| Julio 13, 2017, 1 59pm

“Trumputin” vs. resto del mundo

Resultados y consecuencias de la cumbre del G20

Autor: Alejandro Garvie


La cautela de la canciller de Alemania que se ocupó de mantener en el redil a los países de la UE y sus socios, amalgamados en torno a los principios que Donald Trump cuestiona, absorbió su energía y dejó al mandatario “impredecible” el centro de la escena al que invitó al astuto Vladimir Putin.
El año pasado, el G-20 prometió “resistirse a todas las formas de proteccionismo.” Desde entonces, Trump como presidente de los EE.UU. ha optado por una agresiva política proteccionista incluida en su iniciativa “América Primero”, que contempla multas para las empresas que fabrican sus productos en el extranjero.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steve Mnuchin, ha sido muy claro: “creemos en el libre comercio pero creemos en un comercio equilibrado”.
Pese a señalar que el objetivo de un crecimiento de la economía mundial del 2 por ciento, no será alcanzado en 2018, según lo programado en 2014, en el documento final de la cumbre los mandatarios acordaron el “Plan de Acción de Hamburgo” enfocado en impulsar el crecimiento a través de la mundialización de la economía, las reformas estructurales y la desregulación, como así también el mejoramiento de la arquitectura financiera y la transparencia de esos mercados para evitar el aprovechamiento por parte de los grupos terroristas o del crimen organizado.
El comunicado refleja la falta de unanimidad, que había sido alcanzada el año anterior, respecto de apoyo irrestricto al libre comercio y que fue publicado al final de la reunión en Baden-Baden con el acuerdo de todos los delegados presentes. Allí, el documento reza: “El comercio y las inversiones internacionales son importantes instrumentos para promover crecimiento, productividad, innovación, creación de empleo y riqueza. Mantendremos los mercados abiertos y continuaremos la lucha contra el proteccionismo, incluyendo las prácticas desleales y reconociendo el papel que tiene cada estado de aplicar legítimos medios en defensa de sus intereses”. La declaración tampoco incluyó una reafirmación en bloque sobre el cambio climático, en la que se lee: “Tomamos nota de la decisión de los EE.UU. de retirarse del acuerdo de París… que, sin embargo, afirma su determinación de reducir las emisiones contaminantes y de trabajar con otros países en el desarrollo de fuentes limpias de energía”. Es decir, el acuerdo de París sigue siendo un compromiso irrenunciable pero los EE.UU. tienen libertad de seguir sus propias iniciativas.
La exclusión de los dos temas en el comunicado fue decepcionante, dijo el ministro francés de Finanzas, Michel Sapin: “Lamento que nuestras discusiones de hoy no hayan podido llegar a una conclusión satisfactoria sobre dos prioridades absolutamente esenciales que nuestro mundo y a Francia le hubiera gustado que el G20 continúe tomando una acción firme y concertada”.
El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble, dijo que la reunión había llegado a un punto muerto cuando se trataba el tema y añadió que sus homólogos no podrían “obligar a sus socios –léase a los EE.UU.– a seguir un texto con el que no están de acuerdo”.
El Sr. Schauble insistió en que había habido “mucha buena voluntad” en la reunión, pero esa buena voluntad está en duda ante la futura relación comercial con la economía más grande del mundo.
La ambigüedad campeó también en el conflicto entre China y los EE.UU. por el acero. La administración norteamericana interesada en reactivar ese sector mano de obra intensivo en su país, ha amenazado con bloquear las importaciones, por motivos de “seguridad nacional”. La Declaración del G20 incluye un subtítulo sobre el “Exceso de Capacidad” en sectores industriales y hace una llamada a los miembros del Global Forum on Steal Excess Capacity para que cumplan sus compromisos de exceso de capacidad en esa industria liderada por China.
Los temas urticantes como el Oriente Medio y la intervención de rusos, estadounidenses y europeos en Siria, junto a Ucrania y las sanciones a Rusia, así como la garantía de abastecimiento de hidrocarburos a los países del este de Europa, dejaron bastante bien parado a Trump y a Putin. Se revisó la situación en Ucrania, península de Crimea incluida, en vistas a que sean reconsideradas las sanciones impuestas al Kremlin. Y en el conflicto sirio el inmediato acuerdo de alto al fuego en el suroeste del país es un paso firme para que el dictador sirio, El Assad, continúe como presidente de la república.
En el cara a cara ruso-estadounidense, Putin aseguró sus posiciones con poco: aceptó la injerencia informática en algunas empresas eléctricas de EE.UU., pero ninguna en el resultado de la elección presidencial. No obstante, la interferencia confesa en ese servicio público es de suma gravedad y pone en riesgo el abastecimiento.
Trump ha intentado librarse de cualquier sospecha de manipulación por parte de Rusia. Putin ha conseguido consolidar sus posiciones en Siria y Ucrania. El G20 se refugia en cierta retórica barroca: “Nosotros los dirigentes en el G20 reunido en Hamburgo, Alemania en los días 7-8 de julio de 2017, para afrontar los grandes desafíos económicos que plantea la economía global y con el propósito de contribuir a la prosperidad y al bien estar general…”. Mientras tanto, el parteaguas entre la UE y sus aliados, por un lado y los EE.UU. y su frágil alianza con Putin, por el otro, se transforma en una “grieta” cada vez más profunda.