasil, Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Correa y su “revolución ciudadana” en Ecuador, Fernando Lugo en Paraguay,  Evo Morales en Bolivia, el chavismo pudo avanzar de su origen democrático a un autoritarismo creciente, pasar a un autoritarismo activo y devenir en una dictadura concreta, que ya en el 2014, mostró sus dientes en la feroz represión con un saldo de 43 muertos, la prisión de Leopoldo López, líder de Voluntad Popular, entre otros, el desafuero de María Corina Machado como Diputada por su fuerza política Vente Venezuela, la persecución de opositores y al avance sobre derechos y garantías constitucionales. Si todo esto pudo suceder fue por la complicidad en la región de sus socios políticos y la desidia de los gobiernos que se jactaron de ser democráticos. En 2013, Maduro venció al candidato de la MUD, Henrique Capriles por escaso y dudoso margen; algo que ahora ha denunciado la propia empresa Smartmatic, que tuvo la responsabilidad técnica de las elecciones en Venezuela desde el 2004 hasta el 2014. Sabemos hoy, por boca de la misma empresa que en dicha elección se cometió fraude, al igual que en la consulta sobre la Constituyente del pasado 30 de julio, según lo expresó desde Londres, un alto directivo de dicha empresa.
En 2015, la degradada realidad venezolana dio como respuesta que en la elección a legisladores para la Asamblea Nacional la oposición se impusiera obteniendo la mayoría del cuerpo legislativo. Esa fue la alarma para la revolución bolivariana, que había sido derrotada en las urnas, algo impensado para el régimen con voluntad de perpetuidad. De allí en adelante y ante la pasividad de la región, se fue avanzando en el modelo totalitario, suspendiendo el Referéndum Revocatorio contemplado en la propia Constitución Nacional reformada en tiempos de Chávez; como asimismo las elecciones para gobernadores en los 23 estados programadas para diciembre de 2016; proscribiendo a políticos opositores, como al propio Capriles a cargos públicos por 15 años, deteniendo y persiguiendo a Alcaldes electos por el voto popular y elevando la represión de opositores y dirigentes.
La resistencia callejera fue promovida por las fuerzas políticas, las universidades, la sociedad civil y la propia Conferencia Episcopal venezolana
La mediación de septiembre de 2016, del Vaticano y el Unasur, dieron aire al régimen de Maduro para poder ganar tiempo y no cumplir con ninguna de las peticiones efectuadas por parte de la oposición que aceptó el fallido intento de mediación.
Así llegamos al presente, donde ya no estaban en el poder ni los Kirchner, ni Lula ni Dilma, ni Lugo, ni Correa, que habían sido un colchón de justificaciones para el avance del régimen en Venezuela. Abril del presente año se inició con la resistencia civil a un gobierno que, día a día, daba muestras de su voluntad patoteril de llevarse puesta a la República, ya sin ninguna máscara ni edulcorante alguno. La represión se volvió salvaje y perversamente practicada llegando al día de hoy con 148 asesinados por los efectivos de la policía o los paramilitares del régimen. La resistencia callejera fue promovida por las fuerzas políticas, las universidades, la sociedad civil y la propia Conferencia Episcopal venezolana, donde Obispos como Porras, Padrón, el Cardenal Urosa Savino, o el jesuita Ugalde, hicieron un  llamado a la desobediencia civil ante un gobierno que expresaron “quiere instalar una dictadura militar, marxista, socialista y comunista, al estilo cubano”.
El resultado de dicha lucha llevó a la oposición a convocar a una consulta popular el 16 de julio, donde obtuvo más de 7 millones de votos, rechazando la Constituyente; 800 mil del exterior, a donde han emigrado cerca de 2 millones y medio de venezolanos por la persecución política y la más grave crisis humanitaria en la historia del país. Desconocida la voluntad popular, el régimen consumó la instalación del la Asamblea Constituyente, avasallando así el único poder que quedaba en manos de la oposición. Hoy la dictadura controla la Justicia, el Consejo Nacional Electoral, ha destituido a la Fiscal General, Luisa Ortega, y ha impuesto a los más de 500 constituyentes chavistas como órgano legislativo, creando así un órgano anti constitucional y supra constitucional, que podrá reformar la Carta Magna a su gusto, disolver administrativamente el país, las gobernaciones, habilitar o prohibir a  los partidos políticos a su discreción, decidir en fin, sobre vida y haciendas. El modelo cubano quedó establecido como único camino de atajo del régimen ante su fracaso para continuar en el poder. La dictadura dio su paso final hacia el Estado totalitario;  ante ello y tardíamente la comunidad internacional reaccionó condenando el quiebre democrático; tanto los Estados Unidos, la Unión Europea como quince países americanos expresaron que no reconocen a la nueva Asamblea Constituyente, por ilegal, anticonstitucional y no democráticamente electa. También el Vaticano, en el peor traspié diplomático de cara al mundo y la feligresía católica, “solicitó” horas previas a que se instalara el nuevo soviet constituyente, al presidente Maduro a que no lo hiciera. A pesar de las voces de la Conferencia Episcopal venezolana, del propio Secretario de Estado, Monseñor Parolín, el Papa Francisco guardó silencio durante meses, mientras asesinaban a jóvenes en las calles venezolanas, detenido alcaldes, y la represión aumentaba. El Mercosur, luego de eternas y dilatadas cavilaciones aplicó el Protocolo de Ushuaia y la Cláusula Democrática, suspendiendo políticamente a Venezuela, lo que implica su expulsión mientras perdure el régimen, del bloque regional.
Como muestra de lo que hoy se enseñorea en el país caribeño, reconocieron la “legalidad” de la Constituyente los gobiernos de Rusia, China, Irán, Corea del Norte, Cuba, Bolivia y Nicaragua. Dime con quién andas, reza el refrán popular para que quede claro dónde se ubica el gobierno de Maduro en la política mundial.
La repulsa internacional y regional sólo tendrá efectos fácticos si se  asfixia al gobierno venezolano con sanciones económicas que vayan desde la suspensión de la compra de petróleo (India es compradora como lo es Estados Unidos, que adquiere 700 mil barriles diarios); el embargo de cuentas gubernamentales en el exterior, activos financieros y comerciales y suspensión de todo tipo de transacciones. Sino sólo quedará en palabras, que poco afectan al dictador Maduro. El gobierno español ha propuesto a la Unión Europea que no permita en la Comunidad el ingreso de ningún funcionario vinculado con el régimen.  A las voces que se alzan para oponerse a estas medidas argumentando que será el pueblo venezolano el que sufrirá, podríamos contestarles que basta ver la crónica diaria del calvario de ese heroico pueblo, que sólo dejará de sufrir cuando la dictadura acabe de manera definitiva. Sólo con una posición firme y dura se podrá obligar al régimen a buscar una salida, ya que sin un quiebre de las Fuerzas Armadas, el pueblo y la oposición venezolana, podrán resistir con heroísmo pero serán arrasados por un poder criminal y sin límite alguno para permanecer en el poder.
Podemos en España, cuyo líder, Pablo Iglesias Turrión, o Jean Luc Malenchon, con Francia Insumisa, hacen alarde de su admiración por el totalitarismo venezolano
El gobierno y Maduro, que en una declaración de esta semana se victimizó ante lo que él llama “la conspiración del imperio y las fuerzas de la derecha”, arengó a sus escuchas – seguidores con que “en Venezuela hay un millón de fusiles disponibles si es necesario defender la patria y la soberanía de América del Sur”. Más allá del dislate, no hay que menoscabar la Inteligencia cubana, hoy co gobernante con Maduro, país al cual Venezuela le entrega 80 mil barriles de petróleo diarios. Lo que no pudo en 1961, cuando intentó exportar la Revolución a Venezuela y que fue abortada por la firme actitud del entonces Presidente Rómulo Betancourt, hoy lo ha logrado. Luego de pasadas las sangrientas décadas del 60 y 70, Cuba ha hecho pie en el Continente Sudamericano con su pupilo y aliado venezolano.
Si mensuramos que la OEA no pudo, a pesar de los esfuerzos del Secretario General Almagro, aplicar la cláusula democrática contra el gobierno de Maduro, por los votos de los países aliados ideológicamente y los micro estados caribeños dependiente del petro Caribe; sucedería algo similar ante una sanción de las Naciones Unidas, ya que hay que descontar el veto ruso y chino. Por ello, sólo las sanciones unilaterales o de bloques de países que apunten a estrangular de recursos al gobierno venezolano, podrán tener algún efecto práctico. El 8 de agosto  el Presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, ha convocado a una reunión de Cancilleres de 14 países americanos, incluida la Argentina; es una oportunidad para tomar decisiones concretas y efectivas contra la dictadura, desde lo diplomático a lo económico.
Frente a la tiniebla y sangrienta realidad que hoy azota a Venezuela, la izquierda argentina como los socios en la ilícita relación que durante una década mantuvieron los Kirchner con el gobierno de Chávez y Maduro, guardan un cómplice silencio. Tan vociferantes por los derechos humanos, callan ante todas las violaciones que se cometen a diario en el hermano país, al igual que sus pares europeos como Podemos en España, cuyo líder, Pablo Iglesias Turrión, o Jean Luc Malenchon, con Francia Insumisa, hacen alarde de su admiración por el totalitarismo venezolano. Es una lección que los llamados republicanos y demócratas deben aprender, para no levantar la voz cuando los asesinados ya han sido enterrados o los opositores y disidentes son perseguidos y encarcelados por la sola voluntad de un régimen y su déspota.