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Opinión Julio 05, 2019, 4 14am

Los embates contra el sistema interamericano de DD.HH.


Autor: Norma Morandini


Si los seres humanos nos sintiéramos iguales en derechos y viviéramos fraternalmente porque somos razonables, no harían falta ni las declaraciones de Derechos Humanos ni las Comisiones regionales ni los Tribunales internacionales que controlan si los Estados respetan la libertad de expresión, evitan la tortura, protegen a los niños, reconocen la igualdad de las mujeres, combaten la violencia y garantizan los derechos ciudadanos porque “nacemos iguales en dignidad”.
Pero no: porque somos “indiferentes a los demás”, para superar ese desdén natural , como nos advierte Avishai Margalit, necesitamos de la moral. Fue la crueldad del nazismo la que impulsó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sobre la que se erigió todo un edificio jurídico internacional para que los estados que integran la comunidad de naciones se controlen mutuamente.
En nuestro continente, el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, integrado por la Comisión y la Corte de Derechos Humanos, ha sido un eficaz instrumento para frenar la prepotencia de los estados, investigar las denuncias de tortura, de los secuestros y las desapariciones, además de haber levantado siempre la voz cuando se impide la libertad de expresión, una tentación de los gobiernos autoritarios.
Por eso, en los últimos años, el Sistema Interamericano de Derechos Humanos recibe los embates a derecha y a izquierda para debilitarlo y quitarle competencias. En la década pasada fue el presidente Hugo Chávez de Venezuela y los países que giraban a su alrededor, incluida Argentina, los que intentaron manipular y vaciar la Comisión de Derechos Humanos de la OEA.
Esta vez, en las antípodas ideológicas, Ivan Duque, presidente de Colombia buscó limitar el poder del Sistema Interamericano de Derechos Humanos en la 49° Asamblea de la OEA de la que fue anfitrión en Medellin.
La reunión comenzó con el insólito gesto de Uruguay que retiró su delegación molesta por la presencia de los representantes de Guaidó, una actitud más parecida a una asamblea universitaria que a un estado democrático capaz de resolver las diferencias dentro de sus instituciones.
El gesto delata la incomprensible actitud de una izquierda latinoamericana, beneficiaria de la solidaridad internacional, que no puede reconocer como violaciones a la dignidad humana el éxodo de miles de venezolanos que prefieren el destierro al padecer al que los somete el régimen de Maduro.
La utilización política de los derechos humanos, tal cual sucedió en nuestro país, desvirtuó, también, la función de ese organismo al que se pretendió manipular para los casos de Milagros Sala y Maldonado.
En lugar de recuperar las razones humanitarias, despojadas de ideología, se intenta debilitar un sistema que ha sido un actor fundamental para garantizar los derechos democráticos, excarcelar los presos políticos u obligar a los estados a reparar las matanzas .Una piedra en el zapato para los gobiernos autoritarios que no admiten ser controlados. Por ahora, la intención de Colombia fue derrotada por un voto. Pero ya hay manifestaciones en un sentido u en otro.
Meses atrás, 60 juristas de México, Europa y los Estados Unidos convocaron a la comunidad internacional a “valorar las ventajas e impactos positivos que ha generado el Sistema Internacional de los derechos humanos en el contexto regional, no solo en lo que concierne respecto a los derechos humanos, sino también al fortalecimiento de los sistemas democráticos (…)”.
A su vez, el “lobby” de las iglesias evangélicas y católicas, también en México, reunió a unos 600 legisladores de Estados Unidos y América Latina para desconocer la autoridad del sistema para obligar a los estados a legislar sobre cuestiones de “vida,familia y religión”. “Algunos piensan que se trata de un recorte para frenar la agenda igualitaria sobre aborto o matrimonio homosexual pero es más que eso. Hay una agenda para impulsar amnistías militares, encubrir represión o graves violaciones en asuntos de libertad de expresión”, le advirtió al diario El País la directora del Centro por el Derecho y la Justicia Internacional Viviana Krsticevic.
El embate sobre el derecho internacional de los derechos humanos no sucede solo en nuestro continente.
El 25 de noviembre del año pasado, los suizos derrotaron en un referéndum por amplia mayoría la pretensión de la minoría conservadora de desconocer los derechos humanos y rechazar las sentencias del Tribunal europeo contrarias a la expulsión de inmigrantes convictos.
Tanto la derrota en la Asamblea de la OEA como el referéndum suizo no debieran tomarse a la ligera porque reafirman la confianza en la democracia y los derechos humanos que la sustentan, en momentos en los que la democracia se ve amenazada por las concepciones de poder autocráticas que han contaminado la convivencia democrática con actitudes y expresiones de odio e intolerancia que van a contramano de la fraternidad y la solidaridad internacional de los derechos humanos.
El verdadero embate es contra la democracia. Hoy, la mayoría de los Estados modernos han ratificado toda la normativa de derechos humanos que están obligados a cumplir.
En el año que cumplimos 25 años de la reforma constitucional de 1994 que dio jerarquía constitución a la normativa de los derechos humanos, ayudó a que tengamos una legislación progresista, necesitamos recordar que la democracia no se decreta, se vive, se encarna, se la cuida y sobre todo, se respeta.
Publicado en Clarín el 4 de julio de 2019.
Link https://www.clarin.com/opinion/embates-sistema-interamericano-dd-hh_0_8rifNMlJ8.html

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