| Julio 17, 2017, 7 53am

¿Qué te pasa? Como pregunta política sobre la coyuntura

Ni originales, ni novedosos. La política argentina atravesada por un interrogante que se planteara San Pablo antes de caer bajo el yugo romano

Autor: Luis Aznar


La historia humana, aquella que hacen los hombres accionando bajo determinadas condiciones y relaciones tanto materiales como político-ideológicas que se les imponen, está plagada de situaciones críticas sintetizadas, muchas veces, en preguntas básicas y respuestas muy recordadas.
Varias de las seleccionadas aquí son latinas por lo que pido perdón desde el vamos: cinco años de latines en el Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA) y un sexto en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza (ILSE) no se sacan de encima así nomás.
Para comenzar nuestro necesariamente limitado itinerario sociopolítico sobre el análisis de ciertas inquirias propongo examinar una de calibre 12/70: el ¿Quo vadis, domine?, también conocida en su versión Domine, quo vadis?
La pregunta, cuenta la tradición católica apostólica y romana, fue formulada por Pedro a Jesucristo que cargaba su cruz en las afueras de Roma. Pedro, hace falta aclararlo, huía de la ciudad para evitar la represión romana. En este caso resulta que la clave estuvo en la respuesta: voy a entrar a Roma para que me crucifiquen nuevamente dijo el Domine. Entre líneas, Jesucristo le marcaba a Pablo su responsabilidad humana y política: estar al lado de sus feligreses en tiempos difíciles. Demás está decir que Pedro regresó y terminó crucificado cabeza abajo, pero logró mantener la iglesia a largo plazo.
Otra, esta de claro contenido político, es la recordada: ¿Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?, enunciada por Cicerón. Un llamado directo, claro y vehemente a terminar con un gobierno tiránico y corrupto. Los romanos, que lo habían aprendido de los griegos -vencidos pero vencedores- estimaban que la corrupción era el indicador más preciso de un mal gobierno. Al que le quepa el sayo que se lo ponga.
Bajando al ámbito local es posible encontrar varias muestras de preguntas y respuestas relacionadas con el accionar sociopolítico en determinadas coyunturas.
Una referida ni más ni menos al no cumplimiento de lo pautado, al accionar fuera de la ley por razone clasistas se la debemos a un dúo de filósofos locales cuya presencia dominó los medios de comunicación masivos durante buena parte del siglo XX en Argentina: Alberto Olmedo (a) Piluso (a) el Negro y Hugo Sofovich. Ante ciertos cuestionamientos por algún desvío de las normas Olmedo señalaba como justificación “…es que éramos (somos) tan pobres…”.
Lo interesante del caso, creo, es que ha existido en la historia argentina la contraparte perfecta a esta idea-justificación: “…es que éramos (somos) tan ricos y poderosos…”.
El Dr. Carlos Nino llamó, durkheimianamente, a esta estructuración político-cultural la anomia boba y estudió su resultado; un país sin ley.
Si Antonio Gramsci hubiera vivido en nuestros días, hubiese estado fascinado al comprobar el efecto de los medios masivos de comunicación en la construcción o no de determinadas dominaciones.
En una coyuntura en la que se jugaba en gran parte la posibilidad de estructurar un momento hegemónico, ante la ruptura de las relaciones entre el presidente Kirchner y los directivos del diario Clarín, el primero ante varios titulares críticos del periódico lanzó su “¿Qué te pasa Clarín, estás nervioso…”.
Me parece que los directivos del diario se pusieron nerviosos luego, cuando personajes como Moreno, Sabatella y otros jóvenes entusiastas pusieron en marcha una verdadera campaña de intimidación, ilegal y poco democrática, que todos sabemos cómo terminó.
Pero en aras de la accuracy in media, debemos hacer notar que la frase “¿Qué te pasa?” no fue de la autoría personal de Néstor Kirchner.
Es imposible para cualquier argentin@ medianamente cult@ olvidar la muy famosa pregunta estrofa-estribillo: “¿Qué te pasa gaucho, que te pasa gaucho, que estás con la cara de mate lavao?”, perteneciente a la usina del cantante y político Ramón “Palito” Ortega y enunciada muchos años antes de la era Kirchner.
Algunos no pueden ser originales ni para equivocarse.